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Análisis

En medio del ajedrez peronista, el delicado rol que juega Uñac en el lanzamiento de Lijo a la Corte

El ex gobernador presume de punch en la Corte local, a la que tapizó con integrantes afines. Tiene interés en algo parecido con la justicia federal, contactos mediante con el lobby del hermano Freddy.

Por Sebastián Saharrea

A Cristina le alcanza con 25 votos en el Senado para rechazar el pliego de Ariel Lijo designado por Milei en la Corte, y dispone de 34 legisladores en su bloque. Matemática simple, si no fuera por el carácter gelatinoso general de los congresistas nacionales, con especial acento en este caso sobre los peronistas.

Uno de ellos, el ex gobernador Uñac, a quien cuesta seguir en su futura –y actual- voluntad sobre un tema que siempre le resultó atractivo: el control político de los resortes judiciales. Lo consiguió en su provincia, donde designó a los 5 cortistas en vigencia y los buscó entre sus afinidades más próximas, políticas o personales. Desde compañeros, como el vecino pocitano Olivares Yapur y el juancarlista Victoria, hasta su ex vice Marcelo Lima, el librepensador peronista De Sanctis y su secretaria Adriana García Nieto, hermana de su íntimo Pablo. Tejió además especial vínculo con la otra pata del Poder Judicial local, el fiscal General Jimmy Quattropani, quien a diferencia de los cortistas ingresantes venía de mil batallas y al que sólo le alcanzó con el olfato para detectar el sentido del viento.

Otra discusión es si esa estructura que fue bordando con paciencia y visión de largo plazo le rinde hoy a Uñac, si le atienden el teléfono fuera de los compromisos familiares. O todas esas ligazones terminan siendo polvo en el viento a medida que pasan los años. Tic tac.

El asunto es que ahora aparece detrás de la nominación de Lijo en la Corte Suprema una oportunidad de oro para que los resortes partidarios lancen sus anzuelos. Y cada uno hace su juego: Milei, quien por razones seguramente sólidas para él pero incomprensibles para el resto, lanza a la palestra a un espécimen de la casta pura como Lijo; el macrismo que ofrece manos siempre bajo interés; y CFK, que domina la Cámara Alta en números y hasta lo que se sabe mantiene una convicción atizada por el avance o no de su pedido por un cortista propio.

En este último universo es donde sobrevuelan las submarcas, una de ellas la del senador sanjuanino. Descartado que Celeste Giménez –la otra senadora peronista de San Juan, parece necesario consignar- se mantendrá tan orgánica como viene oficiando, su compañero de bancada no la deja fácil para computar su voluntad por adelantado: si del lado de los soldados con que cuenta la presidenta del espacio para hacer hociquear a Lijo si no son atendidos sus reclamos, o del lado de los que se arrogan juego propio. Le guste o no le guste a la conducción.

Hasta acá, Uñac ha venido cumpliendo conducta orgánica como un soldado. Rechazó el RIGI pese a los mil insultos que se ligó, pegó al faltazo al unipersonal de Milei en el Congreso. Pero esta vez parece que se arroga motivos para marcar distancia. Y eso motivos pueden tranquilamente resultar el interés del exgobernador sanjuanino en tallar las barajas en la justicia federal, al menos en las oficinas de la sanjuanina calle Entre Ríos, del mismo modo que hizo con la local. Un plano sobre el que ya tuvo algunos éxitos moderados consistentes en designaciones menores, pero que tiene hoy pendiente nada menos que la designación de un juez federal para reemplazar al renunciante Miguel Gálvez.

Lógico, un juez -éste último- que tampoco nació de un repollo ni de la candidez de alguna cenicienta. Sino de la mano invisible del oportunismo político. Fue cuando el caso Torraga sacudió la textura comunicacional nacional y la causa recaería en el poco presentable juez Correa, cuando el gobernador Escobar convenció a Menem para que desdoblara el único juzgado sanjuanino, designara a Leopoldo Rago Gallo –entonces asesor del bloque PJ- en la faceta penal y reservara la civil y electoral a otro nuevo juez (Gálvez) entonces diputado provincial. No fue magia.

Ahora Gálvez se fue y queda una terna ya dispuesta por el Consejo de la Magistratura: dos sanjuaninos y un mendocino, entre quienes las malas lenguas señalan a la favorita. Dicen que sería Gemma Guillen, a quien muchos encuadran cercana al peronismo y otros –muchos- califican de muy buena funcionaria. Igual, nada inocente la jugada. Y teñida por la misma campana: en lugar de dedo directo como hace casi 40 años, dedo encubierto. Dedo al fin.

A Uñac no le gusta advertirse entreverado entre los senadores que no siguen el río cristinista, al menos de manera visible. Le ocurrió la semana pasada cuando un diario nacional con el que mantiene buenos contactos (La Política On Line), lo ubicó entre los senadores que buscan un perfil dialoguista con Milei, junto a los más obvios: los relacionados con los gobernadores peronistas de Tucumán y Catamarca y el (ex?) cristinista de Santiago del Estero. ¿Habría sido ese un paraguas abierto, aguardando la llegada del tema Lijo?

Información que Tiempo levantó, y Uñac mandó a disciplinar tachando de fake no a la publicación original, sí a la que lo mentó. Haciendo uso para esos fines de un romántico colaborador a quien conocen en el circuito por su afán por los termosellados en la época opulenta (sobre la que operan las dudas de sociedades de productoras capitalinas publicadas por el diario Huarpe), pero que caído en desgracia envía a mujeres de su entorno a poner la cara.

A pesar de todos los obstáculos visibles que enfrenta, como el sector predominante de la Corte que le acaba de negar la licencia (lo que implica que renuncie y se la juegue por la aprobación) Lijo juega con dos cartas poderosas. Son ellas la destreza operadora de su hermano Freddy, y la mirada cercana y para nada desinteresada del obispo de la Corte, Ricardo Lorenzetti.

Con ambos parece hacer juego la estrategia de Uñac, quien no se privó de firmar el despacho con el pliego con la designación de Lijo para la Corte enviado por Milei al Parlamento. Freddy tiene en un CV apenas una mención como simple empleado de Tribunales, pero es conocido por los comentaristas como dueño de un talento especial para que “se produzcan los milagros”. Una especie de Gordo Recio de la actualidad, por usar una figura que en los tribunales sanjuaninos resulta familiar porque quedó estampado como el paradigma de los manejos oscuros cuando fue detectado soplando el examen de ingreso a una aspirante, y hoy quedaría como un yuyo ante la perfomance de sus sucesores.

Lo conoce mucho a Wado de Pedro, operador por excelencia de CFK con quien Uñac supo y sabe jugar en tándem. El ex Ministro de Alberto no votó el pliego, pero se le conoce muñeca para hacer que alguno de los allegados ponga la mano que hace falta.

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Freddy Lijo funge como coequiper del cortista Ricardo Lorenzetti en esta pulseada. Los unen los intereses, no precisamente el de rescatar el prestigio judicial. Para Freddy sale fácil: un hermano –y socio en varios negocios, como un haras, al decir que varios legisladores nacionales- en el máximo tribunal. Para el obispo rafaelino, la posibilidad de recuperar el control cortesano caído a manos de la mayoría eventual de sus colegas Rosatti y Rosenkrantz. Con un 2 a 2, al nuevo eje Lijo-Lorenzetti les queda cerca la caja negra del sistema: el Consejo de la Magistratura. Que maneja las ternas, designaciones y presupuesto.

Por eso Lorenzetti saca a pasear su prosapia de prohombre por el interior del país. Con la presentación de un libro ambiental como excusa y a Freddy como productor de la gira, se lo vio en todos lados acompañado por Lijo Ariel. Como en la foto que ilustra esta nota, sentado bien pegado a Uñac en el Centro de Convenciones de San Juan en agosto del 2023. Difundido generosamente y con encargo especial por todo el dispositivo oficial, como esta nota de Si San Juan.

En ese momento, Uñac aún estaba en funciones pero ya era un futuro ex gobernador. Apenas dos meses antes (el 1 de junio), el máximo tribunal lo había bajado del sueño en su intento de re re, pero igual Uñac se desvivía por ofrecer a Lorenzetti trato de personalidad ilustre. Tras bambalinas fue generalizado el comentario de que fue Lorenzetti quien envalentonó a Uñac y se ofreció como pata en la Corte para militar la aprobación entre sus pares. Puede fallar.

Con sus últimas acciones, Uñac aparece escoreado hacia el team Lijo-Lorenzetti. Además de ese tratamiento fraternal y a cuerpo de rey al cortista cada vez que ponía un pie en la provincia (antes y después del fatídico día del cachetazo en la Corte), hoy se resiste a que lo cuenten como soldado de Cristina para bajar a Lijo sable en mano. Todo lindo, pero en esta cada uno para su puchero.

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