Historias del crimen

La tortura y asesinato del jubilado Towe en Pocito

Dos jóvenes, uno de ellos neuquino, entraron a su casa en Villa Aberastain y lo mataron. Fue justo la madrugada de la Navidad de 2005. El “Jacky”, como llamaban a la víctima, fue encontrado tres días más tarde maniatado, con un cable en el cuello y cubierto con colchas.
domingo, 3 de enero de 2021 · 09:29

Era la noche del 27 de diciembre de 2005 y por cuarto día consecutivo que no veían al “Jacky”. Por supuesto que esto preocupó a sus amigos y al dueño del comedor al que todas las noches solía concurrir el jubilado. Nadie lo había visto en esos días y lo llamativo era que su casa permanecía cerrada, pero se veía una luz encendida.

Ese comerciante amigo comentó sobre la extraña ausencia del “Jacky” a los policías de la Seccional 7ma de Pocito, que conocían bien al jubilado porque justamente vivía casi a los fondos de la comisaría. Esa misma noche, en los primeros minutos del 28 de diciembre de 2005, los uniformados caminaron hasta la casa del “Jacky”. Los amigos, que vieron pasar a los policías, los siguieron por detrás para ver qué pasaba.

Llamaron a la puerta, pero nadie atendía. El ingreso tenía candado, entonces los agentes saltaron el alambrado y entraron a la propiedad. Encararon para el fondo y se metieron a la casona por una puerta trasera que estaba sin traba. Al poco andar, vieron manchas de sangre en el piso que guiaban a uno de los dormitorios. El olor putrefacto ya se sentía. Apenas ingresaron a la habitación, todos quedaron paralizados. Sobre el suelo permanecía tendido el cuerpo de una persona cubierto con colchas.

Un vecino conocido

Era el “Jacky”. El jubilado llamado John Fernando Towe, un viejo vecino del centro de Villa Aberastain. Había sido asesinado. A la vista estaba que lo torturaron. Se encontraba boca abajo, con las manos y los pies atados con cables. Otro cable envolvía su cuello. Llevaba por lo menos 3 días de muerto y él o los asesinos habían dejado su cadáver tapado con cuatro mantas y un acolchado.

La autopsia reveló que le pegaron, presentaba algunas costillas fracturas como consecuencia de los golpes. Pero la causa real de muerte había sido el estrangulamiento. Con el cable de un artefacto eléctrico, según el informe forense. Eso indicaba que estaban frente a un ataque alevoso, pues la víctima se hallaba indefensa.

Los asesinos. Milton Navarrete (a la izquierda) junto a Gabriel Reyes Morales durante el juicio. Foto de Diario de Cuyo.

La intriga desvelaba a los policías de Homicidios y de la comisaría de Pocito. Primero averiguaron la vida privada de Towe, pero no había mucho. El “Jacky” era un hombre de 65 años que hacía poco tiempo se jubiló en OSSE. Hijo de un inmigrante inglés que trabajó en el ferrocarril y de una maestra. Había vivido siempre en esa antigua casona de calle Uriburu, casi Vidart, a la vuelta de la Seccional 7ma de Pocito y a metros de la plaza principal de Villa Aberastain. Tenía pocos parientes, era un solterón y sus compañías era sus amigos de Villa Aberastain, con algunos de los cuales cenaba o se reunía en el clásico restaurante Iranzo.

 

El dueño de ese comedor fue el que lo echó de menos a raíz de que lo veía de hacía días. La última vez que estuvieron juntos fue el 23 de diciembre. Otro amigo íntimo, de apellido Moral, contó que habló por teléfono con Towe la noche el 24 para invitarlo a cenar con su familia la Noche Buena, pero el jubilado no quiso. Después no supo más nada.

La sospecha

En principio la sospecha fue que el criminal era alguien conocido o cercano al “Jacky”. El mismo 28 de diciembre detuvieron a un joven pocitano que solía hacer trabajos en la casa del jubilado y que meses atrás fue denunciado por el hurto de unos objetos de la vivienda. Pronto esa línea investigativa empezó a desvanecerse cuando surgieron testimonios que hablaban de la presencia de dos jóvenes en los alrededores de la casa de Towe u ofreciendo joyas en los días posteriores.

Un hombre de apellido Castro, que hacía de vigilador privado en la zona, contó a los policías de Homicidios que mientras realizaba recorrida la madrugada del 27 de diciembre vio a dos jóvenes en la puerta de la casa de Towe, sobre calle Uriburu. Se ocultaron sospechosamente al verlo, aseguró. También mencionó que uno medía 1,80 metros de altura y era robusto, el otro mucho más bajo, delgado y hasta describió las prendas de vestían.

Otro testigo fue un vecino que relató que la noche del 26 de diciembre se cruzó con un tal Gabriel, al cual conocía de la villa de Pocito, junto a otro, al que llamaban Milton Isaac, en la plaza. Y que éstos le ofrecieron cadenitas, anillos y otros objetos de oro que llevaban en una mochila con la inscripción Nike. También apareció el relato de un amigo de Towe, que afirmó que otro conocido le señaló que llamó al celular del jubilado en dos ocasiones y le respondió otra persona.

Cercados

Los policías trataron de averiguar quiénes eran el tal Gabriel y el otro muchacho. Sus aspectos coincidían con la descripción que dio el vigilador privado. Los habían visto en el camping municipal. Después supieron que el primero era Gabriel Iván Reyes Morales, cuya familia reside en Villa Aberastain. Así fue que los investigadores de Homicidios localizaron su casa y entrevistaron a sus familiares. Fueron ellos los que revelaron que Gabriel y su amigo, el neuquino Milton Isaac Navarrete, se encontraban en la finca de una familia Ibaceta sobre la calle Aberastain, entre 18 y Gil. Agregaron que pensaban viajar a Mendoza. Allí supuestamente habían encontrado trabajo, pero la realidad era que se estaban ocultando, contó un investigador.

Los policías allanaron el lugar y detuvieron a Reyes, de 25 años, y Navarrete, de 19. En su poder secuestraron dos relojes, una colección de monedas antiguas, un reloj de bolsillo de 1908, el bolso Nike y otros objetos, todas pertenecientes a Towe. Esa fue prueba más que suficiente para encarcelarlos.

Más tarde apareció otro testigo que reveló que estos jóvenes le vendieron un celular, que resultó ser de Towe. Pero lo que cerró el circulo sobre ambos fueron las grabaciones de la cámara de seguridad del cajero automático del Banco San Juan en Villa Aberastain. Las cámaras registraron imágenes en las que se veía a Reyes y Navarrete intentando retirar dinero, posteriormente al crimen. En efecto, el informe del banco destacó que hubo intentos fallidos de extraer dinero con la tarjeta de débito de Towe.

Sin salida

Los hundió aún más el testimonio de un muchacho que estuvo presos con ellos en los calabozos de la Central de Policía. Ese detenido relató que escuchó a Reyes y Navarrete reconocer que entraron a robar a la casa del jubilado y que contaron que lo golpearon y estrangularon para obligarlo a decir la clave de la tarjeta de débito. También quedó probado que eligieron asaltar a Towe porque sabían que vivía solo y manejaba dinero.

Los dos jóvenes no tuvieron escapatoria. Por si fuese poco, los policías recibieron el dato que Navarrete aparentemente era buscado en Neuquén por otro crimen, pero sobre esa causa no sabe qué pasó. Lo es cierto es que Gabriel Iván Reyes Morales y Milton Isaac Navarrete fueron llevados a juicio en junio de 2007 en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional.

Si se quiere, tenía la condena asegurada, de modo que prefirieron no exponerse al juicio oral y público. Con el aval de la defensora oficial, la abogada Virginia Guillén, y del fiscal subrogante –en ese entonces- Carlos Rodríguez arribaron a un acuerdo y firmaron un juicio abreviado. El 11 de junio de ese año, el tribunal compuesto por los jueces Héctor Fili, Alfredo Conte Grand y Eugenio Barbera, que propuso condenarlos a reclusión perpetua, finalmente condenaron a ambos a la pena de prisión perpetua.

Fuentes del penal confirmaron que Milton Isaac Navarrete todavía sigue preso. De Gabriel Iván Reyes se dice que murió por una enfermedad contagiosa dentro de la cárcel.

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