Historias de pueblo

Matagusanos, el terruño ullunero en el que solo resiste una familia

Los Díaz cuidan animales y viven gracias a los alquileres que les paga Vialidad Nacional. La aridez, la característica que hace de esta localidad un lugar en donde nadie quiere vivir.
lunes, 5 de abril de 2021 · 16:50

Piedras, algunas plantas que crecen casi llevándole la contra a la naturaleza y una pequeña casa de donde sale una niña corriendo, indicándole a quien pasa por allí que hay vida en ese paraje inhóspito bautizado Matagusanos. En esta localidad ullunera atravesada por la Ruta 40, solo los Díaz resisten.

Ullum es el sexto departamento más grande de la provincia y Matagusanos es una de las localidades más grandes. A ciencia cierta, nadie sabe por qué se llama así, pero los Díaz aseguran que el nombre tiene que ver con la fuerza del sol y lo seco del ambiente, que hace difícil la vida hasta para los gusanos.

Los Díaz viven un rancho. No tienen agua. 

En la misma Ruta 40 hay un cartel indicador. Matagusanos a secas. Cerca de ese cartel está la casa de la familia Díaz. Allí viven Francisca y Florencio, dos hermanos de más de 90 años, Raúl, hijo de Francisca y hasta hace unos años, la hija de Raúl, Bárbara Díaz. La joven de 21 años decidió irse cuando formó su familia.

A los Díaz no les gusta vivir en Matagusanos. Es muy difícil subsistir alejados de todo. No tienen agua corriente. La municipalidad les acerca tachos con agua, pero no con la periodicidad necesaria por lo que a veces no pueden ni siquiera bañarse. Crían animales y se alimentan de los chivos que faenan. Tienen energía eléctrica gracias unos paneles solares que les instaló Recursos Energéticos. Pero, siempre hay uno, cuando hay días nublados se quedan en la oscuridad.

Bárbara, la generación más joven, decidió irse a Albardón. 

“Vivimos acá porque no nos queda otra”, dijo Florencio, quien nació en Valle Fértil, pero cuando se quedó sin posibilidades de mantenerse decidió vivir con su hermana en Matagusanos. A Bárbara la atravesó la tragedia, su hijo bebé sufrió un problema de salud y no llegó la ayuda a tiempo. El niño murió. Ahora vive en Albardón junto a su pareja, Marcos Bedini y Guadalupe, su hija de 3 años.

Ninguno de los Díaz pudo ir a la escuela, tampoco votan. La democracia les queda lejos. Jamás fueron integrados al departamento. Resisten como pueden en el medio de la nada, con la cara agrietada y la melancolía del saberse sin opciones.

Florencio es quien faena a los animales. 

Cuando Tiempo de San Juan llegó a Matagusanos, la matriarca de la casa no estaba. Doña Francisca se contagió de coronavirus. En ese remoto paraje, sospechan que un trabajador de Vialidad contagió a la anciana, que pasó días internada en el hospital de Albardón. Aún no se explican cómo una mujer de su edad pudo superar el Covid-19. Estuvo hasta entubada.

No hay producción en Matagusanos. Cuesta que salga cualquier planta en un terreno tan árido. Para colmo, al no acceder al riego la agricultura se torna una actividad imposible. “Plantamos un par de semillas, pero acá no tenemos agua ni para lavarnos la cara, menos para regar plantas. También hay mucho salitre”, contó Florencio mientras limpia el cuchillo con el que terminó de faenar un chivo.

De lejos se ven los paneles solares gracias a los cuales los Díaz tiene luz. 

La vida de la familia arranca muy temprano. Todos aprovechan al máximo la luz solar. Cuando amanece, sueltan a los animales para que coman la escasa vegetación que hay en la zona. Florencio sale en burro a juntar el ganado cuando se hace más tarde. Por ahí, encuentran espejitos de agua que se forman producto de las lluvias. Raúl colabora con su tío. Ambos faenan chivos, muchos de los cuales son vendidos a curiosos que llegan hasta la casa.

Todos los días la familia mata alguna víbora que se les mete a la casa. 

Francisca es quien sabe todo de la casa. Cuánta agua queda, cuántos alimentos hay disponibles, si se puede o no prender la radio. También conoce cada rincón de su terruño y manda a su hijo a subirse al techo para hacer alguna llamada. Es que en el techo es en el único lugar donde hay señal.

La única esperanza de los Díaz es el Penal que se construirá en Matagusanos. Creen que gracias al Servicio Penitenciario pondrán tener luz y agua. No saben si resistirán tanto. Menos al olvido.

Comentarios