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Torbellino por cuatro

Los cuatrillizos arrancan el jardín

En 2009 nacieron cuatrillizos en San Juan. Los hermanitos Zavala-Laciar ya tienen 4 años. Cómo es la vida de esta familia única, contada por Judith, una mamá todo terreno. Por Miriam Walter

Por Redacción Tiempo de San Juan
“Surrealista”. Así define Judith Laciar el cimbronazo de criar 4 hijos de sopetón, después de dar a luz en 2009 a cuatrillizos en San Juan. Mientras intenta contar la experiencia, Amparo, Camila, Juan Pablo y Álvaro, a sus espaldas, dan vueltas en la calesita de un patio de juegos que no tiene  nada que envidiarle a una plaza. De repente, se paran de a uno y salen disparados para los cuatro puntos cardinales, buscando un nuevo entretenimiento.
Cumplieron 4 años el 14 de enero y tienen algún parecido físico, pero de caracteres son muy distintos. Amparo es la inteligente, Camila la dulce, Juan Pablo el mamero y Álvaro el terrible, según los describe su madre. A Judith le armaron una revolución desde que estaban en el útero. Ella parece tener 5 manos, una paciencia de acero y el estrés comiéndole la cabeza, pero los nervios y apuros los contrarresta con la sonrisa enorme multiplicada por cuatro que recibe a cada rato. 
“Nunca pensé que me iba a tocar”, confiesa. Los tuvo con 34 años, tras encarar junto con su marido Rubén Zavala –hoy están separados- un tratamiento de estimulación de la ovulación. “Yo no tenía ni un hijo y de golpe pasé a tener 4. Es un proceso que te enterás desde la semana 7 cuando hacés la ecografía, y todos empiezan a moverse mucho a tu alrededor y sabés que algo pasa. Después, que la doctora me diga que no todos van a sobrevivir, que se reabsorben, pero en la ecografía yo veía a 4 que se movían. Yo hacía chistes  decía ‘hijos decidan entre ustedes quién se reabsove’, pero después no se reabsorvió ninguno”, recuerda entre risas.  
La mamá los pone a todos en filita para la foto con consignas de aire militar. Los cuatro responden, un ratito, hasta que salen disparados a  jugar con unos pajaritos que les acaba de traer su abuelo en una jaula. Cada día exige una logística especial y a Judith la ayudan tres chicas, mientras ella trabaja en la juguería de su familia, al lado de su casa, sobre calle Mendoza pasando Cabot. “Te cambia la vida, tu independencia, tu libertad, que es lo que más cuesta. Estoy limitada con los tiempos, en la noche cuando se duermen, ese rato es para mí. Cuando le escapamos con un horario, tenemos 24 horas hasta que nos volvemos a acomodar”, evalúa.
“Yo tengo una organización que si ya me perdí un rato, no voy directamente. Me baño yo primero antes de ponerme la ropa, ellos ya están bañados desde el mediodía. Los cambio, y lo único que hago es ponerme la ropa, sino se me apoyan, me tiran perfume encima, ellos agarran todo, son muy independientes”, cuenta. Y agrega: “no los amenazo ya, de estar listos para ir a cumpleaños, si se portan mal, no vamos”.
Los chicos nacieron el 14 de enero de 2009. A Judith le hicieron cesárea con 7 meses  de gestación porque los médicos tenían miedo de que, de llegar a término con su embarazo, corriera peligro su vida. Pesaron entre 1,130 y 1,380 kg. Y fueron un bombazo noticioso en la Provincia, registrando un caso único. Ahora son chicos hiperactivos y juguetones. Hace unos días empezaron el jardín de 4, en una escuela estatal, van de a dos, a dos salitas distintas.
Álvaro es el que lleva la batuta de los líos muchas veces y el protagonista de travesuras que le suman vorágine a la ya compleja vida de Judith.   “El Álvaro un día prendió fuego con un papel una ropa de polar, la chica lo sacó de entre el fuego. Cuando era bebé el Álvaro se me fue a la casa de un vecino, por eso ahora usamos el portón de atrás”, cuenta la mamá el anecdotario. “Pero no es el único, cuando gateaban un día estaban callados y cuando fui a verlos habían desparramado todo el aceite por la cocina, los fui lavando uno por uno y después a limpiar las manchas”, se ríe la mamá.
“Yo no llevo la cuenta de los ataques de nervios, pero me acuerdo de la primera vez que toqué fondo, que estaban los cuatro, recién empezando a caminar, me encontré sola una noche rendida y me tiré al piso a llorar como un niño. Y ellos, muertos de pánico”, analiza Judith. “Antes comíamos a las 8. Ahora ven tele, tienen DirecTV, HD, todo, priorizo entretenimiento antes que la ropa de marca”, asegura.     
“Llega un momento que los nervios, el estrés, te superan; una manito que me hace así y otra así, y uno habla, y otro también, entonces por ahí siento que exploto. Pero yo veía a madres con chicos parapléjicos y la verdad que yo no me puedo quejar, tengo trabajo, el padre de los chicos tiene trabajo y ellos están sanos… Hay días que digo ‘hagan lo que quieran’. Los inviernos tiendo a encerrarme con ellos, pero sé que no debo, yo tengo que trabajar. Yo sufro que sean 4 pero me cansó  que me digan ‘te volvés loca’, te estresa”, dice Judith.
La madre de los cuatrillizos dice que gasta un presupuesto en niñeras, pero que para ella es una inversión. Y que es difícil llevarla, sin ayuda extra más que lo que entra por los trabajos de ambos padres. “Hay quienes me dicen que te vas a aliviar y otros que no porque si son grandes son problemas grandes. Para mí toda mi vida va a ser complicada, pero mi vida sigue. Estuve sin trabajar 8 meses y eran las 8 de la tarde y seguía de camisón, no quiero eso para mí. Yo nunca aspiré a ser ama de casa. Entonces quiero seguir con vida y mi negocio”, asegura. Y concluye entre risas: “¿si voy a tener más chicos? ¡Nooo!”.

Los chicos
“Amparo es la líder, es inteligente, perspicaz, se adelanta a la situación, se pelean por una cosa pero ella sabe que más adelante hay otra cosa mejor. Es la que nació primera”.
“Álvaro es muy bonito, es muy fachero, es el que nació segundo, es pum, pam, pum, muy inquieto, fue el primero en caminar porque no le tiene miedo a nada”.
“Juan Pablo es el tercero,  es muy bueno, es cariñoso, le pido besitos y me los da siempre. Es un dulce. Es mamero, no me puede ver en un casamiento bailar con un primo porque se vuelve loco”.
“Camila fue la última en nacer, es dulce, es buena, pero es vaguita, no se hace nada, le pongo la ropa a las nenas y cuando me quiero acordar, Amparo ya está vestida y Camila, viendo tele”.
 
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