Un preso del penal de Chimbas que cumple una larga condena por asesinato y que en 2022 tragó clavos, ahora contra su vida en su celda. Lo salvaron los mismos guardiacárceles. El reo se encuentra fuera de peligro, pero está vigilado dentro del pabellón llamado de “resguardo”, a donde van los internos considerados como conflictivos y que tiene problemas de convivencia con el resto de la población.
El preso en cuestión es Ramón Ismael Milla, alojado actualmente en el Pabellón 2 del Sector 4 del Servicio Penitenciario Provincial. El reo ocupa una celda individual y cumple una condena de prisión perpetua por asesinar de 9 cuchillazos a un sereno que era vecino suyo en la Villa Mariano Moreno en Chimbas
El brutal crimen ocurrió la madrugada del 8 de agosto de 2015 en cercanías de ese barrio. Milla estaba junto a Carlos Maximiliano Aguilera y se pusieron a beber con ese sereno de nombre Iván Fuentes, al que después atacaron hasta matar para robarle la moto. Ambos fueron condenados en 2018 y desde entonces se encuentran alojados en el penal de Chimbas.
Durante los años de detención, Milla tuvo algunos encontronazos con otros internos y por ese motivo lo trasladaron a ese pabellón. En diciembre de 2022 protagonizó un insólito hecho, cuando pidió ayuda a los penitenciarios a raíz de que manifestaba fuertes dolores abdominales.
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El juicio. Milla durante el juicio en el que lo condenaron por asesinato.
El interno fue llevado al hospital y ahí dijo que había ingerido clavos. Los médicos le tomaron radiografías y, para sorpresa de todos, observaron que tenía 3 clavos atravesados en su estómago. Por suerte los trozos metálicos no dañaron ningún órgano vital y mediante laxantes lograron que los expulsara. En ese momento habría dicho que se autolesionó porque estaba mal anímicamente debido a que hace tiempo que no recibe visitas y está sólo.
Esta semana se conoció que Milla volvió a autoagredirse. La versión es que armó una soga con algunas prendas de vestir e intentó ahorcarse dentro de su celda. No logró su cometido en razón de que empezó a gritar y los celadores corrieron a auxiliarlo. Fuentes oficiales explicaron que no presentaba lesiones y apenas tenía unas marcas en el cuello.
Dentro del penal sospechan que fue una actuación, que sólo quiso llamar la atención. De todas formas, se encuentra vigilado, en el mismo pabellón de “resguardo” y fue entrevistado por el gabinete social del servicio penitenciario.