OPINIÓN

Los culebrones de pago chico, pesados en la urna

Zonda, Ullum y hasta 9 de Julio, tres departamentos con sorpresas electorales. En todos hubo episodios fuertes en las comunidades, bombas de bajo impacto que generaron convulsión y un impresionante vuelco político. Las increíbles diferencias con las Paso. Por Sebastián Saharrea
domingo, 08 de noviembre de 2015 · 10:40

Sólo comprendidos en el pago chico, desapercibidos a la distancia. Así son estos fenómenos que no se divisan desde lejos pero hacen ruido una vez consumados, por caso los resultados de las elecciones en un puñado de departamentos que dieron una vuelta de campana y sorprendieron a todo el mundo. Se da en especial en universos más pequeños, factibles de resultar impactados por el golpe de un hecho imprevisto. Y pasó, en mayor o menor dosis, en Zonda, Ullum y 9 de Julio.

En ninguno de los tres hubo la mínima sospecha de que la compulsa por los cargos departamentales resultaran al menos disputadas. En todos hubo un campo de ventaja de parte de los intendentes que iban por la reelección en todo el proceso, desde las Paso hasta las últimas de las encuestas antes de la cita del 25 de octubre. Pero los tres perdieron. Unos más ajustados, otro no tanto, pero perdieron.

Y lo hicieron en condiciones que, en los tres casos, parecen increíbles pero que demuestran que también en la política no todo está perdido hasta el final. Los tres flamantes intendentes que remontaron lo hicieron desde el subsuelo, en el caso de Zonda pasando de menos de 400 votos más de 1.800, en el caso de 9 de Julio triplicando los votos de las Paso y en el caso de Ullum apareciendo desde menos de 250 votos a ganar por una diferencia de 100 votos. Increíble, hasta para ellos.

Para encontrarle respuesta a esta incertidumbre hay varios elementos. Existe entre los tres un denominador común: episodios novelescos, culebrones reales o con alguna cuota de ficción, que se generalizaron en el último tramo de campaña y tuvieron su impacto en la calle. Parecen haber sido ellos los que pasaron la factura, claro que no debe haberse tratado de la única razón. Juegan también el aprendizaje general a votar cortando el voto, o la misma naturaleza de la Paso que llama a suponer que lo que suman los contendientes en una interna deben computarse aproximados. Estos tres departamentos modestos de San Juan demostraron que no.

Los datos fríos serán capaces de hacer aún más increíble el traspaso masivo de votos de un lado a otro en algo más de dos meses. También, un repaso de los respectivos culebrones de pago chico que seguramente habrán tenido su impacto.

Las Paso del FpV de Zonda se definieron por menos de 100 votos a favor del actual intendente César Monla, quien iba por la reelección: fue 1179 a 1080 sobre el ciclista Oscar Villalobo, a quien por estas horas se lo podrá imaginar fastidiado y lamentando la oportunidad perdida. Tenía todo servido Monla: su frente cosechó en las Paso más de 2.000 votos, imponiéndose con absoluta comodidad sobre el basualdismo departamental, orquestado por el diputado Chango Sancassani y dividido en tres: el que más sacó fue Atámpiz, apenas 399 votos, sobre los 222 y 189 de sus competidores.

Nada que hiciera presumir el resultado que se terminó dando. Atámpiz creció desde los 399 votos que sacó en las Paso y los poco más de 800 de todo el basualdismo sumado, a los 1.886 con los que cómodamente resultó electo y desplazó a Monla, quien sólo agregó menos de 200 votos a su cosecha de las Paso, obteniendo 1.368.

Sencillo es suponer que los más de 1.000 votos de Villalobo se fueron para otro lado, aunque algunos también del propio Monla, fastidiados por los sucesos posteriores. Lo asombroso fue que tamaña migración se dio en apenas dos meses y medio. Asombroso.

En el medio ocurrió un episodio de pago chico que seguramente fue tenido en cuenta por el elector, hay pruebas en números. El intendente Monla protagonizó un confuso cruce con golpes incluidos, la mayor parte recibidos por él mismo. Los adjudicó a un ataque político de algún competidor, el médico legista le dio 20 días de licencia por los golpes. Luego apareció la otra versión, circulada profusamente en el boca a boca vecinal: que en realidad había sido un problema de polleras con una secretaria y la pareja de ésta, al menos es lo que consta en la denuncia.

Fue un gran escándalo a escala vecinal, con todo el mundo llevando y trayendo. No está claro si la gente le facturó al intendente una supuesta inconducta emocional, hubo en este país hasta premios en votos a presidentes mujeriegos por el sólo hecho de jugarla de pisador. Tampoco parece claro que por estos pagos se condene a la mentira, si así fuera marcaría una saludable evolución. Sí parece ser que el episodio se trasladó a la campaña: desde ese día, jamás se lo volvió a ver al intendente por la calle, apenas su vehículo, con muchos días de caminata pendiente. Con el resultado puesto, Monla adjudicó el revés a los medios que contaron lo que había ocurrido, incluido éste.

Algo parecido ocurrió en Ullum, donde el protagonista de una impresionante trepada en votos fue el actual diputado y flamante intendente electo Leopoldo Soler. Es que Soler sacó apenas 247 votos en la Paso, muy por debajo del actual intendente Albarracín, quien obtuvo 1.092 y se impuso a los otros tres postulantes departamentales por el FpV, quienes agregaron a la fuerza 799, 779 y 159 votos respectivamente. Es decir, más de 2.800 votos contra apenas 247.

Pero en la general del 25 de octubre, la cosa cambió por completo. Y fue Soler el que protagonizó una trepada absolutamente sorpresiva e imprevista por cualquiera con generosa experiencia en elecciones. Derrotó a Albarracín por poco más de 100 votos, y hasta su candidata a diputada llegó a la Legislatura con 9 a favor. El cómputo final fue 1.490 votos para Soler y 1.373 para Albarracín. Verdaderamente increíble, el actual intendente no retuvo ni la mitad del FpV en las Paso, y Soler lo multiplicó por 6.

¿Pero cómo fue posible semejante cambio en tan poco tiempo? Una posible respuesta tiene que ver con el sistema electoral: quedó claro que los derrotados en la Paso no se la jugaron por el ganador, y que la gente no entregó el voto en aquella ocasión, sino que apenas lo prestó. Pero también hay que tener en cuenta el agua que pasó bajo el puente en ese tiempo. Y en Ullum corrió mucha: un prófugo de la justicia con cargos por homicidio fue localizado justamente en ese departamento poco tiempo antes de la elección general. Fue un hallazgo casi casual: lo descubrieron cuando fue voluntariamente a renovar el DNI. Y eso no fue lo más sorprendente, sino que el prófugo estaba trabajando como empleado municipal en Ullum, manejando el camión regador. Peor aún, tenía vínculos familiares con el actual intendente que iba por la reelección: es su concuñado, y Albarracín lo conoció por esa vía y hasta parece que le dio alojamiento.

Lejos de presumir una actitud dolosa del jefe comunal, lo cierto es que el caso explotó fuerte en la campaña. Igual que con lo de Zonda, no está claro que la factura de la gente haya sido corrida por estos vínculos, al menos sí por cierto retiro del entusiasmo en las recorridas del propio protagonista, a quien costó ubicar en esos momentos.

Alguna pizca de un revuelo departamental pudo haber ocurrido también en 9 de Julio, donde se vivió a criterio de este periodista el batacazo más resonante de los comicios en el orden municipal. No porque Zonda, Ullum o hasta Caucete no lo hayan sido, sino porque en éstos últimos pudo advertirse una tendencia de último momento ante las citadas dificultades, y además porque Walberto Allende es un intendente muy bien plantado y valorado. Tanto, que ganó en su categoría de diputado departamental, impedido como estuvo de ir por la reelección a intendente.

La sorpresa fue mayúscula a medida que se conocieron los datos nuevejulinos, al menos para quienes no estamos cerca del día a día departamental. Que cantaron impactos como que el flamante jefe comunal electo, Gustavo Núñez, casi triplicó sus votos de la Paso: saltó de 1231 el 9 de agosto (su competidor GorinoUzaír había recogido apenas 347) a 3419 el 25 de octubre.

Y el FpV no alcanzó a sumar lo que había juntado en la Paso. Matamora, el candidato a intendente de Walberto, sacó el 9 de agosto 2.826 votos, más 1.080 y 97 de sus competidores dan unos 4000 sufragios. Pero en la general sólo sacaron 3.198. Nuevamente, la dificultad de sumar a las partes.

Mención especial para el macrista Albornoz, quien en la Paso obtuvo 720 votos y una semana antes de la elección general de octubre desistió de su candidatura, por razones que nunca se supieron. Como sus votos ya estaban impresos, e iban adentro de la urna, igual obtuvo 172, digamos contra su propia voluntad y de parte de un grupo desinformado. Cuestión que esos votos pudieron haberse ido a Nuñez, pero no alcanza a justificar el resultado.

Aquí es donde opera cierto revuelo de pago chico, como en el resto de los casos. En 9 de Julio se comenta que hubo el viernes antes de la elección una fuerte discusión en la puerta del municipio entre el intendente y una persona que le pidió un nebulizador. En estos tiempos, esos virales suelen ser inapelables, más allá de la cuota de certeza de la especie. En recorrida posterior por los medios, el nuevo intendente estuvo en Tiempo de San Juan e interpretó el resultado: todo el revuelo que quieren, pero no me quiten una parte del mérito, fue en suma su postura. Y tiene razón.

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