HISTORIAS DEL CRIMEN

La pelea y asesinato en La Bebida por los “piropos” a una chica

Fue en marzo de 1997. Un joven se hartó que otro muchacho de la zona molestara a su novia y una noche lo desafió a tomarse a golpes. Esa madrugada perdió la vida.
domingo, 21 de noviembre de 2021 · 09:17

Tenía esa manía de molestarla o definitivamente estaba obsesionado con ella. Entonces cada vez que la cruzaba en la calle, le decía “mi amor”, “hermosa” o “dejalo a ese negro mierda”. Lo que algunos llaman piropos, no eran otra cosa que insultos y provocaciones constantes contra esa chica. Ese acoso tarde o temprano traería cola. Y así fue. Una noche, el novio de la joven se hartó y enfrentó a ese otro muchacho en una esquina de La Bebida para arreglar cuentas. Dicen que fue una pelea limpia, pero fue tan encarnizada que uno de los dos murió esa madrugada de marzo de 1997.

El acoso callejero también es violencia, pero quién podía suponer que un caso de este tipo terminaría de esa manera. Sucedió. El que pagó con su vida la locura de esa violencia fue Mauricio Antonio Espejo. Un changarín de 21 años que en aquel momento iba casi todos los días de la Villa General San Martín, o “Villa El Naylon”, en Rawson, a ver su novia Viviana a un lote hogar de La Bebida en Rivadavia.

La misma chica declaró en la causa que días antes habían tenido un cruce con ese otro muchacho llamado Ariel Tomás Aguilera, apodado “El Mono”, vecino de esa zona. En esa ocasión, este último se encontraba con otros jóvenes y aprovechó para molestarla como siempre lo hacía mediante alusiones a ella y también a Mauricio.

No era la primera vez, la joven relató que en otras oportunidades “El Mono” Aguilera ya le había tirado besos, silbidos o frases subidas de tono, además de decirle que abandonara a su novio para que estuviese con él. Todo esto lo sabía Espejo, que acumulaba bronca y apretaba los dientes para no perder la cordura. Sus conocidos comentaron que Mauricio no tenía mucha paciencia ni le gustaban las bromas pesadas, pero la cuerda se tensaba cada vez más con Aguilera y en un momento todo estallaría.

Una noche trágica

Ese día fue el 2 de marzo de 1997. Era domingo cerca de la medianoche, Mauricio había estado con su novia Viviana en la casa de está. Cuando se marchaba en bicicleta, se cruzó con “El Mono” Aguilera en la intersección de la avenida Ignacio de la Roza y calle Comercio. Al verlo, le brotó la rabia contenida y apeló a la misma actitud que “El Mono”, la provocación. Así fue que se paró, le gritó llamándolo a pelear.

Aguilera se hizo el distraído y largó un saludo para disimular mientras seguió su camino. Pero no se quedó tranquilo, fue hasta la casa donde estaban sus amigos. Allí le dijo a Norberto Barahona que acababa de toparse con otro joven que lo insultó y lo invitó a tomarse trompadas. Le pidió que lo acompañara. Ese amigo le respondió que no iría, que no le diera importancia. Pero “El Mono” no era de achicarse, de modo que volvió al lugar en el que se encontraba Mauricio Espejo. Supuestamente fue con la intención de apaciguar la cosa, no quería problemas.

El condenado. Este es "El Mono" Aguilera, sentenciado a 4 años de cárcel.

De esto dieron fe varios testigos, que afirmaron que observaron que “El Mono” se acercó a Espejo y hablaron durante unos minutos. Ya eran pasadas las cero horas del lunes 3 de marzo de 1997. Al parecer, si hubo pedidos de disculpas, no alcanzaron. En el instante menos pensado, comenzaron las trompadas de un lado y otro. Los testigos dijeron que se trenzaron, pero por la distancia no vieron bien la escena.

Se sabe que Mauricio cayó al menos dos veces tras recibir golpes en el rostro. “El Mono” se enloqueció, continuó pegándole trompadas y patadas en el piso. Un testigo afirmó que, en un momento dado, este último tomó del cabello a la víctima y empezó a darle rodillazos en la cara. Ahí también lo agarró del cuello hasta dejarlo tendido en la calle, a todo eso llegaron sus amigos Norberto Barahona y Miguel Julio para separarlos. Otro que se acercó fue Javier Araya, otro vecino que arribaba en un auto Fiat 600.

Desenlace inesperado

Una vez que “El Mono” Aguilera se calmó, agarró su bicicleta y se retiró. Los otros hombres auxiliaron a Mauricio Espejo, que perdía sangre por la boca, estaba desorientado y apenas parecía respirar. Los testigos le hicieron masajes en el pecho, lo cargaron en el auto Fiat 600 y lo trasladaron a la casa de su novia Viviana, ubicada a las pocas cuadras.

En esa vivienda lo recibieron la joven y su padre, Juan Sosa, que notaron que Mauricio se encontraba pálido y tenía los ojos bien abiertos y la mirada perdida. Casi no reaccionaba. Sosa rogó que lo llevaran al hospital. Fue así que lo subieron de nuevo al Fiat 600 y partieron con el joven a la guardia del Marcial Quiroga. El informe policial señala que Mauricio Espejo fue ingresado a la 1.10 de la madrugada del 3 de marzo de 1997. Los médicos que lo recibieron declararon que intentaron hacerle tareas de reanimación, pero ya estaba muerto.

Esa noche, los policías de la sección Homicidios al mando del subcomisario Carlos Vallejos se movilizaron al lugar y horas más tarde detuvieron a Ariel Tomás “El Mono” Aguilera, en ese entonces de 19 años. En la calle levantaron algunas piedras que presentaban manchas de sangre. En un principio, se sospechó que lo había atacado a piedrazos. Los testigos, sin embargo, relataron que se trató de una pelea cuerpo a cuerpo.

El reconocido médico forense Alejandro Yesurón practicó la autopsia al cadáver y, si bien constató las heridas producidas por los golpes de puño y puntapiés, estableció que Mauricio Antonio Espejo murió por asfixia por estrangulamiento. En su informe explicó que la víctima había recibido una fuerte presión en la zona de la tráquea durante la golpiza.

El juicio

Ariel “El Mono” Aguilera reconoció que la gresca existió, pero lloró y juró que sólo golpeó a la víctima. El joven permaneció detenido por el delito de homicidio simple hasta que llegó el juicio en su contra en mayo de 1998 en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional. El ya fallecido fiscal de cámara Gustavo Manini desplegó muchos argumentos para sostener que Aguilera actuó con dolo, que infringió un brutal castigo a Espejo hasta matarlo y solicitó que lo condenaran a 10 años de prisión.

Los abogados Manuel Giménez Puchol y Raúl Morán cuestionaron el planteo del fiscal y reclamaron la inocencia de su defendido. Afirmaron que esa noche fue Espejo el que llamó a pelear a Aguilera, que todo se originó por una confusión y que éste fue hablar con la víctima en una actitud conciliadora. Giménez Puchol instaló la hipótesis de que el acusado reaccionó ante la agresión del otro y en ese marco correspondía encuadrar el hecho como exceso en legítima defensa. Morán insistió en esa línea, sosteniendo que estaban frente a una pelea como cualquier otra y que la agresión fue desproporcionada, pero que en ningún momento Aguilera tuvo la intención ni se representó la idea de asesinar a su contrincante.

El 12 de mayo de 1998, los jueces Ricardo Conte Grand, Héctor Fili y José Enrique Domínguez leyeron la sentencia. En el fallo le dieron la razón a la defensa. Dieron por probado que “El Mono” no quiso pelear, que incluso converso con la víctima en un primer momento para evitar la gresca y que en la agresión sólo usó sus manos y sus pies.

Afirmaron que tuvo responsabilidad en el crimen, pero no hubo dolo. Así también explicaron que Aguilera actuó con el propósito de causas daño en el cuerpo o en la salud de la víctima, que empleó un medio que no debió razonablemente ocasionar la muerte del otro joven y que existió la posibilidad de que previera ese resultado trágico. Por todo esto, entendieron que se daban las condiciones para calificar el asesinato como homicidio preterintencional. Es decir, matar sin tener esa intención.

Consideraron como atenuantes, la juventud del acusado y la calidad de primario, dado que no tenía antecedentes. Por otro lado, valoraron como agravante su conducta antisocial por el hecho de provocar y agredir verbalmente a las mujeres. Su veredicto fue el de la condena, pero a 4 años de reclusión en el Servicio Penitenciario Provincial de San Juan.

 

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