Quisieron colarse en el partido de San Martín

Los polifanáticos

Un oficial y su amigo, pelilargo y entrado en peso con ropa oficial, terminaron presos por el “uso indebido del uniforme”. Todo por ver a Boca. Por Gustavo Martínez.
sábado, 24 de marzo de 2012 · 13:38

Por Gustavo Martínez
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

Esta historia tiene tres protagonistas. A dos de ellos el uniforme de policía les quedó grande. Y al tercero, con una baja jerarquía en Policía de San Juan y 20 años de oficio, la sobrada vocación por la corrección y la legalidad le salvó la honestidad a la fuerza de seguridad pública provincial.
Todo comenzó en la calurosa tarde del domingo 18 de marzo, cuando San Martín de San Juan recibía a Boca Juniors en el Estadio del Bicentenario. Las expectativas eran enormes: tres días antes ya se habían agotado las entradas; el plantel del último campeón del fútbol argentino estaba desde el sábado en la ciudad; la 12 y miles de hinchas habían llegado en micro desde Buenos Aires y otros lugares del país.
Estaba todo listo para vivir un espectáculo único, insólito para San Juan, con el Verdinegro enfrentando al Xeneize en Primera, en un estadio nuevo y cómodo que hasta hace muy poco tiempo nadie hubiera imaginado.
Hubo miles de sanjuaninos que hicieron un gran esfuerzo económico para no perderse el partido, ya que las entradas iban desde los 80 pesos la popular a 250 las plateas más caras con la mejor ubicación para ver a San Martín. Pero hubo un par de sanjuaninos que optaron por “ahorrarse” los 200 pesos que costaba ver a Boca en la Platea Este y recurrieron a una “canchereada”: entrar como policías.
Pero nunca imaginaron que en medio de la multitud intentando entrar a la cancha iba a ver un sargento con olfato para detectar a “cancheros”, más allá de que se hicieran pasar por uno colega suyo.
Uno de los “cancheros” es policía desde hace un par de años. Se llama Mario Daniel Poblete, tiene 22 años y en el 2009 egresó como oficial ayudante, función pública que cumple en la Seccional 23. El otro es un amigo suyo que no pertenece a la fuerza. Se llama Facundo Maxi Sarmiento, tiene 26 años y, por más que hubiera recibido “asesoramiento” de su amigo policía sobre cómo debía comportarse en público para burlar a sus compañeros de la fuerza y entrar sin pagar al Estadio, hubo una cuestión de piel que no supo truchar.
Por ejemplo, “la marca de la gorra”. Es que este muchacho Sarmiento no evidenciaba en el largo de su cabello el aspecto típico de un joven policía recién egresado de la Escuela de Cadetes. A lo que se agregaron algunos kilos demás en su peso y, por sobre todo, la forma poco esbelta con la que llevaba el uniforme en su caminar. A pesar de que tenía borcegos, pantalón de combate, la camisa celeste y hasta la gorra oficial, hubo un sargento de la Brigada Sur con 20 años de oficio al que le llamó la atención ese “policía” que había entrado caminando por los portones del sector Norte del estadio, donde lo hacían los hinchas que iban a la Platea Este y debían pasar los controles con las entradas en la mano.
Así fue que este sargento –al que en la policía pidieron no difundir su identidad para evitarle inconvenientes en el trato diario, pero cuyas iniciales de sus nombres son S.D.-, siguió los pasos del extraño policía hasta ver que ingresó a los baños ubicados debajo de la Platea Este. El sargento S.D. ingresó y se sorprendió al ver que el “policía” se estaba cambiando el uniforme por la ropa de civil que tenía en su mochila. Inmediatamente le pidió que se identificara. Salinas intentó engañarlo afirmándole que era policía, pero cuando el sargento le pidió la credencial de la fuerza y el muchacho dijo haberla olvidado, el sargento se convenció de que estaba ante un “canchero” que quería colarse.Fue entonces cuando llamó por radio a un superior suyo, el responsable del operativo en ese sector del estadio.
A todo esto, desde uno de los compartimentos individuales del baño del estadio, salió el verdadero policía, el oficial Poblete. Tal vez pudo haber estado escuchando la conversación e intentó salvar a su amigo seudo policía al ver que las cosas se habían complicado. El joven oficial, vestido de civil y con una mochila en sus hombros, se identificó con nombre, rango, credencial e increpó al sargento preguntándole qué ocurría con su amigo.
Pero, para desgracia del novato uniformado, en ese momento ingresó al baño el jefe del operativo para ese sector que había sido llamado por el sargento S.D. minutos antes. El sargento explicó la situación a su superior, quien de inmediato detectó que el oficial ayudante Poblete no estaba afectado al operativo de seguridad de 600 hombres que había montado la Policía de San Juan para ese partido. Cuando le pidieron su entrada y vieron que no la tenía, abrieron la mochila y descubrieron que el oficial Poblete llevaba el uniforme guardado, es decir que lo había usado paraentrar sin pagar.
En ese momento, el otro muchacho de apellido Salinas dijo que su amigo no tenía nada que ver y que él había “comprado” el uniforme de policía. De todas maneras, tanto el oficial Poblete como su amigo Sarmiento fueron detenidos y trasladados en un patrullero a la Seccional Sexta, donde les labraron un acta a cada uno por haber violado el artículo 104 del Código de Faltas, que habla del uso indebido del uniforme. Y luego fueron puestos en libertad, a disposición del Juzgado de Paz Letrado de Pocito. Mientras que al oficial Poblete también le iniciaron un sumario interno que, a sus 22 años, le pesará en su carrera policial.
Pero, tal vez, lo que más les debe haber dolido a estos dos “polifanáticos” es que finalmente se perdieron el partido de sus vidas.

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