Historias del crimen

El pacto criminal de una joven pareja para asaltar y asesinar a un jubilado de Rawson

La tarde del 4 de mayo de 2015 encontraron el cadáver del jubilado Juan Carlos Pérez, en un barrio de Rawson. Le habían dado 21 cuchillazos. Después se descubrió que los asesinos eran su empleada y “novia” de 23 años y el novio de esta.
domingo, 31 de enero de 2021 · 10:28

Cómo llegó a meterse tanto en la vida del jubilado, nadie lo sabe. Pero desde que esa chica llegó a la casa de Juan Carlos Pérez a fines de 2014, nunca volvió a ser el mismo. Se encegueció tanto que se apartó de sus hijos, ella le manejaba la casa, el dinero y usaba sus vehículos. Era la “novia”, decían, sobre esa joven de 23 años que envolvió al abuelo hasta convertirse en su propia perdición.

Juan Carlos Pérez tenía 74 años y era viudo. Un jubilado metalúrgico que compraba y vendía autos y no le hacía falta nada en su hogar en la esquina de Elcano y Pergamino del barrio Edilco, Rawson. Sin embargo, la irrupción de Melisa Alejandra Sánchez en su vida, cambió por completo al abuelo. Sus hijos lo notaron, eso acarreó serias discusiones entre ellos al punto que el anciano eligió a esa chica antes que a su familia y corrió al hijo menor de su casa.

Con el tiempo, la joven tomó control de la vivienda, entraba y salía cuando quería. En ocasiones le cobraba la jubilación y sacaba sus autos como si fuese la dueña. Sabía todo de Pérez, pero aunque sacaba provecho de la situación, aparentemente, eso no la conformó. Además, había alguien más. Su novio Mario Exequiel Castro, un muchacho de 22 años con antecedentes penales que incidía mucho sobre ella. Y fue, justamente, con él que planeó esa trama siniestra contra el jubilado en los últimos días de abril de 2015.

El asesinato

Ellos dirán que no fue así, pero la Justicia quedó probado que entre las 13 y las 18 horas del jueves 30 de abril de ese año, Melisa Sánchez hizo entrar a Mario Castro a la casa del jubilado. Al parecer, venían con animosidad. En la mañana ella no había podido sacarle dinero al abuelo, eso quizás los puso molesto.

Se supone que Pérez estaba desprevenido y sentado en un sillón de la cocina cuando Castro le clavó un primer cuchillazo por la espalda. Posiblemente el abuelo quiso cubrirse o defenderse y recibió otro puntazo en el dorso de la mano derecha. En esos segundos continuaron los otros cuchillazos en el torso, el cuello y la cara. En total fueron 21 heridas cortopunzantes, que no dejaron chance al jubilado y cayó tendido en el suelo de la cocina.

No querían verlo, de modo que buscaron una colcha y cubrieron el cuerpo de Pérez, que en esos momentos se desangraba y daba sus últimas bocanadas de aire. Después prosiguieron con la otra parte del plan. Lo primero que hicieron fue romper un portarretratos, en cuya parte trasera el jubilado guardaba plata. También sustrajeron su tarjeta de débito del banco, un televisor 52 pulgadas y un roto martillo.

Cargaron todo en el auto Renault Clío del anciano y se dieron a la fuga, según la reconstrucción que hicieron los investigadores. Más tarde hicieron tres extracciones de dinero, por un total de 6.000 pesos, con la tarjeta de débito del fallecido.

El cadáver del jubilado quedó allí en la cocina. Y pasaron días hasta que encontraron el cuerpo. Una vecina que solía darle de comer a los animales de Pérez entró en horas de las siestas del lunes 4 de mayo de 2015 a la propiedad y por casualidad miró hacia el interior, por la ventana de la cocina. Ahí vio un bulto cubierto con una colcha y con moscas sobrevolando alrededor, a la vez que percibió un fuerte olor nauseabundo.

La mujer salió corriendo y avisó a otros vecinos. Al rato llegó la Policía y confirmó que se trataba de Juan Carlos Pérez, quien presentaba múltiples heridas punzantes y llevaba varios días de muerto. Los investigadores de Homicidios hablaron con los familiares y rápidamente surgieron los nombres algunas chicas que frecuentaban la casa, en especial de Melisa Sánchez que era una suerte de empleada y “novia” del jubilado. Los hijos y sobrinos relataron que esa chica tenía acceso a la casa y que andaba en el auto desaparecido.

La fuga

Para entonces, Sánchez había desaparecido. Allanaron su domicilio en Chimbas, pero no la encontraron. Por otro lado, averiguaron que la joven andaba de novia con Mario Castro, conocido por sus antecedentes por robo. Pero la investigación no se centró sólo en ellos porque, paralelamente, los policías detuvieron a otra joven, también de Chimbas. Esa chica luego despegó, no pudieron probarle vinculación alguna con el crimen.

El auto Renault Clio fue encontrado abandonado en la calle Sarmiento, en Caucete. Eso dio la pauta que los asesinos habían escapado posiblemente fuera de la provincia. En esos días, Melisa Sánchez se transformó en la persona más buscada de la provincia. Ello lo sabía y permaneció oculta hasta que finalmente se entregó acompañada por su padre en la Central de Policía.

Su detención fue clave. Ella misma permitió esclarecer el brutal asesinato dando una versión con la que intentó despegarse e involucró directamente a su novio Mario Castro. Lo primero que aseguró fue que ella no atacó a Pérez. Según la joven, permaneció ajena. Fue Castro el que entró a la vivienda con la idea de robar dinero y se abalanzó sobre jubilado. La chica contó que ni siquiera vio cuando éste lo mató a cuchillazos porque estaba en otro sector de la casa. Se lo dijo después, confesó, y que la amenazó para que guarde silencio y la obligó a que lo acompañara en el auto hasta Caucete.

Esto puso más en la mira a Castro, que ya se encontraba fuera de la provincia. El juez de la causa emitió la orden de captura y los investigadores empezaron a cruzar datos con policías de otras provincias para localizarlo. En ese ínterin detuvieron al primo, que declaró que estuvo con el sospechoso en las horas posteriores al asesinato y reveló que éste había partido hacia Buenos Aires. Los primeros días de junio de 2015, Mario Exequiel Castro fue detenido en La Tablada, Buenos Aires. Había cambiado su aspecto y estaba trabajando en un lavadero.

El juicio

El joven jamás confesó la autoría del crimen. Aseguró que nunca estuvo en la casa del jubilado y sólo acompañó a Sánchez a sacar dinero de los cajeros. La misma postura mantuvo durante el juicio y ambos se acusaron mutuamente durante el debate en la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional, en mayo de 2017. Incluso hubo un careo entre ellos, pero ninguno cedió.

Los abogados Gustavo De la Fuente y Javier Cámpora, los defensores de Sánchez y Castro, respectivamente, sostuvieron una férrea pelea judicial para demostrar que no existían pruebas para condenarlos. La fiscal Leticia Ferrón de Rago, en cambio, solicitó la máxima pena para la pareja. Los acusó de homicidio criminis causa, doblemente agravado por la alevosía y el ensañamiento, en concurso real con los delitos de robo agravado por el uso de arma y defraudación por el uso de la tarjeta de débito de la víctima. En su alegato planteó que mataron al jubilado para asegurarse el robo y garantizar su impunidad, que lo atacaron a traición y que le provocaron un gran sufrimiento con la cantidad de puntazos que le propinaron.

La condena del tribunal presidido por el juez Juan Carlos Peluc Noguera fue el de prisión perpetua. De nada sirvió el llanto de Sánchez, que salió a los gritos de la sala de audiencia. Hasta hoy, el abogado De la Fuente sostiene que “fue injusta la condena contra la joven por carecer de elementos probatorios”. De hecho, recurrió a Corte de Justicia de la provincia para dar vuelta el fallo, pero el máximo tribunal de la provincia confirmó la sentencia en agosto de 2017.

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