Violación en el Dique de Ullum

Un monstruo al volante

En el 2007 un perverso que manejaba un remis trucho, violó e intentó asesinar a una joven de 19 años. La víctima sobrevivió al brutal ataque y arrastrándose por el escabroso suelo cercano del dique pudo conseguir ayuda. Por Omar Garade.
domingo, 01 de abril de 2012 · 10:59

Por Omar Garade

Una de las violaciones más atroces que se conoce en la historia de los casos policiales sanjuaninos, estuvo protagonizada por un chofer de remís que conducía libremente por toda la ciudad. Este monstruo tuvo la oportunidad de elegir la víctima, la hora, y el lugar en que iba a atacar por el simple hecho que nadie controló que tanto él como su vehículo cumplieran el más mínimo requisito como para ofrecer y lucrar con un servicio público en San Juan.

La falta de controles serios sobre los remises, le dio a este criminal una oportunidad única para engañar a su víctima y lograr que subiera a su auto. Ella confió en el sistema de remises de la ciudad, por eso subió a ese Renault 19. Ella nunca pensó que un simple viaje hasta su casa en Rawson terminaría en una pesadilla que duraría toda la vida.

No hay que quitarle gravedad al hecho de que las autoridades no hubieran sabido que un criminal de estas características circulaba por las calles sin que nadie se lo impidiera. La gente confía en que los funcionarios públicos efectúan su tarea y que ninguna persona con este tipo de perversidades pueda manejar un remis. Pero esto no fue así en enero del 2007 y una joven de 19 años terminó violada y casi muerta a orillas del lago de Ullum.

Tal fue la ineptitud y la soberbia de los funcionarios de esa época, que el secretario de Tránsito y Transporte de la provincia, Enrique Vega, aseguró  que el “sistema de controles funcionaba a la perfección”, y que no era necesario controlar a las agencias de remis por su personal. Lo cierto es que un remisero trucho que pasó fácilmente su “sistema perfecto” casi termina con la vida de una muchacha.

Por supuesto, luego de lo sucedido, los controles se volcaron a las calles y más de un chofer y auto sin permiso fueron radiados. El problema está en el precio que se tuvo que pagar para que estos empleados públicos se movieran de sus sillas y realmente hicieran su trabajo.  Habría que ver si en la actualidad los controles se siguen ejerciendo con la rigurosidad que se necesita, para que no haga falta una nueva víctima que despierte a los responsables de nuestra seguridad.

Todo pasó en la madrugada del martes 9 de enero del 2007, cuando “C” (no daremos el nombre de la víctima hoy, como tampoco se dio en toda la cobertura periodística que se realizó durante los días después de conocido el hecho), salía de su trabajo de moza en un bar céntrico ubicado en la esquina de Libertador y Tucumán.

Ella tenía tan solo 19 años y hacía poco que estaba trabajando en el lugar. Apenas estuvo en la vereda mandó un mensaje desde su celular a un remisero amigo de la familia para que la viniera buscar. Le respondió que no podía porque estaba ocupado y la joven se decidió a buscar otra forma de transporte para llegar a su casa en Rawson.

Era tarde y por lo tanto ya no había colectivos. Fue allí, parada y angustiada por no saber qué hacer, cuando un auto blanco se paró cerca de ella. Se trataba de un remís de la agencia “La nueva central”, conducido por Sergio Rolando Núñez, que le ofrecía a la muchacha realizar el viaje que ella necesitara.

Discutieron el precio para ir hasta Rawson, se pusieron de acuerdo en el monto (6 pesos), y acto seguido “C” subió al auto en el asiento del acompañante.  Cuando comenzaron a andar, la joven le pidió a Núñez que la alcanzara a un cyber café que se encontraba a pocas cuadras para entregarle un dinero y un CD a un amigo.

Él accedió y hasta allí la llevó. La esperó unos minutos y luego la chica volvió a subir para seguir viaje. Ahora fue él quien le pidió que lo esperara un instante y se bajó en un kiosco, donde compró tres botellas de cerveza para “llevar a su casa”. Cuando arrancó el Renault 19, no tomó dirección para Rawson, sino todo lo contrario, como si fuera para Rivadavia. La moza se dio cuenta y se lo hizo saber al remisero. Fue en ese mismo momento que se desató el infierno.

La única respuesta que recibió “C” fue un fuerte golpe de puño en la cara. El dolor la desencajó y le hizo perder el sentido de la realidad por unos segundos. Cuando empezaba a recuperar la visión, otro golpe, más fuerte aún le hundió el pecho y la dejó sin aire. Estaba retorciéndose en el asiento, cuando un tercer manotazo le sacudió la nuca. Todo era mareo y dolor. No podía casi respirar y ya sentía que su sangre invadía la cara.

Lanzó un gran suspiro que le llenó de nuevo los pulmones de aire y se largó a llorar. “Basta, por favor, basta”, gimoteaba “C” mientras trataba cubrirse el rostro con los brazos. Él le volvió a pegar en el pecho, ella bajó la guardia y de nuevo el asestó un potente golpe con el puño cerrado entre la boca y la nariz. “Calladita, puta. Quedáte calladita, que ya llegamos”.

Esta última trompada casi desvanece del todo a la muchacha que ya no tenía mucha noción de lo que le estaba pasando. Él abrió una de las cervezas y trató que su víctima bebiera. “Tomá puta, ¿no te das cuenta lo que te va a pasar?”, le decía el conductor mientras  la bebida se volcaba sobre la remera y el jeans de la joven.

Mientras los golpes seguían, el auto ya se encontraba en la zona del Dique de Ullum. Dobló en Playa Hermosa, y se estacionó cerca del lago. Allí le tiró cerveza en la cara para despertarla y le ordenó a “C” que se sacara toda la ropa, si no la iba a “matar a trompadas”. La joven le hizo caso, él tiró los asientos delanteros para atrás y comenzó a violarla.

Lo hizo reiteradas veces tanto vaginalmente como analmente. La chica se resistía lo más que podía mordiéndolo y rasguñándolo. Esto enfureció al animal, que la volvió a golpear reiteradamente en la cara para que “se dejara de joder”. Luego la tomó de los pelos y la obligó a que le realizara sexo oral.

Todo parecía haber terminado, cuando Núñez violentamente se bajó del auto, sacó  a su víctima tomándola de los pelos y la condujo hasta la orilla del lago. Allí trató de ahogarla varias veces. Le metía la cara en el agua y le volvía a pegar. Cuando la chica casi se derrumbaba la volvió a violar en reiteradas ocasiones en el irregular suelo de tierra y piedras.

Núñez se sintió “satisfecho” y comenzó a vestirse. Le ordenó lo mismo a ella y por unos minutos estuvieron callados los dos. En otro ataque de furia, el remisero la agarró de nuevo de los pelos y la llevó hasta uno de los espejos laterales del auto y le mostraba a la víctima cómo había quedado su cara luego de semejante golpiza. “Peor te va a quedar la jeta si decís algo, entendés puta”, le gritaba a la muchacha mientras ella veía su cara convertida en un gran hematoma.

La subió al auto y salieron de Playa Hermosa. Tomaron como para volver de nuevo a la ciudad por la ruta provincial N° 14, cuando a los pocos minutos volvió a detenerse  sobre la zona conocida como Río Seco, un badén grande cercano al camino, y le ordenó bajar del vehículo. Cruzaron una loma a pie, lejos de la vista de los que podían pasar, y allí se detuvieron.
Sin decirle nada comenzó a pegarle por todo el cuerpo hasta que “C” cayó pesadamente en el suelo. Una vez allí la empezó a atacar con un destornillador que había traído con él. Los primeros puntazos fueron en el sector izquierdo del abdomen.  Luego, viendo que aún se movía, le asestó tres puntazos más en el cuello.

Núñez se quedó mirando cómo la sangre brotaba de las heridas, esperando que la joven muriera de un momento a otro. Se estaba por ir, cuando la muchacha en un gesto de dolor estiró una mano hacia él. Esto enloqueció aún más al violador, que tomó una piedra que había en el suelo y con ella golpeó fuertemente la cabeza de “C”.

Allí parecía haberse terminado todo. Esperó unos segundos más para ver si quedaba algún vestigio de vida en la joven y luego de quedar satisfecho creyendo que estaba muerta, le sacó el celular del bolsillo del pantalón y se fue del lugar.

Increíblemente “C” no estaba muerta. Luego de recibir el golpe con la piedra y al advertir que su agresor no se movería de su lado hasta que se convenciera de que estaba muerta, la joven decidió quedarse lo más quieta posible para convencer a su agresor de su muerte. Finalmente se desmayó y se despertó unas horas más tarde, cuando la luz del sol ya empezaba a bañar toda esa zona desierta.

El dolor llegaba a cada parte de su cuerpo. Casi no se podía mover. En realidad toda la parte izquierda estaba paralizada. De ese lado había recibido los puntazos del destornillador en el abdomen y en el cuello. Se tocaba con su mano derecha y en donde asentaba sus dedos, había sangre. Ni siquiera intentaba rozar su cara, porque se daba cuenta que estaba totalmente hinchada.

Vio la piedra ensangrentada, las huellas de su agresor, y sin dudarlo un segundo más se empezó a arrastrar para salir de ese horrible lugar. El esfuerzo que hizo esos pocos metros para subir y bajar esa pequeña loma que la separaba de la ruta, fue titánico. Ni ella creía tener tanta resistencia al dolor y fuerzas para realizar esa proeza.

Lo consiguió y como pudo llegó hasta la banquina. Estuvo solo unos minutos en ese lugar, hasta que divisó a dos ciclistas. Las dos personas se bajaron y socorrieron a la joven herida. Llamaron a la policía de Ullum, que llegó en corto tiempo, al igual que la ambulancia que la transportaría hasta el Servicio de Urgencia del Hospital Guillermo Rawson.

Desde que tomó contacto con el primer policía mientras todavía estaba tirada en la ruta 14, la muchacha denunció a su salvaje atacante. Ella dio todos los datos que se acordaba de ese animal y los uniformados rápidamente comenzaron la búsqueda. Lo mismo pasó mientras era atendida en el Rawson. Los médicos se sorprendían que a pesar de lo lastimada que estaba, “C” nunca perdió la lucidez y cada vez agregaba más datos para atrapar a su agresor.

Con toda la información en sus manos, los investigadores salieron a la “caza” del violador por toda la provincia. Llegaron hasta la agencia “La nueva central” y rápidamente identificaron al agresor con las características que ellos buscaban. Se trataba del “Coreano”, el sobrenombre con el que se lo conocía a Sergio Núñez.

Los mismos empleados de la agencia de remís ubicaron esa mañana del 9 de enero al criminal, que a las 11 horas de ese día se encontraba “trabajando” en pleno centro de la ciudad. Inmediatamente y a través de un fuerte operativo fue detenido y llevado esposado  a la Central de Policía.

Dentro de su automóvil se encontró todo tipo de evidencias con sangre de la víctima. Desde el destornillador con el que trató de matarla, hasta ropa y manchas esparcidas en el interior del remis.  Además, un día después, recuperaron el celular que le robó a la muchacha en la casa de su ex concubina.

El juez Agustín Lanciani, con todas esas evidencias en su poder, y sobre todo con el testimonio de “C”, lo procesó rápidamente bajo los cargos de “Abuso sexual gravemente ultrajante con acceso carnal calificado por el resultado”. Además por “Tentativa de homicidio doblemente agravado”, y finalmente también por “Robo agravado”.

Todos estos cargos enfrentó Sergio Núñez durante el juicio que se hizo en su contra en octubre del 2008 ante la Sala Primera de la Cámara en lo Penal y Correccional, integrada por los jueces Dr. Arturo Ernesto Velert Frau –presidente-, Diego Román Molina y Raúl José Iglesias.
Durante ese proceso se escuchó el desgarrador testimonio de “C” que durante dos horas y media contó todo lo vivido, interrumpida sólo por su propio llanto al tener que recordar la pesadilla que le tocó vivir en el verano del 2007. Terminó su testimonio y salió destrozada y temblando, y solo se consoló entre los brazos de sus padres.

Finalmente el 15 de octubre del 2008 los jueces de la Sala Primera sentenciaron a Sergio Núñez a 36 años de reclusión, una de las penas más duras que se recuerde en la justicia local, ya que la misma sería muy difícil de rebajar en su cumplimiento aunque el reo tuviera buena conducta, por lo que se espera que el violador tenga que cumplir casi la totalidad de la pena. Es decir que podría volver a la libertad aproximadamente en el año 2044.

Los doctores Velert Frau, Molina e Iglesias entendieron que esta persona había actuado en forma alevosa en todo momento, intentando asesinar a la víctima y produciéndole daños físicos y psíquicos para toda la vida. Además señalaron que el acusado quiso ocultar lo que había hecho y así escapar de su responsabilidad.

En este caso la justicia y la policía estuvieron a la altura que el caso necesitaba. La policía deteniendo rápidamente al violador, y la justicia procesando y sentenciando con severidad al acusado.

Los únicos que no cumplieron con los que de ellos se esperaba, fueron los funcionarios de Tránsito y Transporte, que cuando se les preguntó sobre los controles a remises, sólo atinaron a defenderse y a poner excusas en vez de hacerse cargo de que ellos habían fallado en garantizar la seguridad de los pasajeros sanjuaninos.

Heridas

Las heridas emocionales que le dejo la agresión a la que fue sometida joven moza, le duraron mucho tiempo. En momentos de declarar en el proceso contra Núñez, el abogado que la representaba, comentó a los periodistas que “C” casi no podía hablar con los hombres, porque todavía estaba muy shockeada por lo sucedido.

La muchacha no lograba entender por qué este sujeto la violó y la golpeó en el auto, para luego hacerlo nuevamente a orillas del lago. No podía comprender por qué tanto odio hacia una persona que ni siquiera conocía. Cuando se le preguntó si se había enterado que su agresor había querido suicidarse en una celda de Chimbas, la joven contesto que era una “lástima que recién ahora se haya dado cuenta de lo que hizo”.

Las heridas físicas también quedaron por mucho tiempo en el cuerpo de la víctima. En aquella declaración ante el tribunal que sentenció a Núñez, se observó que todavía le quedaban marcas en su cara del ataque sufrido. No se podía decir que estaba desfigurada, pero indudablemente las heridas dejarían una marca imborrable en su rostro.

Truchos

Debido a este caso todos los ojos se posaron sobre las remiseras. La primera en ser investigada, fue “La nueva central” en donde trabajaba el violador. Una vez allanado el lugar con una orden judicial, se encontraron otros tres automóviles fuera de regla. Normalmente no tenían los papeles mínimos o tenían permisos de otros autos que ya no estaban en circulación.

En aquella época varias remiseras estuvieron a punto de perder sus licencias. También se realizaron fuertes operativos en la calle para pedir la documentación a cada uno de estos autos de alquiler.

 Lo que se pudo comprobar es que los registros de Tránsito y Transporte eran totalmente inútiles si no se hacían las inspecciones mínimas en las agencias,  como también con los autos y choferes en la calle.

Perverso

Un psicólogo judicial aseguró que Núñez tiene una personalidad con rasgos antisociales y perversos, y que probablemente hubiera cometido otros hechos de este tipo.  A partir de esta idea, los investigadores encontraron un antecedente del 2001, cuando Núñez y otra persona, intentaron violar a una prostituta de origen tucumana, que logró escaparse al tirarse de un auto en movimiento. La prostituta hizo la denuncia, por lo que Núñez fue detenido. No fue procesado por falta de méritos, por lo que salió en libertad. Se siguió buscando a ver si se lo podía conectar a otro hecho de similares características, pero no se encontró nada.