El 30 de octubre la vida de Miguel Ángel Montaña dio un giro de 180º, pasó de ser un tipo con una vida tranquila abocado a su familia a vivir atrincherado en su propia casa por miedo a ser golpeado o baleado en la calle. Montaña es el carnicero acusado de provocarle lesiones graves al delincuente que ingresó armado junto a otro cómplice al local comercial ubicado en Rawson donde él se desempeñaba como empleado. “Tengo miedo”, confesó el hombre apoyado tanto legalmente como psicológicamente por su abogado, Ismael Hidalgo.
Los recuerdos que tiene Montaña del miércoles 30 de octubre son difusos. Dijo que Mario Iván Jácamo (de 27 años) lo apuntó con un arma 38 milímetros en la cabeza mientras que el otro delincuente Carlos Néstor Straus (20 años) la redujo a María Eugenia Artero, la cajera de la carnicería. En el medio de la desesperante situación, Montaña agarró coraje y forcejeó con el delincuente. Se armó una especie de batahola que terminó con Jácamo baleado y Straus prófugo (fue apresado el 15 de noviembre en Chimbas).
La Policía llegó minutos después. Inmediatamente le hicieron a Montaña un dermatest que confirmó que no tenía pólvora en sus manos, lo que demostró que él nunca manipuló un arma. Lo mismo fue llevado a la comisaría 24º, donde estuvo once días detenido. En la puerta de la seccional se desarrolló una batalla campal con los familiares y amigos del baleado, quienes apedrearon el edificio en defensa de Jácamo. Hasta la madre del delincuente salió a defender a su hijo, que gozaba de salidas transitorias.
El 30 de octubre a las 12.30 su vida cambió para siempre. Montaña vive atemorizado, no quiere salir de su casa, su esposa y sus seis hijos también están con miedo, no saben si en la calle los van a golpear. Los chicos están encerrados, ni a la escuela quieren ir. La batalla que se dio en la puerta de la 24º despertó el temor del hombre, que ahora no sale a la vía pública ni a comprar.
Pero esos no son los únicos cambios que experimentó Montaña. Es que el hombre de 48 años vivía del sueldo que cobraba en la carnicería, en la que trabajaba desde hacía años. Ahora sus patrones le están pagando el sueldo aunque el negocio esté cerrado pero esta situación no podrá extenderse en el tiempo. Sin un trabajo fijo y con el pánico constante vive el “justiciero” que fue apoyado por la sociedad en las redes sociales.
Atrás quedaron los días en los que se juntaba con sus amigos a tomar algo por ahí o cuando atendía con esmero y dedicación a la gente de la villa Fleury y de la villa Lerga, de Rawson, que le compraba en la carnicería. Los vecinos del negocio describen a Montaña como un hombre muy simpático, laburante y siempre con una sonrisa en la cara.
El hombre tiene tanto miedo que no quiso fotos para este medio, ni siquiera de espaldas. Tiene miedo a las represalias de la familia del delincuente y siente que puede ser identificado. Incluso la nota la dio a través de su abogado, Ismael Hidalgo, quien contó que es la primera vez que tiene un caso así. “Ahora la víctima de todo esto la que tiene vivir con miedo y paralizado, es de no creer”, dijo el abogado.
La contención que recibe de su familia, de su abogado no basta para Montaña, quien decidió irse a vivir a otra provincia el año próximo para que sus hijos puedan ir tranquilos a la escuela y él salir con la frente en alto a enfrentar la vida. Hasta ahora Mendoza y La Rioja son las dos opciones que maneja. Su mayor anhelo es que el miedo no lo paralice más y pueda continuar teniendo una vida normal.
La carnicería, cerrada
La carnicería Fátima cerró sus puertas el 30 de octubre y no hay perspectivas de que pueda volver a abrir sus puertas en el corto plazo. Los propietarios del local comercial piensan poner en alquiler el salón porque no saben cómo arrancar después de semejante episodio. Hasta ellos viven con miedo, incluso una guardia policial custodia el negocio, ubicado en calle República del Líbano y Paula Albarracín de Sarmiento, Rawson.