Empresarios exitosos

Eduardo Saleme: De vender chupetes a comprar en China

Empezó como empleado de comercio, hoy es dueño de cuatro locales de artículos de importación y además produce aceitunas, aceite de oliva y uvas finas.
jueves, 10 de noviembre de 2011 · 19:58

Cuando decidió cambiar de rubro e invertir los 70 mil dólares que tenía ahorrados en comprar artículos de importación, creyó que se había equivocado y que había perdido todo. Es que el camión que le traía los productos de Iquique, Chile, había salido hace 15 días y nadie lo podía ubicar. Eduardo Saleme ya estaba desahuciado cuando vio aparecer el camión en la puerta de su casa y el alma le volvió al cuerpo. “Empecé a vender en mi casa, a cualquier hora atendía, si venía alguien a las 10 de la noche lo atendía contento, sólo quería vender”, recuerda Saleme, propietario de Multimundo, ícono de los artículos importados en San Juan. De esa anécdota de 1992 al día de hoy, se sumaron cuatro locales de venta, y 200 hectáreas con aceitunas, fábrica con producción de aceite y 35 hectáreas de uvas finas.

Esta historia empieza cuando Eduardo tenía 16 años y empezó a trabajar en el comercio, en sedería Ivonne. Por entonces conoció a Alfonso Pandiella quien lo llevó a trabajar Diario de Cuyo, en administración y venta de publicidad. Allí se terminó de convencer que lo suyo era vender, ya la sangre se lo había advertido: su papá, un libanés que llegó a San Juan con 14 años, compraba y vendía verduras en la feria e incluso llegó a vender en Buenos Aires y Córdoba. “Como vendía afuera le decían ‘exportador’”, recuerda hoy su hijo.
Agradecido de esa herencia, Eduardo tiene las fotos de su padre José y de su mamá Esmeralda sobre su escritorio. “Mi papá falleció cuando yo era chico y mi madre se hizo cargo”, por eso, la razón social de su empresa es La Esmeralda SRL.

Todavía era muy joven cuando dejó el trabajo estable para independizarse. Empezó a vender la línea de bebé Dulcito en farmacias y luego en almacenes. Después agregó artículos perfumería que compraba acá en la provincia. Cuando creció y logró un capital, dejó los chupetes y mamaderas y empezó a vender autos usados. “Me iba tan bien que le dije a mi hermano que dejara su trabajo en el gobierno y trabajara conmigo. Al poco tiempo cambié un lote en el centro por un auto y puse mi primera agencia”, cuenta Saleme.

Eran buenos tiempos, los autos le dejaban importantes ganancias; hasta que se aplicó el 1 a 1, -ley de convertibilidad monetaria impuesta en 1991- y los autos dejaron de ser negocio. Llegó un momento en que compraba un auto a 10 y tenía que venderlo a 8, porque su precio se devaluaba. Empezó a comprar dólares y no reponía autos, así se juntó con 70 mil dólares y se fue a Chile, a la zona franca de Iquique, a ver qué podía traer para vender. “Estuve allá 15 días ¡y no sabía que traer! Las posibilidades eran optar por motores de camiones diesel, motos usadas o cosas como las que ya me eran conocidas; pero yo de motores no sabía nada, así que me tiré a lo que conocía y le doy gracias a Dios todos los días por esa decisión”, asegura Saleme. A su izquierda, un  enorme cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, da testimonio de esa fe.

En su casa Eduardo cerró el quincho que tenía en el fondo y empezó a vender ahí y también salió a ofrecer a otros negocios. “Me acuerdo de algunas cosas que traje muy novedosas como un loro que repetía lo que uno le decía. También traje grabadores, que por entonces no estaban en el mercado y artículos de librería, pero siempre buscando lo original, lo más novedoso”, señala.

Ese fue el germen en 1992, con Levano International, primero en local alquilado y luego en local propio, en Mendoza antes de Circunvalación. En 1995 inaugura el primer Multimundo y fue un boom: el local, en pleno centro sanjuanino, tenía la primera escalera mecánica de la provincia y fue un acontecimiento. “La gente decía que era una empresa de capitales extranjeros, fue muy fuerte lo que generó la escalera”, cuenta Eduardo.

Por entonces ya había pasado de comprar en Iquique a comprar en la zona franca de Panamá, “porque los que vendían en Iquique compraban allá”, y de ahí pasó directamente a China, donde viajó para comprar de primera mano lo que necesitaba para su negocio. En esos años era la mejor forma, ya que no estaba extendido el uso de internet; hoy compra directamente por catálogo y mediante un simple mail.

“En esa época se marcaba muy bien la mercadería y ahí hicimos una diferencia, los productos chinos eran muy baratos y se marcaba bien, sin molestar a la industria nacional”, recuerda Saleme. 

En los últimos cinco años se agregaron dos locales más, en calle Tucumán, gracias al giro en la economía provincial. Según el análisis de este empresario, el comercio de San Juan pasó de depender de los empleados públicos y los trabajadores del agro, para moverse mucho más con la minería y las industrias a su alrededor.

“Abrimos más locales en puntos estratégicos por el crecimiento que ha tenido San Juan y porque la gente responde.  También estuvimos muy mal en la época de Avelín, pero ahora la provincia no está pendiente del cobro de los estatales. Hay más movimiento y la gente ya no está temerosa de gastar, no se cuida, consumen y por eso hay tanta competencia”, destacó el empresario.

La empresa se mantiene siempre en movimiento; hace algunos días se armó el ‘rincón de la mujer’ en el entrepiso de Multimundo de calle General Acha. “Estamos permanentemente haciendo cosas nuevas”, explicó su propietario.

Aceite de oliva hacia EEUU

Los hermanos Saleme incursionaron en el sector agrícola en 1997, con un diferimiento impositivo de 70 hectáreas cerca de Los Berros, departamento Sarmiento. La plantación fue creciendo y hoy suman 200 hectáreas de olivos y 35 de uvas finas, Bonarda y Cabernet.
Con la ayuda de expertos en aceite de oliva de Mendoza, montaron una fábrica en el mismo predio y este año hicieron la segunda molienda. Una de las firmas más importantes de Estados Unidos visitó la finca este año y quieren comprar la producción del 2012, pero también hay brasileños interesados en este aceite de primerísima calidad. “El aceite es muy bueno porque esa zona es la mejor para la producción y al tener la fábrica ahí mismo, la aceituna pasa del árbol a la molienda y no sufre nada”, explicó Saleme.

La próxima inversión será para comprar una línea de filtrado y envasado, todo atado a la posibilidad del crédito, unos 400.000 pesos como mínimo. Además también quieren ampliar la capacidad en tanques de acero.

La uva fina que se cosecha de esas 35 hectáreas, se vende a bodegas de Mendoza y de San Juan para la elaboración de vinos premium. “Nunca nos imaginamos que nos iba a gustar tanto ser agricultores, es muy gratificante”, destacó.

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