Opinión

Dos transiciones a punta de pistola

Caucete e Iglesia disponen de dos intendentes con mandato a plazo fijo y vencimiento en cinco meses. Sus historias ameritan especial atención.
sábado, 15 de junio de 2019 · 10:07

Por Sebastián Saharrea

De su alucinada ensoñación de suponer a la intendencia de Caucete como un trampolín hacia el gobierno provincial, y por qué no a la Presidencia de la Nación, Julián Gil fue despertado con un garrotazo en los dientes.

Se ilusionó el desbancado intendente caucetero con proyectar a nivel provincial esa aureola de maestro de escuela rural bonachón con la que llegó al ejecutivo del Este, pero las luces de la gran ciudad le tendieron una trampa letal que no pudo superar en el primer desafío.

Terminó apabullado de local por los votos furiosos que le facturaron sus vicios al mando: una gestión ultrapersonalista y violenta, gastos polémicos en obras y proyectos, la constitución de una pyme familiar como eje del funcionariado, arrestos intempestivos permanentes, y un estilo personal que lentamente se fue radicalizando en el aislamiento.

Pagó caro Julián Gil ese confinamiento al que lo relegó su egocentrismo: fuera de la gestión municipal y una carrera política con la que se había hecho los rulos, ahora con peligro de supervivencia, si bien se trata de una persona joven y la política suele tener asombrosas vueltas de campana.

Una vez vencido y convertido en ex intendente en tránsito, está por verse cual de esos caminos tomará el aún funcionario caucetero: tirar por la borda toda su hipotética futura carrera a manos de la furia que le generan los supuestos desplantes de “su” gente, o digerir el resultado con grandeza y esperar mejores momentos.

Por lo visto hasta acá, el camino elegido no parece otro que el de la primera alternativa. Desde el primer minuto posterior a conocer su hiriente derrota (tan holgada y contundente como lo revela el resultado de 55% a 38%), decidió disciplinar a los presuntos apátridas que no le extendieron el aval en el sufragio. A caballo de sus presunciones por supuesto, porque el voto es secreto.

Y decidió ejecutar su vendetta con el segmento más necesitado, el hilo más delgado: el lunes y martes siguientes al domingo de las elecciones que vieron a Gil derrotado fueron calamitosos en los merenderos y comedores cauceteros que funcionaban con insumos aportados por el municipio.

Pasaron raudamente, se llevaron hasta la leche en cajas y pretendieron arrancar los carteles que atestiguaban la presencia allí de un lugar para saciar el hambre, según contaron a Tiempo de San Juan en el Brazos Abiertos del barrio Guayamas y en el del barrio Virgen de Guadalupe. Dos o tres días después, los chicos y hasta los adultos que iban allí a pelearle a la crisis, ya no tuvieron adonde ir por el “desagradecimiento” de la ciudadanía caucetera hacia su líder.

Semejante desprecio de Gil hacia la naturaleza humana más elemental lo encuadran en lo incalificable, para no faltarle el respeto. Desde lo político, habla de su notorio desinterés ya no sólo de trascender al menos como un buen recuerdo pese al mal resultado electoral, sino a suponer archivado a su futuro político.

Y son peligrosos estos tipos en esta situación de tiempo de descuento, más aún si les queda todavía un largo trecho para entregar el mando, lo que ocurrirá dentro de más de 5 meses. Tiempo tienen de sobra, si lo que se propusieran fuera soltar la imaginación para las tropelías con el presupuesto municipal.

Apareció una de ellas en seguida: la masiva designación de muchos funcionarios políticos de Gil y amigos de la familia entre los 67 nombrados en la planta permanente del municipio y en categorías de hasta el 24, como obsequio permanente como para tener más presentes los delirios políticos del jefe comunal en retirada.

Sólo la movilización alertada de los empleados y los videos virales leyendo los nombres pudo contener la insensatez, luego justificada por el propio Gil, quien prefirió esos días ni aparecer por el municipio. El caso, junto al resto del historial del personaje a cargo del ejecutivo municipal, anticipa la incertidumbre sobre si los 5 meses completos que faltan de transición serán así, o aflojará en algún momento. ¿Habrá que montar guardia permanente en la puerta?

La misma lógica, pero con un par de tonos menos y algunas particularidades, será la que se vivirá en el mismo lapso en Iglesia. Territorio que acaba de generar un recambio entre correligionarios que se desconocieron –Marcelo Marinero y su designado sucesor Jorge Espejo- y protagonizaron en la campaña episodios de cine surrealista en su intento de arrastrar voluntades.

Hubo una fuerte pulseada y denuncias cruzadas, con quiebre personal incluido y un premio tentador: el manejo de una cuantiosa suma proveniente de las regalías mineras. Los Marinero guardaron el tesoro bajo la alfombra y lo jugaron durante su gestión en la olla de las necesidades iglesianas, para cada uno un poquito. Parecían invencibles, no lo eran.

Quedaron los resabios de aquellos enfrentamientos y las desconfianzas sobre lo que puede ocurrir en un plazo tan largo como el que demandará esta transición. Por eso también el período será lleno de sospechas: que no haya ingresos en masa de personal, que las cuentas estén claras el 10 de diciembre.

De todos modos, este caso no aparece tan potente como el de Caucete, con un intendente como Gil fuera de borda. Con Marinero opera la contención del espacio político al que sigue perteneciendo, incluso la posibilidad de recibir alguna responsabilidad en el futuro esquema. Eso lo contiene de las barbaridades de su colega caucetero.

El otro factor de Iglesia es la relación fraternal entre Marcelo y Mauro. El primero es el intendente que perdió, el segundo es el líder departamental al que fueron destinados los votos en contra, en consecuencia el más afectado. Mauro fue un puntal de la vertiente bloquista que cayó derrotada, y a quien le cuesta asimilar el papel de partenaire que tendrá que jugar en los próximos 4 años en Iglesia. Un departamento en el que supo ser amo y señor, y que ahora deberá observar como actor de reparto.

En esa lógica, Marcelo buscará no quedar atado a la dinámica de Mauro, se esperan novedades de la relación fraternal cuando se realice memoria y balance. Sabe el intendente que también tendrá en estos meses el trabajo de frenar a su hermano. Otra función de la transición para seguir en guardia alta y con las antenas paradas.

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