FALLO DEL JUEZ BLEJMAN

Muerte del ex boxeador: droga, amor prohibido y crimen por encargo

Tras cuatro años, el juez del Cuarto Juzgado de Instrucción dictó una resolución contra Carlos Camargo Luján (32) por su participación en el homicidio de Guillermo Romero. Y mandó a detener a un cómplice que había zafado. Por Gustavo Martínez Puga.
lunes, 16 de noviembre de 2015 · 12:11
Por Gustavo Martínez Puga

-Primera promesa de muerte. Veintitrés de enero de 2011, a las 23 horas, en la puerta de un cumpleaños y delante de todo el vecindario del Barrio Colón, Santa Lucía: "Te voy a dar vuelta, botón; sos boleta, te queda muy poco".

-Segunda promesa de muerte. Primeros días de febrero de 2011. En la puerta de la casa de la víctima, mientras lavaba el auto: "A vos te voy a matar con un fierro".

-Tercera promesa de muerte. Cinco de febrero de 2011, a las 22.30 horas, mientras la víctima estaba en la puerta de su casa, junto a su mujer y su yerno: "Mañana vas a ser boleta, te vamos a matar. No vas a buchonear más”.
-La muerte llegó. Domingo 6 de febrero de 2011, entre las 12 y las 12.15. Dos asesinos llaman en la puerta de la casa de Guillermo Romero; le disparan a quemarropa en el pecho y cuando escapan en una moto, para no dejar dudas, dicen a los gritos: "Esto es un encargo de Martín Camargo".

Sin lugar a dudas, la del ex boxeador Guillermo Romero fue una muerte anunciada que nadie intentó parar.
 
Cuatro años después, la Justicia se despertó y se ocupó del caso: el juez Maximiliano Blejman resolvió procesar a Carlos Martín Eleazar Camargo Luján (32) por su participación principal en el homicidio agravado de Romero. Además, le trabó un embargo de 500.000 pesos sobre sus bienes. Y mandó a meter preso a un cómplice.

Todo se destrabó a partir del 7 de julio último, cuando Camargo se entregó a la Justicia en Mendoza y fue traído a San Juan a disposición del Cuarto Juzgado de Instrucción. Él se dijo inocente, que no tuvo nada que ver, que el día del crimen estaba en la cárcel visitando a un tío y que, justo ese día del homicidio, se fue a vivir a Mendoza porque le había salido un trabajo.

Pero las pruebas lo dejaron mal parado. Nada de eso pudo ser tomado como cierto por la Justicia, donde el juez Blejman decidió procesarlo por una figura penal grave. Es que, si bien todo indicaba que Camargo había mandado a matar a Romero, probarlo con hechos era una situación complicada.

Sobre ese punto, el juez Blejman dice en su fallo que "la concurrencia de indicios precisos y bien comprobados, corroborando una hipótesis razonable, tiene más fuerza persuasiva que cualquier otro medio probatorio. La concordancia de los indicios en la presente causa poseen innegable valor objetivo y me conduce a conclusiones seguras”.

Además de los testimonios, para poder procesar a Camargo el juez Blejman tuvo en cuenta el contexto del crimen del Romero: desde el año 2010 se produjeron "incidentes de violencia verbal”, luego hubo una pelea callejera en la que Romero terminó con la cabeza partida por un arma de Camargo, hasta concluir en el homicidio.  

"Camargo consideró que Romero no solo le coartó su relación sentimental con la hija adolescente de la víctima (Dayana Romero) sino también le atribuyó los diversos problemas con la justicia que se le generaron al encartado debido a las denuncias formulada por Romero ante las autoridades policiales y judiciales, por su supuesta vinculación con el comercio de estupefacientes”, analiza el juez Blejman en su resolución. 

Los Romero, junto a decenas de vecinos del Barrio Colón, habían denunciado a Camargo ante el ex intendente Aníbal Fuentes y ante la Policía de San Juan, ya que estaban cansados de que "le vendiera drogas a los chicos, manoseara a las chicas del barrio y amenazar a todo el vecindario”, consta en el fallo.

Esa denuncia pública contra Camargo terminó en un allanamiento de la policía, el cual dio negativo.

Pero el juez Blejman entendió que, además de esa denuncia, los problemas habían arrancado antes: "Esa relación amorosa clandestina y prohibida –la de Camargo con la hija menor de Romero- sería la génesis de todos los problemas que se suscitarían en adelante entre la familia Romero y Camargo y el móvil que motivó el plan criminal que culminarían lamentablemente con la muerte violenta de Romero”.

Para determinar el vínculo de Camargo con los asesinos, el juez Blejman se basó en el testimonio de dos vecinos.

Uno es Eduardo Espejo. En su relato dijo que, cuando regresaba de hacer unas compras, vio el momento en que Camargo le daba un arma envuelta en un trapo negro a un sujeto tuerto, con un parche en el ojo.

El otro es el testimonio de la vecina Mónica Barreto, quien se encontraba en la vereda de su vivienda, ubicada enfrente a la de Romero: "Si bien le advirtió a éste con un grito del sujeto que se le acercaba portando un arma de fuego envuelta en un trapo de color negro, Romero no sólo no la escuchó, sino que no tuvo tiempo de intentar ni una mínima defensa, sorprendido por la rápida acción del sujeto autor del disparo”.

"Camargo, su papel o rol fue fundamental, esencial y principal en este homicidio, ya que no solo brindó la información necesaria a los sicarios sobre la víctima y su domicilio, sino que inclusive días antes del hecho, hizo entrega a uno de los sujetos del arma con el cual llevarían a cabo su accionar homicida”, concluyó el juez Blejman.

También buscan a Soto

Además de procesar a Carlos Camargo Luján, el juez Blejman también ordenó "la inmediata búsqueda y detención de Lucio Gallardo Soto, DNI Nº 40.104.466, con último domicilio conocido en Gualberto Godoy 2632, Guaymallén, provincia de Mendoza”.

Antes a Soto le habían dado la falta de mérito. Pero ahora el juez Blejman decidió mandarlo a detener porque consideró que hay pruebas para revertirle esa situación.

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