opinión

Cultivar el bajo perfil, sin desaparecer

Sergio Uñac debutó a cargo de la Gobernación. El desafío: aprender a hacer equilibrio entre un tono que no moleste y las apariciones que necesita para conservarse. Por Sebastián Saharrea.
sábado, 21 de enero de 2012 · 10:20
Justo la primera vez que le tocó quedar al frente del Gobierno, a Sergio Uñac le cayó un peludo de regalo. Atravesó un delicado episodio de salud con el gobernador Gioja de vacaciones, y tuvo que aguantarse como un caballero. Sin siquiera comentarle al jefe, no vaya a ser cosa que se volviera.
Transpiró en su debut el Vice, pero no fue de gusto. Le sirvió para comprender que los problemas domésticos de un departamento como el Pocito de donde proviene son justamente eso, domésticos. Y que su ascenso a las grandes ligas no llega despojado de otros problemas, más gordos, de mayores significados, con más gente involucrada y consecuentemente de mayor atención.
Le ocurrió a Sergio Uñac justo cuando anda buscando el perfil exacto para su gestión. Que será distinto al de sus antecesores como escoltas de José Luis Gioja –el caso del intendente Lima y de su hermano Rubén- sencillamente porque se trata de personas diferentes. Pero que deberá ser parecido en el punto más neurálgico: no incomodar ni ensombrecer los movimientos del jefe.
El ex intendente pocitano es un dirigente de fuerte proyección y de características muy propias. Joven producto de lo que públicamente puede ser considerado pieza de recambio en el ambiente político, pero con 8 años de experiencia en la gestión como jefe comunal. Estilo de alto perfil para la exposición pública. Dialoguista por definición, aunque más de una vez haya necesitado de la mano dura.
Estuvo en la grilla de partida del año pasado, antes de que se consumara la presentación de aspiraciones de José Luis Gioja para ir por una nueva reelección. Hasta ese momento, era mirado por no pocos sectores políticos y sociales como importante pieza de recambio. Todo eso se frenó con los 4 años obtenidos en las urnas por Gioja. Pero no desapareció, se congeló: el reloj biológico –a veces, de sentencias inapelables- le juega a favor. Pero atención: Esa cuenta no es todo.
¿Cómo hacer para mantener encapsulada, congelada, detenida, esa mecha para los tiempos que vienen sin espantar a nadie? Esa es la pregunta del millón que da vueltas en la cabeza de Sergio Uñac en cada una de sus decisiones. Por ahora, la respuesta es su intento de aproximación a un perfil que no moleste, pero que le permita no desaparecer.
La primera prueba de fuego fue este enero, con el viaje del gobernador Gioja a Chapadmalal en lugar de La Serena para el período de vacaciones. Como todos los liderazgos fuertes, el gobernador no descansó en vacaciones y lo llamó desde las playas todas las veces que creyó conveniente. Casi lo mismo que le ocurrió –curiosamente en los mismos días- al vicepresidente Boudou estrenando condición de presidente en ejercicio. Claro que lo del Vicepresidente fue un poco más complejo: No estuvo allí por vacaciones sino por una enfermedad complicada, y debió batallar duro contra cierta óptica periodística que lo mostró como marioneta de la Presidenta.
En esa lógica, Cristina cometió el pecado de seguir dando órdenes desde su convalecencia, lo que, traducido a los términos del desgaste, podría llamarse “aferrada al poder” o, peor aún, “adicta al poder”. El asunto es que el poder es el que se ganó en las urnas y que las personas de personalidad fuerte como cualquier presidente de la Nación –con algunas excepciones tristemente recordadas- suelen ejercerlo como acto reflejo. Para eso están, y no hay vacaciones ni enfermedad complicada que pueda frenarlo.
Igual que Cristina, José Luis Gioja es de esas personas a las que les cuesta ver pasar los días sin involucrarse en las decisiones de Estado. Y como ella tuvo a Boudou debutando, el gobernador lo tuvo a Sergio Uñac en las mismas iniciaciones. Sin necesidad –claro- de poner la doble tracción para atravesar el camino pedregoso que supone para un funcionario de Cristina manejar el Gobierno Nacional, pero con dificultades propias de los dilemas de esta parte del país y de su propia búsqueda de un perfil que no genere interferencias.
Y uno de los dilemas que debió surfear fueron los del clima. Que todos los eneros ofrece motivos para maldecir cuando se descuelga en formato de piedra sobre los cultivos, y esta vez no fue la excepción. Hubo que hacer las gestiones para pedir ayuda nacional y al final se pudo incluir a San Juan entre las 6 provincias del país beneficiadas por la declaración de emergencia agropecuaria luego del viaje del ministro Alós. Por eso, el gobernador siempre que llamaba preguntaba por el clima.
Así, los desafíos para Sergio Uñac en este período no estuvieron en la gestión, viejo conocedor de los hilos con los que se mueven. Estuvo sí, en el volumen que fuera a darle a su exposición en los medios, sus apariciones políticas, lo que dijera, lo que hiciese. Allí, sabía, iba a ser mirado con lupa.
Y lo que hizo fue dar cada paso con cuidado, pero darlo. Atajó penales cuando se conoció el aumento al funcionariado del Poder Ejecutivo, y después decidió acompañar desde la Legislatura. Habló con los medios con la naturalidad con que sabe hacerlo, pero siempre entregando señales inconfundibles de pertenencia al espacio. Despacito y por las piedras, sin desmarcarse en lo más mínimo del libreto señalado por el Gobernador. Pero dando señales de vida, una supervivencia para que su nombre no quede oculto detrás de un cargo sin demasiada exposición.
Fue un desafío para Sergio el llamado de Gioja para secundarlo. En la mesa familiar le podrá haber contado Rubén los requisitos que hacen falta para acompañar a Gioja en la fórmula: fidelidad extrema, juego para el equipo, y enfriar las expectativas personales. Aún así, para él fue un honor, y una señal de ser tenido en cuenta por quien tiene la baraja y muy posiblemente la siga teniendo cuando en un par de años vuelva a la mesa la pulseada por la sucesión, abortada de cuajo el año pasado por el propio Gobernador con su postulación.
Pero será un tema sensible en el que quien genere demasiado oleaje será decapitado, eso es algo que tendrá que tener en cuenta cualquiera que sienta aspiraciones por heredar el asiento del Gobernador.
Sergio Uñac es uno de ellos, de un pelotón no demasiado numeroso integrado por dos o tres más (Marcelo Lima, Juan Carlos Gioja y algún tapado). Para él, como para cualquiera del resto, el desafío será como mantener el nombre con vigencia para cuando sea el momento, que si bien hoy es un día que se presenta lejano en poco tiempo será parte de la agenda.
Por eso la consigna es no desaparecer. Y cada vez que le toque sentarse en el sillón, tener bien en cuenta que –por el momento- es prestado.

Comentarios