A tres semanas de que absolvieran al cura Walter Bustos, en su segundo juicio por abuso sexual contra un menor, el tribunal colegiado que dictó la sentencia leyó los fundamentos del dictamen que impidió que el religioso terminara tras las rejas. Es que una nueva pena lo ponía en jaque y lo conducía directo al Penal de Chimbas.
Este martes al mediodía, la autoridad compuesta por los jueces Federico Rodríguez, Celia Maldonado y Carolina Parra dejó entrever que el relato de un testigo, la contundencia de dos pruebas y la inconsistencia de otra fueron los elementos que salvaron al sacerdote de ir a la cárcel.
Como se suponía, la absolución fue por el beneficio de la duda, dado que para la mayoría del tribunal -el fallo fue dividido, dos votos contra uno- no se pudo probar a lo largo del juicio que Bustos haya abusado al denunciante, cuando este era menor de edad. Rodríguez y Maldonado fueron quienes se volcaron a favor del imputado, mientras que Parra opinó de forma disidente.
"Sostengo que los elementos de prueba rendidos en el juicio, percibidos y valorados, no alcanzan para cimentar la certeza plena que se requiere para diluir toda duda razonable que naturalmente pertenece a una persona acusada.", indicó Rodríguez y adhirió Maldonado.
Si bien se admitió en el dictamen que la relación de Bustos con el denunciante resultó confusa, dada las llamadas que solían hacerse entre sí, al igual que sus conversaciones y actitudes parecían exceder al trato que existen entre un sacerdote y un alumno de comunión y confirmación, se justificó que ello no autoriza a tener por acreditados los hechos.
De las consideraciones esgrimidas por la sentencia absolutoria, se destaca la poca contundencia de la sábana telefónica a la que apelaba el Ministerio Público para demostrar los contactos que existían entre el denunciante y el cura, en los que este último intentaba seducir al menor, según se señaló.
Para el tribunal no se pudo acreditar a través del informe de sábanas de llamadas que haya existido alguna comunicación telefónica entre Bustos y el denunciante previo al supuesto encuentro sexual, ya que según sostenía el fiscal Mario Panetta -y su ayudante fiscal Verónica Recio- por ese medio habían acordado verse. Es que los informes de la compañía telefónica fueron parciales y, por tanto, no pudieron respaldar dicha comunicación.
Además, ese mismo detalle telefónico señaló que la cantidad de llamados que Bustos le hizo al denunciante, en horas de la madrugada, fueron 9 y no 25 como había dicho el denunciante. Esa insistencia en contactar al chico fue, acorde lo justificó Bustos, para despertarlo porque debía estudiar.
Si bien existió un segundo llamado durante la madrugada otro día, dado que Bustos se encontraba en otra localidad del Valle, y ello fue probado por testigos que participaron del juicio, no se pudo probar otra cosa.
Por otro lado, como el denunciante no pudo precisar cuándo ocurrieron los supuestos abusos sexuales, ello resultó favorable para el patrocinado por Sandra Leveque. Es que el denunciante estimó un lapso determinado, una foto de Bustos en el Arzobispado, con fecha precisa, hizo dudar sobre dónde estuvo para ese momento, ya que no pudo estar en Capital y a la vez en Valle Fértil.
Se estima que a partir del análisis que haga el fiscal y su ayudante, se realizará una eventual presentación ante el Tribunal de Impugnación para que revea el fallo. Mientras tanto, por la causa anterior, Bustos, que en esta audiencia estuvo acompañado por Joaquín Moine, viene dando qué hablar. Por un lado recibió una pena mayor por parte de la Corte y por otro, recibió una nueva denuncia. Esta vez fue por desobediencia a una orden judicial y ello posibilitó que su casa fuera una vez más allanada.