Por esas cosas del destino, y de la buena o mala estrella, Miguel Calleja se enteró a los 18 años que su padre no era quien él creía, sino un señor famoso de Buenos Aires.
-¿Mamá por qué mi papá me trata diferente a mis hermanos? A ellos los trata bien, a mi mal…
-Hijo le voy a contar, yo lo tuve de soltera a usted y su papá es un hombre muy importante…
-No será muy importante porque no me ha reconocido.
-Su papá es millonario, es cantante famoso, se llama Miguel Mario Clavell.
Cuando escuchó eso a Miguel le dio por reír, los nervios a veces muestran esa cara. Su cabeza le decía que no podía ser cierto pero a al mismo tiempo algunas piezas del rompecabezas empezaban a encajar. El tema seguía preocupándole hasta que una tía le dijo ‘sí, ese es tu padre’.
Su supuesto padre, Mario Clavell, fue un famoso compositor, cantante y actor de cine que alcanzó su pico de éxito en la década del ’50. Autor de temas musicales como «Abrázame así», «Somos» o «Quisiera ser» con los que recorrió escenarios de toda Latinoamérica y España donde vivió varios años. También redactó libros, como Saber hablar, Los grandes boleros de Mario Clavell, y actuó en varias películas. Fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura Porteña. Hizo sus últimas grabaciones en 2006, y tuvo algunas apariciones en shows, como en el Café Tortoni y la sala Steinway Pianos Room, en Coral Gables, Miami. Falleció a los 88 años el 10 de marzo de 2011, en Buenos Aires.
A Miguel ahora le cierra esta historia, no sólo comparte el nombre de pila con ese hombre, también lo une a él su pasión por la música, justo él, que sin saber ni leer podía tocar la guitarra y componer boleros.
El beso del adiós que te di en la mejilla…
por qué te lo di en la mejilla
si yo quería dártelo en la boca♪
Cantaba Miguel, guitarra en mano, parte de una canción que le escribió a una amiga en una despedida. "De ahí vengo con ese entusiasmo, me gusta hacer canciones, me gusta el teatro, hice algunas canciones y ahora las puedo escribir”, contó con la alegría de un niño.
No lo conoció nunca a su padre y dice que es posible que Clavell nunca supiera de su existencia. Su madre estaba internada un hogar llamado El Buen Pastor de donde se escapó y anduvo por varias provincias, así conoció a Clavell en Buenos Aires. Volvió a San Juan embarazada y después hizo su vida con un compañero nuevo dejando atrás esa historia.
"Yo lo fui conociendo a Clavell por fotos y cuando el falleció me enteré y pasaron algo de su vida por la tele, muy poquito. Me dijeron que me iban a ayudar para que lo conociera pero nunca pude viajar. Él tiene una hija pero me parece que es adoptada. Yo creo que él nunca supo que tenía un hijo”, contó.
Otro hijo perdido
Como si estuviera interpretando un guion de Alberto Migré, la vida de Miguel siguió signada por las pérdidas. Fue su esposa Mabel la que empezó a contar sobre su hija perdida. "Tuve una niña que me dieron por muerta el día que nació pero nunca me dieron el cuerpo. Por ahí pienso que me la robaron, fue en tiempo de los militares, el 23 de marzo de 1976”, recordó.
Retomó el relato Miguel. "Eso nos pasó porque antes no sabíamos, si hubiésemos sabido lo que sabemos ahora no nos pasaba. Eso nos pasó por no saber leer. A mí me dijeron ‘esa niña está muy jodida, tiene enfermo el corazoncito, va a morir como a las 11’. Yo les dije: ¿cómo sabe a qué hora va a morir? Y ellos me respondieron ‘Por algo somos doctores’, y dije yo, ‘¿pero tan justa la hora?, ‘Si, es así, váyase y espere allá’. Al ratito me dijeron ‘se cortó’. Entonces yo pedí que me dejaran pasar para verla. ‘No se puede’, me dijeron, ‘me la voy a llevar’, les dije, y me mira uno y me dice ‘¿vos sos muy pobre no? No te hagas problema, andá buscá el papel y nada más’”.
Todo el tiempo los dos repetían que les pasó por pobres, por no saber leer. Cuando fue a firmar, con un garabato
cualquiera, la defunción del bebé, le arrancaron la hoja de la libreta de familia donde figuraba la niña. "Yo le dije ¿para que la saca? Y me respondieron ‘porque ya no existe esa niña’, pero están los otros hijos, dije, ‘no importa’ me dijeron ellos”.
Fue a la morgue pero allí no había ningún bebé de sexo femenino. Cuando iba saliendo del hospital de Media Agua una anciana le vio la cara a Miguel y le preguntó que le había pasado, el hombre le contó escuetamente. La mujer le dijo: "seguro que se la han llevado a la nena. ¿Usted sabe leer? ¡Que lastima! Vaya, insista que le muestren el cuerpo”. Pero todo fue en vano.
Mabel insistió en que su hija no podía ser enferma del corazón porque lloraba. "Yo tenía una hermana enferma del corazón y jamás lloraba porque no podía, sólo suspiraba. A Miguel y a mi suegra les dijeron a qué hora se iba a morir antes de que muriera. Yo siempre digo que mi hija no ha muerto, me la han sacado”.
Pero hay más. Hace 4 años Miguel sufrió un ACV, quedó postrado, totalmente inmóvil. Los médicos no le daban muchas esperanzas de recuperación, sin embargo, y para asombro de los que lo habían atendido, iban pasando los días y el hombre recuperaba poco a poco su cuerpo.
Hoy, nadie podría darse cuenta que estuvo paralizado y sin signos de mejoría. "Yo me encomendé a Jesús, le dije ‘sos el único que me puede ayudar a salir de ésta’”. Y así fue.
Después de eso los médicos le recomendaron que dejara de trabajar en el campo y Miguel pudo jubilarse. Ahora se dedica a los motores de los autos que arregla por afición, y a su familia.
"Yo no podía sacar el carnet por no saber leer. Gracias a Dios aprendí, ahora se las señales en la calle, ahora tengo carnet. Todo me ha cambiado”.