El trágico accidente que se cobró la vida de dos jóvenes rompió en mil pedazos la tranquilidad de un pueblo jachallero de casi mil habitantes, ubicado en el kilómetro 3.593 de la Ruta Nacional 40. Hoy la gente en Niquivil llora a Silvio Alaníz y Fernando Díaz, dos amigos que protagonizaron un accidente fatal en la zona de Aguaditas. Dos chicos de 26 y 22 años que eran papás, jugaban al fútbol y horas antes al siniestro habían compartido una reunión distendida en la casa de uno de ellos.
“Todos estamos muy dolidos, conmocionados con lo ocurrido. Todos conocemos a los chicos, así que esto es terrible y muy triste. Eran ambos increíbles personas. La verdad es que no se puede creer”, contó Molina, presidente del Sportivo Niquivil.

A ambos los unía una amistad de años. A pesar de la diferencia de edad, crecieron prácticamente juntos. Además, compartían el ferviente fanatismo por el club del pueblo: ambos pasaron por las inferiores, hasta disputar los torneos de la Liga Jachallera y Copa de Campeones con la Primera. "Eran dos personas muy serviciales, sino jugaban, iban al club a ayudar, a darnos una mano. Esta tragedia es muy dolorosa para todo el club", agregó Molina.

Por razones que se desconocen, encontraron la muerte en la madrugada del domingo. Ambos se movilizaban en motos 150cc. cuando, en una calle de tierra, en la zona de las Aguaditas, se toparon de frente y murieron en el acto. Horas antes habían estado juntos, reunidos en una vivienda, charlando y riendo, como lo hacían siempre con su grupo de amigos.
Según el parte de la Policía, ambos circulaban en sentido contrario en motos diferentes y al llegar a la zona del hecho, impactaron de frente. Por estas horas se trata de establecer cómo ocurrió el accidente, ya que se trata de una calle muy transitada. Si alguno de los dos cruzó de carril, si no se vieron o no llevaban luces, si tenían o no cascos, son preguntas que se responderán con las pericias pertinentes.

Por ahora el accidente es todo un misterio y hay dos familias, también un pueblo, que están de luto. Tanto Fernando como Silvio eran papás de dos niños, vivían de changas -no tenían trabajo estable- y pasaban muchos ratos juntos. Eran amigueros y muy queridos en el pueblo.