Editorial

El debate que faltaba

Famatina puede ser motivo de un debate nacional sobre la minería que está pendiente y servirá para que no se escuchen más locuras. El oficialismo y la oposición, ambos atravesados por las diferencias.
sábado, 04 de febrero de 2012 · 09:29

Por Sebastián Saharrea
ssaharrea@tiempodesanjuan.com

Se ha llegado a utilizar la palabra minero como un insulto a la madre: al menos esta semana en Mendoza se preguntaban qué habrá hablado Paco Pérez con “su colegas mineros”, cuando se juntó por el mosto con Gioja y Beder. El mismo día, un concejal antiminero santacruceño denunció haber encontrado cianuro tirado cerca de una explotación de esa provincia. Días antes, Raly Barrionuevo se presentó en Cosquín con su prédica antiminera y hubo quien sostuvo que Canal 7 lo sacó del aire. Y más atrás aún, un rumor se apoderó de la provincia con la incomprobable versión –luego falsa- de un accidente fatal en Casposo y el saldo de 15 muertos. Paren, ¿no será momento de hablar en serio?
Desde que la minería comenzó a pasar de promesa a hechos concretos –sí, en los ’90-, padeció una evidente crisis comunicacional surgida desde su naturaleza: cómo presentar una actividad novedosa y ajena a la matriz productiva de un país esencialmente agrícola. No hubo plan sino arrebatos, y las consecuencias son la que hoy se ven: por ráfagas, las objeciones ambientalistas han despeinado fuerte a la actividad, con coletazos que castigaron a San Juan hasta estigmatizarla como el eje del mal.

Los picos de esos embates fueron la puesta en funcionamiento de Veladero, el tratamiento de glaciares en el Congreso, algún que otro paso raudo por los medios de conspicuos ambientalistas para el interior del país como Pino Solanas o Miguel Bonasso. Y ahora Famatina, el emprendimiento riojano que reverdeció la militancia y podría servir para un esperado debate nacional que frene las cataratas de groserías que llegan desde los medios centrales.

Habrá varios obstáculos que sortear:
-El primero, que el escenario de ese debate sean los medios “federales”. El principal foco de resistencia a la actividad minera son los conglomerados urbanos alejados de los emprendimientos que no reciben sus beneficios –al menos no los notan, aunque los impuestos que generan derivan a la caja nacional-, y que se informan por medios que abordan el asunto desde lo ambiental. ¿Sobreviviría la agricultura intensiva en la pampa húmeda, el polo petroquímico de Bahía Blanca, la extracción petrolera de la Patagonia o la pesca en el Mar Argentino –son sólo ejemplos- si el foco de los medios estuviera exclusivamente en sus pasivos ambientales?

-El segundo es la capacidad de movilización militante de las organizaciones ambientalistas. Como dijo la presidenta Cristina Kirchner el día de su reaparición pública, cuesta encontrar a alguna ONG global preocupada por la explotación hidrocarburífera sin control en Malvinas. Y también cuesta encontrar ONG globales contra explotaciones mineras europeas, australianas o norteamericanas. Latinoamérica parece más fértil a estos reclamos.

Esos no deberían ser motivos para esquivar el debate, sino para aprovechar la ocasión y limar ese diferencial de información. Con algunas fortalezas evidentes también.

-El principal reaseguro de la actividad minera en el país es ni más ni menos que la presidenta Cristina Kirchner. Ella, en su gestión anterior, apareció en la foto con Peter Munk –accionista principal de Barrick- durante un viaje a Canadá y ella es quien sostiene personalmente el costo de mantener la chimenea encendida, aún ante la nariz arrugada de muchos de sus seguidores. Esta semana designó a su ex concuñado “Bombón” Mercado en el directorio de Bajo La Alumbrera.

En la última elección presidencial de octubre, el único candidato que garantizaba la continuidad de los proyectos mineros en el país era justamente CFK.  Hermes Binner tiene una actitud tolerante pero no se pronunció nunca a favor, y en su círculo hay dirigentes abiertamente contrarios: De Gennaro, Luis Juez, Victoria Donda. Ricardo Alfonsín flota en indefiniciones y ahora respalda el reclamo de Famatina. Alberto Rodríguez Saá prohibió la actividad en San Luis. Y Eduardo Duhalde dirige a un peronismo federal-PRO ambiguo: muchos de ellos –como el sanjuanino Ibarra- votó la Ley de Glaciares.

Por el contrario, Cristina proviene de una provincia como Santa Cruz en la que crecen los proyectos mineros: Manantial Espejo –cerca de Gregores y con dique de colas, lo mismo que Pascua-Lama-; Huevos Verdes o Cerro Vanguardia, cerca de San Julián. Esa radicación de proyectos se produjo en la gestión de Kirchner y Cristina mantiene el discurso. Por lo tanto es la principal fortaleza del sector. Más ahora, en el pico de su popularidad.

-El otro reaseguro es más sencillo: simplemente, que la gente ha avalado con su voto a la actividad minera en octubre pasado, y quienes se llenan la boca con floridas acepciones de la democracia deberían acatarla. Lo dicho de Cristina, una dirigente identificada a favor de la minería: está claro que no ganó por eso, pero también lo está que su identificación no le valió consideración en contra.

En San Juan, Gioja –un gobernador identificado hasta el tuétano con la minería- sacó record de votos histórico y aquí sí hay un factor minero más presente. Igual que en Iglesia, donde el intendente del departamento donde están Veladero y Pascua-Lama, Mauro Marinero, fue el intendente reelecto por mayor cantidad de votos en toda la provincia. En estos últimos dos casos, la minería fue un factor político en el que el apoyo de la ciudadanía fue rotundo. Igual que en la propia La Rioja, donde el gobernador Beder Herrera fue reelecto con amplísimo margen y sacó un gran caudal de votos en Chilecito, donde está el Famatina y de donde proviene el propio Beder. Claro que Beder está flojo de papeles en la cuestión minera: conspira contra él su pasado de rechazo que sirvió para que se cayera el entonces gobernador minero Angel Mazza.

Ante estos datos, habrá que resistirse a proclamar como el triunfo del pueblo a un reclamo ambiental puntual como el de Famatina, que arroja consignas contra todo el espectro minero. Las banderas en el cerro riojano no hablaban de este caso en particular sino de un reclamo hacia todo el sistema vigente en el país. Telegrama para San Juan, de allí las destempladas palabras de Gioja a la militancia ambientalista en las que sobrevoló el nazismo.

-Y el último escenario a tener en cuenta para este (¿inminente?) debate es lo que ocurre puertas adentro de las organizaciones políticas. Porque ni el oficialismo ni la oposición exhiben una mirada unificada sino, más bien, suele ser uno de los asuntos que dividen.

En el campamento oficial, lo dicho sobre CFK: la presidenta es un sostén del sistema, pero el tema minero parece ser uno de los pocos en los que se tolera el disenso en voz alta. Dicho de otro modo, los dirigentes allegados al oficialismo tienen hilo en el carretel para pronunciar su rechazo pese al apoyo de la jefa, algo que no aparece posible en otros asuntos. Las aguas se dividen así: de un lado Cristina, los ministros y los gobernadores; y del otro toda la militancia social y ONG que apoya a Cristina y acampa en Famatina.

Del lado opositor pasa algo parecido. En el radicalismo están los más reacios a la minería como el precandidato Alfonsín, los mendocinos como Cobos o Sanz o el jujeño Morales; y están los promineros como el ex gobernador catamarqueño Brizuela Del Moral o el sanjuanino Mario Capello, quien hace un par de semanas barrió en un debate en TN a Bonasso y enarbola un discurso minero crítico. En el PRO, cae simpática la militancia verde fuera de Capital: apoyó la Ley de Glaciares, pero el Riachuelo bien gracias. Igual, su identificación promercado le impide confrontar contra las inversiones mineras.
Y siguen las firmas. Si el viento acompaña, será esta una ocasión para discutir sobre minería en serio y sin prejuicios. Y si no, será otra oportunidad perdida.


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