En la Justicia Federal

El peligroso preso del resonante secuestro en San Juan al que le negaron la domiciliaria

Es Aldo Villafañe, cumple 30 años de prisión. Fue uno de los que solicitó irse a su casa por el coronavirus. El Tribunal Oral Federal rechazó su pedido.
viernes, 1 de mayo de 2020 · 09:13

Entre los 16 presos a los que la Justicia Federal les denegó la prisión domiciliaria por el coronavirus, hay nombres que sorprenden por su pasado y peligroso historial delictivo. Uno de ellos es Aldo Villafañe, un peligro delincuente que participó del secuestro que conmocionó a San Juan en 2002 y que cumple una condena de 30 años de cárcel en el penal de Chimbas.

El caso que más llama la atención es el de Aldo Ramón Villafañe, una de las caras visibles en el resonante secuestro de María del Carmen López de Barceló. Un hecho que tuvo en vilo a la provincia entre el 9 y el 13 de agosto de 2002 y que hoy cobra interés a raíz del pedido que hizo al Tribunal Oral Federal de San Juan este famoso preso, para que lo beneficie con la prisión domiciliaria. Su argumento: una supuesta enfermedad que lo pone dentro de la población en riesgo por el COVID-19. Sin embargo, los jueces federales Hugo Echegaray, Eliana Rattá Rivas y Daniel Doffo resolvieron rechazarle el beneficio. Por una sencilla razón, tiene una condena unificada de 30 años de cárcel por el secuestro de la mujer del empresario sanjuanino y por otros dos hechos similares cometidos en San Luis y Córdoba, además que posee antecedentes de fuga, aseguraron fuentes judiciales.

El secuestro

Aldo Villafañe es lo que se dice un delincuente peligroso. Acá en San Juan su nombre se hizo conocido en agosto de 2002. La mañana del 9 de agosto de ese año, una banda tomó por sorpresa a una empleada doméstica e irrumpió en la casa del empresario Eduardo Barceló en calle Mendoza, al Sur de República del Líbano, Rawson. Los sujetos buscaban al hijo del matrimonio, pero como no lo encontraron dentro de la vivienda, tomaron cautiva a María del Carmen López de Barceló. Además de llevarse a la mujer en un vehículo, robaron elementos y dinero de la vivienda.

Impactante. Un camarógrafo de Canal 8 captó el momento en que López de Barceló todavía era amenazada por sus captores, antes de ser libeerada

Ese día comenzó otra historia de negociación con sus captores y la infructuosa búsqueda de la mujer secuestrada, que permanecía amenazada y encerrada en una casa del barrio Solares de Otoño IV, en Trinidad. Fueron jornadas de angustia para la familia Barceló y también para la comunidad sanjuanina, que hasta marchó pidiendo la liberación de López. La víctima pasó sus peores días. Los delincuentes la tuvieron sentada en el piso, con los ojos vendados y la boca atada durante gran parte de su cautiverio.

La liberación

Los secuestrados no imaginaban que la Policía rastreaba las llamadas extorsivas. Fue así que localizaron la zona de dónde venían algunas de las comunicaciones y después descubrieron la casa del barrio Solares de Otoño IV, donde posiblemente tenía cautiva a la mujer del empresario. Justamente, el primero en caer fue el cordobés Aldo Villafañe, que esa mañana salió a comprar en bicicleta y fue detenido por los policías de la Brigada de Investigaciones. A los segundos, otros uniformados entraron por la fuerza a la casa, capturaron a los cordobeses Cristian Díaz, José Luis Bravo y César Cabrera, y liberaron a María del Carmen López de Barceló. Otro apresado en los allanamientos posteriores fue el sanjuanino Roberto Campillay. Al tiempo detuvieron al cordobés Martín Luzi, el supuesto líder de la banda, y el sanjuanino Sergio Caparros, quien hizo de nexo local.

El 20 de septiembre de 2005, en un primer juicio, el Tribunal Oral de Federal de San Juan condenó a Aldo Villafañe y César Cabrera a 20 años de prisión. A José Luis Bravo le dieron 18 años de cárcel. Cristian Díaz recibió la pena de 10 años y el sanjuanino Campillay –que luego falleció- 7 años de prisión. En un segundo juicio, en febrero de 2014, castigaron con 11 años de prisión Martín “El Porteño” Luzi y al sanjuanino Sergio Caparros.

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