Mauro Viale tenía ese latiguillo que los de más de
40 recordarán en los tiempos de la prehistoria del Fútbol para Todos,
cuando se llamaba Fútbol de Primera y transmitía diferido partido principal y
goles de la fecha. ¿Quién mueve?, preguntaba desde la cabina. Y en el campo de
juego, respondía –edición mediante- el centrodelantero de turno. "Muevo yo,
Mauro”, le decía, pongamos, el Coya Gutiérez.
Resulta útil la metáfora futbolera para trasladarse
al ambiente empresario instalado a sus anchas en los salones de la última feria
minera. Con el siguiente mapa: un sector cascoteado por los vaivenes de las
últimas décadas pero atraído por las incipientes oportunidades que sólo una
pizca de audacia podrá ir dejando aparecer.
Se conoce de sobra que en el entramado minero no es
precisamente la audacia lo que abunda, más bien genera urticaria. Ocurre
también que desde un tiempo a esta parte parece haber quedado excesivamente
fatigada la línea de las quejas y los reclamos al sector público, y lo que
aparece imperioso ahora es que alguien mueva la pelota con ganas. Dejar ese
palabrerío inerte que inmoviliza para buscar el terreno de las realizaciones
que entusiasmen y cambien el signo de la época.
Es lo que les pidió con claridad el gobernador
Sergio Uñac al selecto auditorio que los escuchaba. Que para seguir manteniendo
viva la mecha de la expectativa, hace falta que se comience a trabajar en los
ladrillos. No se lo dijo verbalmente pero les dejó claro el ánimo oficial: que
los tiempos ya cambiaron, que las medidas gruesas por las que tanto militaron
las centrales mineras –retenciones, liquidación de divisas, mejoras
competitivas- ya se tomaron o están en vías de solución, y que ahora hace falta
una correspondencia desde los inversores pasando de los papeles a los hechos.
Fue modesto incluso en materia de expectativa: les dijo que para arrancar, bien
sirve que sea uno sólo y no en catarata.
Se agrega desde aquí: es la única manera en que no
se los coma el león, entendiéndose como tal a las fieras ansiosas que buscan
algún bocado desde la metrópoli para apagar su apetito por devorarse a un
fenómeno que no conocen como la minería, y al que tienen a punto caramelo por
los desastres que acumula.
Por H o por B, la minería se ha ido quedando sin
banco de suplentes en los últimos tiempos. Motivos razonables e intereses
pecaminosos confluyen para este cóctel, que resulta multicausal y se agrandó
como un fantasma en su línea de flotación. Luego de la aparición de los grandes
proyectos, no ha terminado de surgir alguno que lo reemplace como locomotora de
un proceso de consolidación.
Esos proyectos se están agotando. A Veladero, por
citar el caso de San Juan, le estarían quedando unos 5 años buenos en el mejor
de los casos, aunque hay fuentes que le bajan aún más el alcance teniendo en
cuenta la sobreexplotación de la mina de los últimos años. En su reemplazo, la
misma empresa redobló la apuesta con Pascua-Lama, pero esa planilla de cálculo
se incendió hace unos años con el increíblemente amateur manejo ambiental,
cuando ya había unos U$S 7.000 millones enterrados en ese lejano paraje del
Valle del Cura sanjuanino.
Esos gruesos errores privados, sumados a otros
incidentes que fueron comiendo la licencia social como el grosero accidente de
cianuro en la mina y la al menos extraña reacción de la empresa, fueron armado
un cóctel que ahora hace falta desactivar. Se sumaron también contribuciones
del sector público, tanto provincial en el sentido de hacer la plancha y
confiar en extremo en esa regulación privada de las oportunidades y el timming,
como en el nacional que fijó medidas extremas para la actividad que pusieron
los costos nacionales por los techos del mercado mundial. Encima, se sumó la
depresión del precio de los metales, especialmente el oro, lo que le dio al
tablero su condición de tormenta perfecta.
Lo que les dijo Uñac a su dilecto auditorio fue que
ese microclima de malaria se terminó. A partir de este momento, la manera de
dejar atrás ese pasado plagado de tropezones es con realizaciones visibles.
Copió de ese modo su propia reacción ante el caso del túnel por Agua Negra,
donde inmediatamente gestionó y obtuvo un préstamo del BID para financiar lo
que tan generosamente se había desarrollado en proyecto, proyección política y
generación de expectativa. Pero faltaba el dinero, ni más ni menos.
En este casillero minero tuvo idéntico modo de
plantearse un nuevo despegue. Requiere, eso sí, que ese espacio de resoluciones
privadas que aún sigue desconfiando del sector público y del alcance de sus
medidas, se ponga en acción de una vez por todas. Y de uno en fondo, como
requirió el mandatario como prueba de confianza.
El valor del oro ya rebotó, aún sin alcanzar
valores que entusiasmen pero al menos encontrando un piso. Las medidas públicas
para viabilizar el negocio minero ya fueron emprendidas, a nivel nacional y
provincial. La búsqueda de la licencia social perdida será cuestión de mucho
tiempo de buena letra. Ahora es el turno de salir a la cancha para el
empresariado.
Hay al menos dos proyectos perfilados como para
convertirse en el centrodelantero que mueva la pelota: Pachón y Los Azules. La
expectativa del gobierno provincial es que lo hagan rápido para neutralizar el
camino descendente que significará la parábola de Veladero. Planificar el
reemplazo demanda tiempo, y su ausencia podrá ser reclamada con los resultados
a la vista. De eso toman nota en el gobierno local.
Pachón es la eterna promesa, muy anterior incluso a
los que están por agotar lo que tenían para dar. Cuando no es la cata es la
jaula, dicen en el barrio, y mucho de eso parece ser lo que ocurrió con este
gigante calingastino que sólo por lógica debería estar generando riqueza en
plena cordillera: está a un puñado de kilómetros de Pelambres, una de las
mayores minas de cobre del mundo con la que incluso rivalizó en tribunales (y
rivaliza) por la disposición de desechos de roca y cubiertas en desuso: si hay
mineral de un lado de la montaña, ¿qué habrá del otro?
Pero nunca consiguió que se le alinearan los
astros, como ocurrió con otros proyectos. Hace pocos años fue protagonista de
un pasamanos a escala mundial en el negocio minero y se la quedó el gigante
Glencore, que inicialmente no pareció no darle demasiada jerarquía en sus
prioridades.
Ahora, aparece en la pole position, encima con la
expectativa de que alguien haga la punta de lanza, como requirió Uñac al sector
en general. Un espacio empresario que acumuló carácter quejoso por sobredosis y
que ahora se encuentra en un camino de sendas bifurcadas: o mantiene su
inconformismo de manera inmóvil, en lo que puede significar su propio sepulcro
a nivel nacional, o abre la expectativa con un gesto que les sirva a
todos. Hasta el próximo capítulo.