Testimonio único y conmovedor

El drama de la trata de personas, atravesado por una familia chimbera

El relato del padre de una joven de 17 años, a quien la Policía encontró en un hotel céntrico con una mujer de Buenos Aires de 43 años, de quien se sospecha que podría estar vinculada a una red de trata de personas. Por Susana Roldán.
jueves, 22 de marzo de 2012 · 08:23

Por Susana Roldán

“No sé qué le pasó. Ella dice que es así y yo veo que ella no es así, no tiene ese desvío. No sé qué le pasó por su mente”, dice el hombre con los ojos empañados por una mezcla de tristeza y bronca. Mientras habla, desvía la mirada hacia sus perros, que recelosos ante la visita ladran sin descansar. Sobre la humilde casa del Loteo Salta, en Chimbas, el aire pesa más de lo normal y tras las cortinas de las ventanas, asoman rostros sin nombre: uno es el de la adolescente de 17 años que la Policía encontró en un hotel céntrico con una mujer porteña, quien se presume que había viajado a San Juan para reclutar chicas para una red de trata de personas. Mientras la mujer permanece detenida y la investigación avanza para saber si tuvo contacto con otras adolescentes sanjuaninas,  en la casa de la familia chimbera reina el desconcierto y la sorpresa.

El padre de familia es quien relata la historia a Tiempo de San Juan. “Yo siempre le he dado lo mejor que he podido. Les he dado la mejor vida que he podido con mi trabajo de albañil. Pero ese maldito Facebook, ese maldito Internet…”, dice, sin terminar la frase. En la casa del Loteo Salta no hay Internet, por lo que los contactos entre la joven y la mujer porteña no fueron desde una computadora a la que tuviera acceso toda la familia, ni tampoco en un cyber. “Ella –afirma, refiriéndose a su hija- está enojada, muy enojada. Yo le compré un celular de lo último, que tiene Internet. Y me levantaba a las 3 de la mañana a retarla, porque siempre estaba con el celular. Le decía que se lo iba a quitar, pero ella decía que hablaba con las amigas, con las compañeras. Y como yo no sé, no entiendo de esas cosas, no me daba cuenta de nada. A mí me gusta, como tiene que ser, conversando con la persona, no así por Internet”.
El sábado último, la joven le pidió a su padre que la llevara al centro con la excusa de entregar “una plata a un amigo”. “Pero las horas empezaron a pasar y no volvía. Eran las 6, 7, 8, 9, 10, 11 y la salimos a buscar, yo me desesperé. Mi señora tiene dos primos policías y hablamos con uno de ellos, que es subcomisario. Él salió con nosotros en el auto, anduvimos por todos lados buscando, hasta que con las pericias se dieron cuenta donde estaba. Y ahí la fuimos a buscar. Eran como las 12 de la noche ya”, cuenta el hombre.

El tono de voz le cambia cuando relata cómo fue el encuentro. “Estuvimos hasta las 4 de la mañana en la comisaría. La mujer, esa basura, nunca nos miró. Mi señora quería matarla, porque nunca nos dio la cara. Mi hija dice que se quiere ir con ella, porque dice que es así”, dice, sin usar la palabra “lesbiana”, que tanto le repugna. “A mis ojos y a los de Dios, es un pecado. Nosotros somos evangélicos y creo que lo único que nos va a ayudar es la fe. Ahora quiero que todo esto pase de una vez, en la iglesia nos van a ayudar a salir de esto. No quiero ni pensar en lo que podría haber pasado si no la encontrábamos a tiempo”, afirma el padre de la joven.

Es miércoles y, aunque no es día de ir al templo, la familia se prepara para concurrir. “Ahora, mi hija  va a venir conmigo – asegura el padre de familia-. Gracias a Dios que no se la alcanzaron a llevar. Y Dios nos va a seguir ayudando a salir”.

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