En términos ideales pocas cosas deben ser tan divertidas como ser vocero del gobierno argentino. Hay preguntas y respuestas para todos, internas, debates, chicanas, funcionarios a los que apuntalar haciendo la exégesis de complicadas declaraciones, y un sector de los medios jugando decididamente a la caída del gobierno de Alberto Fernández y la vuelta de Mauricio Macri.
En términos reales, la vida de la vocera presidencial, o gubernamental, Gabriela Cerruti, es un poco más estresante. La funcionaria, de larga experiencia en medios, periodista, escritora, está en la línea de fuego e intenta, como puede, cocinar el mensaje oficial con todos los ingredientes que detallamos anteriormente, y otros que nos olvidamos.
Nadie le hace la vida fácil, ni el albertismo, ni el kirchnerismo, ni la oposición.
El último episodio se dio hace horas y dejó a Cerruti inmortalizada en archivos que, esperemos, no haya que desempolvar en tiempos en lo que los argentinos pretendemos estar mirando el mundial, en paz.
Cuando el sábado pasado la Vicepresidenta contó que le mandó de regalo a Alberto el libro 'Diario de una temporada en el quinto piso', del sociólogo Juan Carlos Torre, sabíamos que venía una saga de picardías.

Torre fue un funcionario del ministerio de Economía del sector más conservador y antiperonista del gobierno de Raúl Alfonsín. Perteneció al grupo que conspiró contra Bernardo Grinspun, operación que terminó con la caída y reemplazo por Juan Vital Sourruile al frente de Economía, y abandonó el barco en 1988, justo antes del desastre que terminó con la entrega anticipada del poder a Carlos Menem.
Cuando el sábado pasado la Vicepresidenta contó que le mandó de regalo a Alberto el libro 'Diario de una temporada en el quinto piso', del sociólogo Juan Carlos Torre, sabíamos que venía una saga de picardías.
Primera sorpresa, ¿Cristina Kirchner le regaló a Alberto Fernández el libro de un sociólogo y economista que está en las antípodas de su pensamiento, y le recomendó leerlo atentamente? Si no era por los conceptos, debía ser para no repetir errores del pasado y, finalmente, para no arribar a la misma meta, ergo, la hiperinflación.
A esto se refirió hoy, comprensiblemente insidiosa (la dejaron picando), una periodista de un medio opositor, que la consultó sobre si pensaba que ese regalo de Cristina auguraba un desastre de precios como el del final del gobierno alfonsinista. En la respuesta, Cerruti se jugó la ropa: “No hay ningún riesgo de hiperinflación".
Primera sorpresa, ¿Cristina Kirchner le regaló a Alberto Fernández el libro de un sociólogo y economista que está en las antípodas de su pensamiento, y le recomendó leerlo atentamente? Si no era por los conceptos, debía ser para no repetir errores del pasado y, finalmente, para no arribar a la misma meta, ergo, la hiperinflación.
Cristina Kirchner, que cuando presenta batalla abre varios flancos, también se refirió a Cerruti cuando habló del libro de regalo: "Para que después la vocera no diga que no le regalo nada por el cumpleaños", dijo.
Cerruti también tuvo que responder a esto y salió, es de reconocer, con clase: "Fue un chiste. Conozco hace muchos años a la vicepresidenta. Conozco su humor, con lo cual lo tomé como lo que fue, un chiste. Compartimos el sarcasmo y el sentido del humor".
Pero no le creyó casi nadie.