Era la cero hora del 25 de diciembre de 2007. En cada hogar levantaban las copas para brindar por la Navidad mientras el cielo se iluminaba con los fuegos artificiales y los petardos y bombas de estruendo aturdían las calles vacías de la provincia. Pero en ese mismo momento en que todos festejaban, en una esquina céntrica de la capital, una banda perpetraba uno de los golpes más impactantes de la historia criminal de San Juan. Un robo perfecto y tan bien planeado al estilo boquetero, que en medio de la noche se alzaron con el fabuloso botín de medio millón de pesos, en ese tiempo entonces una cifra más que importante, de la casa central de Sport Brant.
No sólo es recordado por la planificación y la limpia ejecución de los delincuentes, también porque el desconcierto hizo que la Policía jamás pudiera resolver el caso. Se habló de un posible entregador, de la falta seguridad en el local comercial, de la frágil vigilancia policial en el centro y de la acción de una banda de ladrones profesionales de afuera, en un ataque que aún hoy guarda muchos interrogantes.
Nada fue al azar, los autores del golpe seguramente trazaron el plan durante meses y estudiaron cada detalle. Pasado tantos años, los viejos policías que trabajaron en la investigación de ese caso siguen convencidos que hubo un entregador, alguien que tenía acceso a la casa matriz de la firma Brant en la tradicional esquina de Avenida Ignacio de la Roza y calle Tucumán, en pleno corazón de la ciudad de San Juan.
Evidentemente estaban al tanto que en ese local llegaba la recaudación de las seis sucursales y de las oficinas de la tarjeta de crédito “Data 2000”. No fue causalidad entonces que eligieran como blanco del robo a ese local comercial. A eso se sumó un dato más. El lunes 24 era feriado, eso significaba que los bancos no atendían ese día y por tanto la recaudación del fin de semana largo de todos los locales no iba a ser depositada en una entidad financiera. Es decir, el efectivo quedaría guardado en la casa central.
Los delincuentes manejaban información de las oficinas de los dueños y la ubicación de la caja fuerte, la característica de ésta y todo lo referido a la seguridad, que por cierto jugaba a su favor. Ese negocio no contaba con alarmas ni cámaras y tampoco con sereno. Sabían que no había vigilancia externa y que el policía más próximo que recorría la zona estaba apostado en la entrada Sur de la peatonal de calle Tucumán, o sea, del otro lado de la avenida. Y sobre todo, tenían el lugar exacto por dónde ingresar: un antiguo ventanal del local que había sido clausurado y rellenado con ladrillos y cemento, que daba a la playa de estacionamiento situada al costado Oeste del negocio. Esa cochera abierta tiene dos entradas, una por calle Mitre y otra por Ignacio de la Roza.
Tenían todo digitado. Fue así que pensaron que nada mejor que dar el golpe en la noche de Navidad, en los momentos en que no hay ni un alma en las calles del centro y todos están brindando o tirando pirotecnia. Y así lo hicieron.
Una noche única
A la cero hora del 25 de diciembre de 2007, cuando todo el cielo empezó iluminarse por los fuegos artificiales y los estruendos de los cohetes y petardos anunciaron la llegada de la Navidad, los ladrones entraron en acción. Supuestamente, saltaron las rejas del portón de ingreso a la playa de estacionamiento por calle Mitre y caminaron hasta esa ventana tapada con ladrillos, que era claramente visible. A combazos, y posiblemente con una barreta, rompieron la pared a la altura de eso viejo ventanal y abrieron un boquete de aproximadamente 50 centímetros de ancho por otros 50 de alto. A través de ese hueco se colaron al interior de una oficina del local de Sport Brant. No hicieron más que caminar unos metros y accedieron a la oficina donde estaba la caja fuerte del tamaño de una heladera. Como no había alarmas ni cámaras tuvieron el tiempo necesario para que abrir la bóveda. Para ello utilizaron un taladro especial para agujerear la puerta de acero y romper el sistema de trabas.
Una vez que abrieron la pesada puerta, hicieron lo mismo en dos pequeñas cajas de seguridad empotradas dentro de la misma caja fuerte. Cuando las abrieron, se encontraron con el dinero de toda la recaudación de la cadena de comercios de los Brant. Un monto de 500 mil pesos, reconoció un vocero de la firma. Era mucho dinero si se lo compara con lo que valía en ese entonces el dólar, que cotizaba a 3,19 pesos. Esa plata equivaldría hoy, con un dólar a 67, a más de 10 millones de pesos.
Los únicos rastros que dejaron los delincuentes fueron la caja fuerte violentada, algún que otro desorden en las oficinas y el boquete en la pared que da al estacionamiento. En los demás, no se sabe cuánto tiempo estuvieron ahí adentro porque nadie los vio. El robo pasó inadvertido para el policía que hacía vigilancia en la entrada Sur de la peatonal, como así también para los otros uniformados apostados en otros sectores de las dos peatonales. Como no hubo actividad todo el martes 25, la playa de estacionamiento también permaneció cerrada.
Recién el miércoles 26, cuando la ciudad volvió a su rutina diaria descubrieron el robo. El primero en enterarse fue Bernardo Brant, uno de los dueños, que llegó pasadas las 7.30 de la mañana a abrir el comercio y las oficinas de la esquina de Tucumán e Ignacio de la Roza y encontró vaciada la caja fuerte y el boquete en la pared, según los registros periodísticos. En la Policía quedaron sorprendidos por novedad.
Tan perfecto había sido el robo que ni siquiera pudieron levantar huellas, dado que los ladrones aparentemente utilizaron guantes. Ese fue el primer indicio de que sería difícil resolver el caso. De hecho, los investigadores se metieron a las villas para obtener datos sobre la misteriosa banda y realizaron un par de allanamientos apuntando a posibles sospechosos, pero no encontraron nada. Siempre existió la sospecha de que hubo un entregador y que la ejecutora del golpe fue una banda de otra provincia, pero todo quedó en suposiciones. A más 12 años de aquel robo, no hay nada.