En una jornada marcada por el fervor patrio, la Catedral San Juan Bautista fue el escenario de un contundente llamado a la unidad y la concertación social. El tradicional Tedeum del 25 de Mayo contó con la presencia central del gobernador de la provincia, Marcelo Orrego, quien asistió acompañado por su pareja, junto a las máximas autoridades políticas, legislativas y judiciales de San Juan.
La celebración litúrgica estuvo a cargo del presbítero Andrés Riveros, mientras que el mensaje central e institucional de la Iglesia quedó plasmado en una profunda homilía pronunciada por el obispo auxiliar de la provincia, Monseñor Gustavo Larrazábal.
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Tomando como punto de partida la parábola evangélica del trigo y la cizaña , Larrazábal trazó un paralelismo directo con la realidad argentina actual y los desafíos del arco político. En su alocución, el prelado lanzó una advertencia directa contra las posturas polarizadas y el egoísmo sectorial como pasó a nivel nacional.
"¡El 'sálvese quien pueda', del individualismo feroz, no conduce a ningún puerto de felicidad personal y menos aún a la paz interior necesaria para un desarrollo auténtico y cuánto empobrece a la paz social que habilita a todos los pueblos a vivir con dignidad!".
Recordando a los próceres de la Semana de Mayo de 1810, el obispo remarcó que la libertad de la Patria "no se conseguía sin el pueblo" , y advirtió que en la actualidad "no puede haber diálogo con violencia o discursos de odio" , así como tampoco "connivencia con la injusticia" ni espacio para una "indiferencia que mata".
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Frente a la mirada de las autoridades gubernamentales presentes, Larrazábal expuso los cuatro principios de la Doctrina Social de la Iglesia que el Papa Francisco ha rescatado como herramientas clave para destrabar las tensiones de la realidad social. El tiempo es mayor que el espacio; el obispo criticó la búsqueda de "ganancias políticas fáciles y rápidas a corto plazo" e instó a priorizar los procesos humanos de fondo por sobre la obsesión inmediata de acaparar espacios de poder. Alertó, además, contra la "impaciencia mesiánica" y los radicalismos que prometen soluciones mágicas pero dejan destrucción.
La unidad prevalece sobre el conflicto, al explicar que las raíces del trigo y la cizaña crecen entrelazadas , advirtió que los "extremistas" y "fanáticos" que pretenden un purismo del 100% terminan destruyendo la convivencia social. "La unidad es más importante que el conflicto" , sentenció, llamando a construir comunión en medio del desacuerdo.
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Las realidades son más importantes que las ideas, en un mensaje directo a la clase dirigente, pidió evitar la "retórica vacía" y los discursos intelectuales desprovistos de sabiduría. Señaló que hay líderes que no entienden por qué la gente no los sigue, y argumentó que es porque muchas veces "están atrapados en el reino de las ideas puras" desconectadas de la praxis cotidiana.
Y finalmente, el todo es mayor que la parte; utilizando la imagen del poliedro -donde cada parte conserva su singularidad dentro de una convergencia común- , la homilía propuso un modelo social y político que preserve las identidades locales frente a la globalización abstracta, garantizando un orden universal con lugar prioritario para los pobres, su cultura y sus aspiraciones.
El acto patrio concluyó con una oración para configurar el interior de la ciudadanía y de la dirigencia con el propósito genuino de "forjar la Patria Grande" , en un fuerte llamado de la Iglesia sanjuanina a deponer las armas del conflicto permanente en pos del bien común.