Sólo comprendidos en el pago chico,
desapercibidos a la distancia. Así son estos fenómenos que no se divisan desde
lejos pero hacen ruido una vez consumados, por caso los resultados de las
elecciones en un puñado de departamentos que dieron una vuelta de campana y
sorprendieron a todo el mundo. Se da en especial en universos más pequeños,
factibles de resultar impactados por el golpe de un hecho imprevisto. Y pasó,
en mayor o menor dosis, en Zonda, Ullum y 9 de Julio.
Y lo hicieron en condiciones que, en los tres
casos, parecen increíbles pero que demuestran que también en la política no
todo está perdido hasta el final. Los tres flamantes intendentes que remontaron
lo hicieron desde el subsuelo, en el caso de Zonda pasando de menos de 400
votos más de 1.800, en el caso de 9 de
Julio triplicando los votos de las Paso y en el caso de Ullum apareciendo desde
menos de 250 votos a ganar por una diferencia de 100 votos. Increíble, hasta
para ellos.
Para encontrarle respuesta a esta
incertidumbre hay varios elementos. Existe entre los tres un denominador común:
episodios novelescos, culebrones reales o con alguna cuota de ficción, que se
generalizaron en el último tramo de campaña y tuvieron su impacto en la calle.
Parecen haber sido ellos los que pasaron la factura, claro que no debe haberse
tratado de la única razón. Juegan también el aprendizaje general a votar
cortando el voto, o la misma naturaleza de la Paso que llama a suponer que lo
que suman los contendientes en una interna deben computarse aproximados. Estos
tres departamentos modestos de San Juan demostraron que no.
Los datos fríos serán capaces de hacer aún más
increíble el traspaso masivo de votos de un lado a otro en algo más de dos
meses. También, un repaso de los respectivos culebrones de pago chico que seguramente
habrán tenido su impacto.
Las Paso del FpV de Zonda se definieron por
menos de 100 votos a favor del actual intendente César Monla, quien iba por la
reelección: fue 1179 a 1080 sobre el ciclista Oscar Villalobo, a quien por
estas horas se lo podrá imaginar fastidiado y lamentando la oportunidad
perdida. Tenía todo servido Monla: su frente cosechó en las Paso más de 2.000
votos, imponiéndose con absoluta comodidad sobre el basualdismo departamental,
orquestado por el diputado Chango Sancassani y dividido en tres: el que más
sacó fue Atámpiz, apenas 399 votos, sobre los 222 y 189 de sus competidores.
Nada que hiciera presumir el resultado que se
terminó dando. Atámpiz creció desde los 399 votos que sacó en las Paso y los
poco más de 800 de todo el basualdismo sumado, a los 1.886 con los que
cómodamente resultó electo y desplazó a Monla, quien sólo agregó menos de 200
votos a su cosecha de las Paso, obteniendo 1.368.
Sencillo es suponer que los más de 1.000 votos
de Villalobo se fueron para otro lado, aunque algunos también del propio Monla,
fastidiados por los sucesos posteriores. Lo asombroso fue que tamaña migración
se dio en apenas dos meses y medio. Asombroso.
En el medio ocurrió un episodio de pago chico
que seguramente fue tenido en cuenta por el elector, hay pruebas en números. El
intendente Monla protagonizó un confuso cruce con golpes incluidos, la mayor
parte recibidos por él mismo. Los adjudicó a un ataque político de algún
competidor, el médico legista le dio 20 días de licencia por los golpes. Luego
apareció la otra versión, circulada profusamente en el boca a boca vecinal: que
en realidad había sido un problema de polleras con una secretaria y la pareja
de ésta, al menos es lo que consta en la denuncia.
Fue un gran escándalo a escala vecinal, con
todo el mundo llevando y trayendo. No está claro si la gente le facturó al
intendente una supuesta inconducta emocional, hubo en este país hasta premios
en votos a presidentes mujeriegos por el sólo hecho de jugarla de pisador.
Tampoco parece claro que por estos pagos se condene a la mentira, si así fuera
marcaría una saludable evolución. Sí parece ser que el episodio se trasladó a
la campaña: desde ese día, jamás se lo volvió a ver al intendente por la calle,
apenas su vehículo, con muchos días de caminata pendiente. Con el resultado
puesto, Monla adjudicó el revés a los medios que contaron lo que había
ocurrido, incluido éste.
Algo parecido ocurrió en Ullum, donde el
protagonista de una impresionante trepada en votos fue el actual diputado y
flamante intendente electo Leopoldo Soler. Es que Soler sacó apenas 247 votos
en la Paso, muy por debajo del actual intendente Albarracín, quien obtuvo 1.092
y se impuso a los otros tres postulantes departamentales por el FpV, quienes
agregaron a la fuerza 799, 779 y 159 votos respectivamente. Es decir, más de
2.800 votos contra apenas 247.
Pero en la general del 25 de octubre, la cosa
cambió por completo. Y fue Soler el que protagonizó una trepada absolutamente
sorpresiva e imprevista por cualquiera con generosa experiencia en elecciones. Derrotó
a Albarracín por poco más de 100 votos, y hasta su candidata a diputada llegó a
la Legislatura con 9 a favor. El cómputo final fue 1.490 votos para Soler y
1.373 para Albarracín. Verdaderamente increíble, el actual intendente no retuvo
ni la mitad del FpV en las Paso, y Soler lo multiplicó por 6.
¿Pero cómo fue posible semejante cambio en tan
poco tiempo? Una posible respuesta tiene que ver con el sistema electoral:
quedó claro que los derrotados en la Paso no se la jugaron por el ganador, y
que la gente no entregó el voto en aquella ocasión, sino que apenas lo prestó.
Pero también hay que tener en cuenta el agua que pasó bajo el puente en ese
tiempo. Y en Ullum corrió mucha: un prófugo de la justicia con cargos por
homicidio fue localizado justamente en ese departamento poco tiempo antes de la
elección general. Fue un hallazgo casi casual: lo descubrieron cuando fue
voluntariamente a renovar el DNI. Y eso no fue lo más sorprendente, sino que el
prófugo estaba trabajando como empleado municipal en Ullum, manejando el camión
regador. Peor aún, tenía vínculos familiares con el actual intendente que iba
por la reelección: es su concuñado, y Albarracín lo conoció por esa vía y hasta
parece que le dio alojamiento.
Lejos de presumir una actitud dolosa del jefe
comunal, lo cierto es que el caso explotó fuerte en la campaña. Igual que con
lo de Zonda, no está claro que la factura de la gente haya sido corrida por
estos vínculos, al menos sí por cierto retiro del entusiasmo en las recorridas
del propio protagonista, a quien costó ubicar en esos momentos.
Alguna pizca de un revuelo departamental pudo
haber ocurrido también en 9 de Julio, donde se vivió a criterio de este
periodista el batacazo más resonante de los comicios en el orden municipal. No
porque Zonda, Ullum o hasta Caucete no lo hayan sido, sino porque en éstos
últimos pudo advertirse una tendencia de último momento ante las citadas
dificultades, y además porque Walberto Allende es un intendente muy bien
plantado y valorado. Tanto, que ganó en su categoría de diputado departamental,
impedido como estuvo de ir por la reelección a intendente.
La sorpresa fue mayúscula a medida que se
conocieron los datos nuevejulinos, al menos para quienes no estamos cerca del
día a día departamental. Que cantaron impactos como que el flamante jefe
comunal electo, Gustavo Núñez, casi triplicó sus votos de la Paso: saltó de
1231 el 9 de agosto (su competidor GorinoUzaír había recogido apenas 347) a
3419 el 25 de octubre.
Y el FpV no alcanzó a sumar lo que había
juntado en la Paso. Matamora, el candidato a intendente de Walberto, sacó el 9
de agosto 2.826 votos, más 1.080 y 97 de sus competidores dan unos 4000
sufragios. Pero en la general sólo sacaron 3.198. Nuevamente, la dificultad de
sumar a las partes.
Mención especial para el macrista Albornoz,
quien en la Paso obtuvo 720 votos y una semana antes de la elección general de
octubre desistió de su candidatura, por razones que nunca se supieron. Como sus
votos ya estaban impresos, e iban adentro de la urna, igual obtuvo 172, digamos
contra su propia voluntad y de parte de un grupo desinformado. Cuestión que
esos votos pudieron haberse ido a Nuñez, pero no alcanza a justificar el
resultado.
Aquí es donde opera cierto revuelo de pago
chico, como en el resto de los casos. En 9 de Julio se comenta que hubo el
viernes antes de la elección una fuerte discusión en la puerta del municipio
entre el intendente y una persona que le pidió un nebulizador. En estos
tiempos, esos virales suelen ser inapelables, más allá de la cuota de certeza
de la especie. En recorrida posterior por los medios, el nuevo intendente
estuvo en Tiempo de San Juan e interpretó el resultado: todo el revuelo que
quieren, pero no me quiten una parte del mérito, fue en suma su postura. Y
tiene razón.