recuerdos de adolescencia

Qué fue de La Piola, la revista que marcó a una generación de sanjuaninos

Si sos millennial, seguro sabés de qué se trata y su recuerdo te lleva a aquellas épocas de secundaria. Tiempo de San Juan habló con su creador, quien admitió que fue una red social que marcó un antes y un después.
domingo, 10 de octubre de 2021 · 14:47

Pasaron más de 20 años de su primera edición, sin embargo su recuerdo sigue vigente en la memoria de una buena parte de los millennials sanjuaninos que alguna vez la hojearon o formaron parte de ella con una foto o un mensaje. Es que La Piola fue la revista que conectó a una masa de adolescentes de diversas escuelas, mucho antes de la irrupción de las redes sociales, y por ello marcó -en algún punto- a toda una generación. 

Corría el año 2000 y aunque una crisis económica azotaba al país y a la provincia, previo a la explosión del 2001, Sergio Carelli y su hermano Víctor, que se abrían paso en el mundo de los medios, se cruzaron con la idea de crear la revista, una idea que los sedujo por completo y los llevó a dejarlo todo por volverla realidad. Desde el '97 conducían un programa de radio para jóvenes que había ganado su público, incluso habían organizado eventos con gran convocatoria, pero -encantados por lo novedoso que se presentaba el proyecto- decidieron ir por más.

 

 

El objetivo era generar un contenido que fuera de interés para los adolescentes de aquella época, que recién comenzaban a familiarizarse con el uso de la tecnología. En esos tiempos, todavía era común llamar al teléfono fijo de una casa de familia para comunicarse con alguien, era raro que alguien tuviera un celular y los cybers eran los sitios más visitados para usar internet. Messenger y los servicios de mensajería estaban verdes y apenas aparecían en el cuadro.

En ese contexto, donde la multimedia aún no tomaba el control de la escena y las herramientas de comunicación más tradicionales todavía tenían peso, surgió la revista que no sólo abordaba temáticas relacionadas con la realidad de los jóvenes sanjuaninos, sino también se prestaba como un verdadero nexo entre ellos. Mucho antes de que Facebook existiera, las páginas de La Piola oficiaron de muro donde los estudiantes de una escuela y otra se enviaban mensajes, al mismo tiempo que aparecían en las galerías de imágenes que eran publicadas.

 

 

El fenómeno de verse en las fotos o ver a algún conocido condujo a los adolescentes a interactuar entre sí, sobre todo porque la propuesta de los editores de La Piola era precisamente esa. En los kioscos de los colegios o las fotocopiadoras dejaban -además de los ejemplares- un buzón para que los alumnos se expresaran a través de mensajes. "El hecho de que siempre se publicaran tal cual los escribían fue clave en el fenómeno que representó la revista", aseguró Carelli, quien confesó que la revista se llamó así en honor al bar chileno donde todo se gestó. 

También, destacó que tanto la idea del buzón mensajero como la del negocio detrás de la propuesta social y cultural fueron de Víctor. "Es una persona con una cabeza evolucionada y una creatividad enorme", dijo sobre su hermano arquitecto. 
Si bien el plan resultaba auspicioso, jamás se imaginaron que el proyecto alcanzaría popularidad rápidamente y ya, a mediados de la primera década del nuevo milenio, la tirada de la revista ascendía los dos mil ejemplares en cada salida. "Más allá de las complicaciones económicas que logramos sortear, después de pasar lo feo, vivimos una explosión muy buena. Hacíamos hasta un programa de radio y una adaptación en la web que generó un lindo feed back", comentó Carelli. 

Desde declaraciones de amor, relatos interesantes y duras confesiones, el buzón de La Piola fue testigo de la expresión de los jóvenes de aquella época. "A partir de los mensajes que recibíamos, que eran expresiones de libertad, tomábamos ideas para luego tratar ciertos temas que por aquel entonces eran tabú, como la educación sexual", señaló el protagonista que se dedicaba full time al trabajo de la revista y a quien lo tomó por sorpresa la respuesta masiva del público al que apuntaba. 

 

 

Según recordó el comunicador social con más de 25 años de trayectoria en los medios, lo que comenzó siendo un ensayo terminó convirtiéndose en un espacio para debatir temas que en otros lugares resultaba imposible. "Llegamos a tener consultas sobre cuestiones sexuales, habían muchas dudas (no existía Google) y menos herramientas que ahora. Aparte, como se podían dirigir de forma anónima, la situación lo facilitaba", analizó. 

Además de las temáticas que se proponían como la primera vez, el primer beso y hasta el embarazo en la adolescencia, dado que el ambiente se mostraba confiable para decir lo que se pensaba sin miedo a las represalias, hubo lugar para que aquellos estudiantes que sentían que eran testigos de injusticias las expusieran. Así, La Piola le dio la chance a un alumno de la EPET N°4 de quejarse por las condiciones edilicias del colegio y eso trajo cola. 

"Nos pasó más de una vez que luego de publicar cierta crítica a la escuela donde estaban, las autoridades nos decían no vuelvan más", recordó Sergio Carelli, quien por aquel entonces tenía apenas 22 años. "Sucedía porque era un poco irrumpir con el estatus quo, eran actos de rebeldía a los que no estaban acostumbrados", agregó. 

 

 

Él, su hermano y colaboradores del momento hacían un trabajo de hormiga no sólo para generar el contenido, pidiendo permiso para ingresar a los establecimientos educativos para sacar fotos, charlar con los chicos y armar sus circuitos de distribución, sino también para darle forma al producto, imprimirlo y llegar a obtener algún tipo de ganancia. "En la imprenta nos tuvieron mucha paciencia porque siempre a último momento hacíamos cambios", contó el mismo que lanzó un programa de radio paralelo. 

"Teníamos un programa de radio que era una locura, el teléfono de la radio no paraba de sonar y hasta los chicos iban a presenciar el programa. Era interacción, empatía y nosotros nos brindábamos cien por ciento a eso, a pesar de que mientras estaba estudiaba la carrera. Lo hacíamos con tanto entusiasmo que no nos importaba muchas veces ir contra el propio sistema", manifestó. 

 


Después de transitar durante casi una década, La Piola se marchó para nunca más volver y sus últimas ediciones fueron en 2009 y 2010. Ya el ímpetu y las ganas no eran las mismas y el proyecto exigía una demanda constante que sus creadores no estaba dispuestos a afrontar, aunque en la recta final se sumara el menor de los hermanos Carelli, Pablo. 

Con fiestas propias organizadas a pulmón, celebraciones del 21 de Septiembre en el Dique y en campings, el fenómeno de La Piola tuvo el lujo de crear su propia comunidad. "Creo que la revista es bien recordada porque atravesamos un momento lindo de los jóvenes sanjuaninos que es la adolescencia y la etapa del secundario", expresó el periodista y locutor de radio que sostuvo que sería difícil emular el proyecto en la actualidad. 

"La revista pertenecía a ese momento, a esa clase de juventud. Hoy no sería posible, creo, porque todo es diferente", admitió y siguió: "El mundo ha cambiado en lo tecnológico, en lo económico, en lo social y en las generaciones actuales que se formaron de otra manera, a pesar de que en San Juan se mantengan otros consumos". 

Quien se confesó como un emprendedor nato desde lo comunicacional, pues sus proyectos hablan por sí mismos, casi siempre se manejó de manera independiente, con lo dificultoso que puede llegar a ser. Aún así, pese a lo cíclico que puedan darse sus cruzadas, las que muchas veces transitan caminos sinuosos cual montañas rusas, Carelli muere con la suya. Quizás de otra manera, revistas como La Piola no habrían sido posible si no fuera por su temperamento y constancia y, a ello, él lo reconoce. 
"A veces es una tortura poder sostener un proyecto porque lo comercial se hace muy difícil", aseveró el hombre que pone todas sus fichas en la Estación 440 (105.5) y agregó: "Por suerte, tengo familia y una mujer que me bancan. De a poco, el viento sopla a favor. Hice lo que quise hacer y no sería el mismo si hubiera obrado de otra manera, por eso no me arrepiento". 

 

Datos random

  • Las primeras ediciones de la revistas costaban 50 centavos
  • La distribución de la revista la hacían alumnos que se querían ganar unos mangos, quienes actuaban cuales tarjeteros de boliches 
  • Se llegó a distribuir en 25 colegios de San Juan, de Capital y los alrededores 
  • Lo más duro que recibió en el buzón fue la confesión de un estudiante con HIV. "Eso me impactó, fue fuerte", dijo.
  • Las cartas de chicos contando que sus tendencias sexuales eran secretas eran recurrentes 
  • Tan populares eran sus fiestas que una que organizaron en la Finca La Cabaña llegó a reunir más de 5 mil estudiantes  (previo a Cromañón)

 

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