En un cuaderno de tapas negras Escudero anota el nombre de
esta cronista y del fotógrafo, un ritual que realiza desde hace dos años con
toda la gente de los medios que lo visitan, algo así como un Libro de Honor,
pero al revés. El se brinda completamente, muestra sus fotos, desnuda sus
recuerdos y se molesta con sus años que no le permiten leer sin lentes. Su
historia fue contada miles de veces, pero de su boca suena como si fuera la
primera vez, fresca, excitante.
"Yo empecé a escribir cuando era adolescente, pero poemas
sueltos, y a publicar libros en 1970, el primero fue La raíz en la roca”, dice.
Sin embargo, Escudero supo brillar mucho antes de su primer libro. En el Manual
de San Juan de 1962, de Julio Ares, ya aparece su nombre en las letras del
"nuevo grupo” de escritores destacados de la provincia junto a Rufino Martínez
y Nemer Barud. "Poeta de originales vibraciones, de idioma personal, de gran
imaginación creadora, sus poemas conmueven porque parecen traslaciones directas
del sueño”, publicó Ares sobre Escudero.
Ese año Escudero recibió el Primer Premio (compartido con
Barud) en el concurso patrocinado por el Instituto de Cultura Hispánica, en
adhesión al cuarto centenario de la Fundación de San Juan.
"¿Qué me movió a publicar? Cuando era joven hacia minería
del pirquinero, que es una minería en la pobreza, sin elementos, sin nada, se
rasguña del cerro algunas piedras y se las junta para venderlas. Así viví un
tiempo en el Leoncito en Calingasta, no había observatorio en esa época”,
cuenta Escudero.
Luego confiesa que su afición por los minerales le viene
desde muy chico, y muestra una foto donde tendría unos 4 o 5 años arriba de un
burro en Tucunuco, Jáchal. Su padre trabajaba en la oficina de correos y
entonces ya "juntaba piedritas”. Ya de joven, fue un minero chileno el que le
enseñó a catear los minerales, "él me indicaba: este color se da por el cobre,
en aquel, el oro y este de acá es porque hay plata, el conocía los minerales a
golpe de vista por los colores. Bueno, algo aprendí y me largué solo a buscar;
y antes de que llegara la minería grande al Pachón yo descubrí minerales”. Para
Escudero esta parte de su historia es vital porque fue en esta época cuando
recogió la mayor cantidad de temas y anécdotas que después serían parte
importante de su poesía.
"Con esos recuerdos empecé a escribir los poemas, los junté
y una señora amiga me publicó el primer libro”, señala. De vuelta de sus
andanzas por la montaña empezó a trabajar en oficinas públicas, mientras seguía
escribiendo y publicando.
Sus poemas inspiraron a varios músicos, José Luis Aguado
Castro fue el primero en musicalizar sus letras en canciones folclóricas, Aires
de Cordillera, en 1994. También Pablo Maldonado y Tito Oliva han puesto melodías
a los versos de Escudero.
"Estuve buscando un tesoro en la cordillera de Colangüil, en
Angualasto alquilamos burros y estuvimos un mes buscando el famoso tesoro de
Osorio, cuando ya tenía conocimiento de minerales, pero no hubieron vestigios.
Se había publicado un artículo donde hablaban de ese tesoro y la tradición
decía que estaba debajo de una piedra verde, allí había enterrado una cantidad
de oro el señor Francisco Paula de Soria, por eso le pusieron el tesoro de
Osorio. ‘Tendrás oro para vos y varias generaciones, ve a buscarlo’, decía la
leyenda, fuimos y por supuesto que no lo hayamos”, cuenta.
También de esas épocas son sus versos sobre apariciones y
leyendas de la montaña. "Una vez el viento me voló el sombrero y me insolé,
entonces desvariaba, esa noche oía ruidos en el cerro y canciones. Por la
mañana les conté a los muchachos que había fiesta en el cerro y fuimos. Vimos
una cueva con piedras en círculo, una piedra grande al centro con un cráneo de
carnero arriba. Era la cueva de las brujas
y nos fuimos rápido. Le conté al paisano que nos alquilaba los burros y me
dijo: ‘esa es la cueva de las brujas, han tenido suerte de que no se los
llevaran a ustedes”, relata y se ríe como si contara una travesura.
Todas las historias de ‘El Pollerudo’, un cura que se aparecía
en las minas de El Tontal, o de ‘El Gritón’, son temas de sus versos; "son de esas
andanzas, de las supersticiones de la gente, de conversaciones, de sueños y esperanzas
de los que andan en lo mismo de uno, la búsqueda del mineral”, rescata.
En el medio de sus 21 libros, la Fundación Argentina para la
Poesía destacó a Escudero como Miembro de Honor; el Senado de la Nación le
otorgó el Diploma de Honor; y la Universidad Nacional de San Juan le otorgó el
título Honoris Causa. El año pasado recibió la Primera Mención del Premio
Nacional de Poesía y el Gran Premio de Honor, otorgado por la Fundación
Argentina para la Poesía. Pero cuando se le pregunta por esos reconocimientos
el desvía el tema abiertamente.
Solo cuenta que la Fundación Argentina para la Poesía va a
entregarle un premio en la próxima Feria
del Libro, en Buenos Aires, pero que no podrá asistir y ya le pidió a un amigo
suyo que vive allá para que lo reciba en su nombre. "No puedo viajar, estoy muy
viejo, es mucha incomodidad andar en hoteles, la vida es así. Antes me la
pasaba viajando a Buenos Aires y a cualquier provincia a reuniones de escritores,
iba dispuesto y contento, pero ahora se acabó, no me muevo para ningún lado”,
asegura. Y agrega que ahora su vida es tranquila, se queda en su casa y si
tiene que salir lo acompaña alguna de sus dos hijas, "a los 91 pocos llegan”, reconoce.
Escudero, o Chiquito como le dicen sus amigos, dice que su
poesía es en parte intimista, pero en parte refleja lo que sucede en el medio
que el que vive, San Juan; a eso le llaman regionalismo, explica, y le cabe a
un apersona que tiene raíces en un lugar. "Yo reflejo el modo de hablar de mi
gente y que hablo yo también, eso se ve en mis libros. Es algo que me sale sin
proponérmelo, es natural, si no, no tendría gracia, seria ‘artisticidad’ sería una
ficción, algo que no es natural. Lo mío es natural, tengo críticas que se han referido a eso como
esta señora que escribió un libro sobre mi poesía, Beatriz Moser de Flores,
ella hizo un doctorado en Buenos Aires con estudios de mi poesía”, destaca.
El próximo 4 de septiembre Escudero cumplirá 92 años, "y si
paso un poquito, que me sienta mejor, si no le pido a Dios que me lleve pronto.
He sido andariego pero se me acabaron las andanzas, tengo una pierna que me
falla por mala circulación. Si miro hacia atrás no tengo nada de qué
arrepentirme, he hecho lo que he podido”, sentencia.
Y aunque a fines del año pasado, durante una entrevista
realizada por Sebastián Saharrea en el programa Paren las Rotativas, Escudero
dijo que éste sería su último libro –Atisbos, que acaba de salir de la
imprenta-, no cuesta convencerlo para que siga escribiendo. "Por ahí surgen
cosas esporádicamente, pareciera que los temas han sido agotados y siempre
queda alguno escondido que lo saco”, confiesa.
El consejo para los jóvenes sanjuaninos que escriben poesía,
es: "les diría que yo estoy en la misma, que no puedo darles consejos sino
sentir que uno tiene que expresarse y la búsqueda de la palabra única es porque
las palabras no alcanzan, uno se acerca con las palabras pero no consigue la
totalidad de lo que siente interiormente”.
Entonces lee un poema de su último libro: "Aquí estoy
contestando tu carta, muchacho, donde me dices que lea tus poemas y opine. Y
sí, veo que andas buscando ver si decís la palabra única, esa que a veces te
parece ‘stá ahí nomás y cuando vas a agarrarla se te `scapa… Yo también busco
la palabra única y ando a los tropezones
por agarrarla, así que andamos en la misma búsqueda y el que cree que sabe no
sabe más que saber va a a a a… quién sabe dónde”.
En otras voces
La profesora Veras de Klement dijo: "Fuerza extraordinaria
en la poesía de este creador, la metáfora nace enraizada en suelo nativo, ruda,
inesperada, certera. Pareciera que escribe a borbotones de fantasía”.
Julio Ares escribió: "Una especie de desilusión superada
faculta una fecunda riqueza de imágenes aunque su característica dominante sea
su frescura, su espontaneidad su liberación absoluta de cánones o limitaciones
formalistas”.
En la revista Los Inrockuptibles dijeron: "Dada a conocer
por primera vez en 1970, después de haber madurado al sol, entre las piedras,
en la montaña, sin variar demasiado sus tópicos, a lo largo de cuarenta años la
poesía del sanjuanino Escudero se mantuvo lejos de la servidumbre ingenua del
regionalismo, pero también a distancia del exceso de "letra”, de "trabajo”, de
la falsedad que anida en la poesía oficial”.
Tal cual
"Me veo en
esa foto jovencito
En campo de
San Juan, estoy sentao
En un carro
sin ruedas. Parece
Que me
siento feliz.
Me cuelga de
la boca provocativamente
Un
cigarrillo que dice mírenlo a éste,
Se hace el
triunfador y veremos después
qué va a
pasar con él.
Joven amigo,
Me da
alegría verte y que hayas venido
A visitarme.
Ya sé,
Quisieras
saber qué hago hoy. Y sí,
Anduve tras
el rastro de algo maravilloso
Pero igual
que vos
Me quedé
sentao en un carro sin ruedas.