Personaje

El morguero que cree en los milagros

Se llama Nicolás Tejada y trabaja en el hospital Rawson desde hace 42 años y en la morgue desde hace 22. Contó cómo es pasar ocho horas del día entre cadáveres y biblias. El hombre es muy religioso y recordó curaciones asombrosas.
jueves, 19 de noviembre de 2015 · 07:23
Por Natalia Caballero

Entre cigarrillo y cigarrillo, Nicolás Tejada (62) cuenta las increíbles experiencias vividas en sus años de trabajo en el hospital Rawson: 42 en total, 22 de ellos al frente de la morgue. Sentado en una silla de madera, describe con lujo de detalle cómo es trabajar entre cadáveres y convivir con la tristeza del otro. Asegura que no le tiene miedo a la muerte, será por su devoción ciega a Dios. La fe es su mayor pilar en la vida, no en vano es conocido puertas adentro del Rawson como el hombre cuyas oraciones sanan. 
 
En el marco de la semana de la sanidad, Nicolás será homenajeado por su intenso trabajo puertas adentro del hospital Rawson.  

Siempre quiso trabajar como enfermero, desde niño le atrajo ese mundo en el que podía curar. En 1972 hizo el curso de enfermería, el 23 de diciembre recibió el título pero ya estaba nombrado desde el 16 porque estaba dentro de los 10 mejores promedios. El primer lugar en donde se desempeñó fue en el icónico servicio de Traumatología. Combinaba su labor en el hospital Rawson con trabajos en el ámbito privado, en inyectables Concepción. 

Tejada tiene una memoria prodigiosa. Guarda en su cabeza hechos que marcaron la historia del nosocomio. "En Traumatología fui testigo del primer reemplazo total de cadera, lo hizo el doctor Félix Aguilera. Fue a un congreso a España y después hizo el reemplazo. El segundo fue para un hombre anciano de Valle Fértil y lo hizo el doctor Vera Palacio. Primero le reemplazó una y luego la otra cadera, por el desgaste de los huesos. Era el boom, éramos pioneros. En ese tiempo nadie incentivaba a los médicos con dinero, ellos lo hacían de corazón”, recordó. 

Nicolás se casó muy joven y armó una familia, que al día de hoy es su razón de su ser. Tiene 3 hijas mujeres y un varón y dos nietos que son su orgullo. Mientras recuerda vivencias de aquellas décadas, un compañero le pregunta si una familia puede ver el cuerpo de una piba de 23 años, fallecida en un accidente de tránsito. La madre de la chica lloraba y les rogaba a los empleados de la Morgue ver a su hija muerta. Tejada accedió, pero les pidió a todos que por favor no tocaran el cuerpo. Convive con ese tipo de situaciones, pero poco a poco fue formando una coraza para que la pena no lo afecte demasiado. No es fácil, a veces no puede. 

Cuando trabajó en Traumatología, los enfermeros se hacían amigos de los pacientes. Es que en ese tiempo si alguien caía con una fractura estaba como mínimo tres meses internado. Aún conserva de aquel tiempo amigos que hizo mientras estaban hospitalizados. 

Su arranque en la morgue

Nicolás empezó a trabajar en la morgue después de que su hija fuera diagnosticada con diabetes. No le alcanzaba la plata que cobraba para comprar los remedios y decidió hacer guardias en el servicio. En ese momento el trabajo consistía en limpiar todo el servicio, dejar todo en condiciones para recibir los cadáveres. Aunque a otra persona le hubiera hecho ruido trabajar en la morgue, el hombre aceptó inmediatamente. 

Alternó su labor en ese servicio con una tarea impresionante en el dique de Ullum. En la etapa de construcción del espejo de agua, auxiliaba a los operarios que tenían accidentes laborales. Vio desde orejas heridas, brazos cortados y hasta amputaciones de miembros en pleno dique. En ese momento, el actual ministro de Salud, Oscar Balverdi, era su jefe. 

Al cabo de unos años, fue nombrado jefe de servicio de la morgue. Lo primero que hizo fue cambiar las planillas de defunción. Le agregó datos, muy importantes para las estadísticas del nosocomio. 

Actualmente en la morgue trabaja ocho horas corridas. Son cinco los compañeros, que se cambian hasta las guardias en función de los estudios de dos de ellos que desean superarse. "Acá lo que prima es el compañerismo”, agregó. 

Lo que más le cuesta de su trabajo es ver muertos niños y adolescentes. "La mayoría de la gente dice que somos un tanto insensibles, no es así, nos adaptamos porque si no nos terminamos enfermando. Si a nosotros nos llega un niño y lo vemos representado en un hijo o en un nieto, nos llega. Debe ser por eso que siempre hay personal masculino en las morgues, porque las mujeres son más sensibles por naturaleza”, indicó. 

Mientras recordaba algunas experiencias vividas en la morgue, Nicolás sacó un cigarrillo. Se notaba que lo que iba a contar le afectaba. "Hace poco venía  a quimioterapia a un chico de entre 13 y 14 años. Era alto y peladito por la quimio. Siempre que pasaba por acá me gritaba . Venía muy bien, estaba sanando. Una mañana me saludó, venía a su última quimioterapia. Al mediodía me lo trajeron fallecido”, contó. Su relato se cortó. "Los niños te matan”, dijo. Tragó y volvió a la narración. 

La fe

Uno de los grandes pilares en la vida de Nicolás es la fe. Se define como cristiano, pero pasó por varias religiones. Sin dudas las dos que más lo atravesaron emocionalmente son la mormona y la católica. Es un orador por inspiración y en todo el hospital lo conocen por el poder de su oración. No en vano tiene más de 40 ahijados, todos pacientes que pasaron por el nosocomio, algunos sanados de manera milagrosa. 

El primer paso que dio en la religión fue el armado de un grupo de oración. Los feligreses iban a las distintas áreas del Rawson para orar junto a los familiares o los enfermos. 

En el ingreso a la morgue hay una imagen del Papa Francisco, otra de una virgen y un crucifijo. Cuando hablaba, Nicolás usaba muchos pasajes de la Biblia. Se la sabe de adelante para atrás. 

Al principio, al enfermero le costaba abrirse pero luego contó varias experiencias milagrosas en las que tuvo un papel protagónico. 

"Una vez fuimos al Hospital de Niños. Yo me acerqué a una niña morena. Ella estaba con una neumonía terrible. Empecé a orar, ella miraba. Estaba muy grave. A los siete días salió, fue la única que se recuperó. Hace poco su madre me la trajo para que la vea. Fue un milagro. Otro caso impresionante sucedió hace diez años. Una madre vino a la morgue a buscarme porque había escuchado sobre las oraciones que hacía. Escribí una oración, se la di al padre. Entró y oró con una imposición de manos que le había indicado. Afuera estaba su madre y yo. Sentimos algo extraño, fue el poder de la oración que nos atravesó. La niña se curó. A los tres años cuando empezó a hablar decía que su novio era Jesús. Increíble”, recordó el hombre. 

Para el enfermero el poder de la oración es muy fuerte. "Dios es el único que cura”, alegó tajante. "Quizás yo interceda, por mi gran fe”, concluyó. 

Nicolás reveló que no le tiene miedo a la muerte. "Me ayudó en ese sentido haber trabajado acá. Mi madre murió el año pasado con 90 años. Ella era muy religiosa y me inculcó la fe. También por esas creencias que me trasmitió mi madre no soy miedoso”, añadió. 

Uno de los momentos más especiales de su vida lo vivió en una tarde de iglesia mormona. "Di un testimonio. Abrí las escrituras y eran las bienaventuranzas. Durante dos horas y media hablé, dije cosas que nunca se me habían pasado por la cabeza. Había mucho olor a lavanda. Estoy seguro que Dios estuvo ahí. La gente lloraba, mi esposa me dijo que nunca había escuchado unas palabras más sentidas. Fue muy emocionante”, recordó. 

La fe también lo ayudó a superar uno de los trances más complicados de su vida. Su hija diabética, Alejandra, a los 21 años quedó ciega. Unos años después su estado de salud se complicó y los riñones dejaron de funcionar.
 
Estuvo internada en Buenos Aires. Allí oraba con ella al teléfono. Milagrosamente se curó tras pasar siete meses internada. Ale es no vidente, pero se supera día a día. Es profe de danzas árabes, de kung-fu y de aikido. 

Sus dos nietos siguieron carreras ligadas a la medicina. La nieta más grande está a punto de recibirse de enfermera y el otro, bioingeniería. "Son mi orgullo esos dos”, dijo entre sonrisas. 

Falta poco para que Nicolás se jubile y deje atrás una vida al servicio del Rawson. Dijo que cuando se retire va a extrañar sus mañanas en la morgue  y el contacto con la gente. En el Rawson también lo van a extrañar. De eso no hay dudas. 

Una de fantasmas

"Nunca he visto nada sobrenatural. Lo único más raro que me pasó fue en Traumatología, cuando estaban por demoler el edificio. En aquella oportunidad el ascensor subía y bajaba solo. Debe haber sido un cortocircuito, pero lo mismo me fui”, dijo con una sonrisa pícara. 

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