Relevamiento local

Kioscos en San Juan: testimonios de la caída del invento argentino

Desde la Cámara de Kiosqueros de San Juan aseguran que en determinadas zonas los comerciantes se vieron obligados a cerrar por no cumplir con el alquiler o la falta de stock. ¿Cuáles son? ¿Qué dicen los afectados? Por Pablo Amado.
jueves, 29 de agosto de 2019 · 10:44

La proliferación de kioscos siempre estuvo asociada a los tiempos de crisis. Con una baja inversión inicial cualquier familia de barrio hacia un lugar en su casa para hacerle frente a la desocupación o la necesidad de llevar unos pesos más al hogar. En los barrios con necesidades económicas más urgentes se puede ver aún más esta situación, o incluso en el mismo microcentro sanjuanino, donde en la misma cuadra te encontras con varios de estos comercios que surgen a menos de 200 metros de sus mismos colegas.

No es noticia si decimos que la crisis económica que sufre el país no cesa, y que las distintas actividades sufren recortes, suspensiones, despidos, falta de consumo y una debacle en las finanzas de cada mes. En este contexto la economía doméstica del kiosco no es la excepción. El escenario que están atravesando es sumamente preocupante. Desde la Cámara que nuclea a los trabajadores de estos comercios aseguran que en San Juan “cada vez son más los kioscos los que se ven obligados a cerrar, nos repercute mucho la falta de consumo, la falta de stock y la necesidad de ir pagando las cuentas a fin de mes, pero no llegamos” sostiene Claudio Rimza a cargo de la naciente Cámara de Kiosqueros de San Juan. Quien agrega que “en el centro es impresionante la cantidad de kioscos que se vieron obligados a cerrar, nosotros no tenemos datos de los barrios porque no todos están afiliados a la Cámara pero en el centro hemos relevado la situación y es preocupante”.

La Cámara de kiosqueros asegura que cada vez son más los negocios que cerraron. 

Si uno recorre solo las calles del centro de San Juan encuentra testimonios a montones que reflejan la crisis nacional. Una más de las que tuvimos en una historia que en menos de 40 años ya acumula dos hiperinflaciones, dos incautaciones masivas de depósitos, media docena de reestructuraciones de deuda y un default. Marca argentina de su extrema volatilidad y propensión a la fiesta del dólar que quedó evidenciada en años anteriores y que no escapa a una lectura de los tiempos actuales con la bicicleta financiera, las especulaciones y la falta de incentivos en la economía real y la renta productiva.

Julia es una señora que tiene un kiosco en pleno centro sanjuanino hace un poco más de 10 años, ella afirma que “estamos sobreviviendo tratando de mantener la poca mercadería, hacemos un pedido y nos cambian los precios, cada vez podemos adquirir menos, esto es nuestro trabajo y vamos día a día pero la realidad no nos acompaña” sostuvo la comerciante. A lo que otra de las kiosqueras que trabaja sobre calle Mendoza frente a Energía San Juan agregó que “a nosotros nos revotan los pedidos porque no tenemos dinero para pagarlos, entonces no puedo renovar mercadería, o saco plata de lo que tengo que pagar en Sube para un pedido pero termino debiendo en Sube, o saco de debitual para pagar Sube y termino debiendo de algún lado, es más, acá el dueño abre solamente para pagarnos a los empleados y lo más seguro es que nos va a parar a algunos porque no hay venta” sostuvo Natalia con la resignación de ser alguien que no sabe con certezas que va a pasar con su futuro. Porque después de todo, el hilo siempre se corta por lo más fino.  Mira en video el resto de los testimonios que fueron recabados para realizar el presente informe:

Otro de los testimonios que refleja el panorama actual lo dice Marcos, uno de los kiosqueros que trabaja sobre calle Libertador, en una zona donde los peatones no faltan pero los clientes son pocos. “A mi esta situación de no saber qué va a pasar me tiene todos los días preocupado, yo me levanto pensando en cambiar de rubro y dedicarme a otra cosa, pero tampoco me puedo largar a tomar la decisión porque esto es lo único que tengo, ahora si me sale otro trabajo me parece que en ese caso si cerraría” sostuvo el trabajador.
A los pocos metros cruzando la calle la historia se repite. Leonardo es kiosquero hace relativamente poco, y en su caso dejó de trabajar en su anterior empleo y apostó de lleno en su emprendimiento personal. Pero la realidad no lo acompaña cuando afirma que “después de las elecciones y el tema del dólar nosotros tuvimos una adaptación de precios de un día para otro, de hecho varios de nuestros colegas se guardaban mercadería para poder venderla más adelante pero con eso corres el riesgo de que se te echen a perder las cosas y que al final estés peor” afirmó el kiosquero.

La imagen se repite en varias esquinas. 

El kiosco en Argentina nació a principios del siglo XX en las casas familiares, cuando las señoras que vivían cerca de las paradas de los tranvías decidieron sacarle jugo a la gran cantidad de gente que pasaban por la ventana que daba la calle. Empezaron vendiendo cigarrillos y después las golosinas artesanales que fabricaban los inmigrantes griegos, quienes impusieron la palabra kiosco a partir de la expresión turca kösk.  El kiosco es rebusque y es tan argentino como el folclore o el tango. Y no hace falta caer en un sentimentalismo barato para reconocer que se están desmoronando cuando pretenden venderte un chocolate a 100 pesos.

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