La mayoría sufre adicciones

En el Penal la droga no tiene freno

El 26% de las causas por drogas del 2011 que labró la Policía fueron en la cárcel. El director de la institución califica de “utópico” detener el ingreso de estupefacientes. No hay un programa de asistencia para combatir la adicción de los internos. Y dicen que la infraestructura del Penal facilita esa situación.
sábado, 18 de febrero de 2012 · 11:07

Por Gustavo Martínez y Carla Acosta
Tiempo de San Juan

La presencia de la droga en el Servicio Penitenciario Provincial es cada vez mayor. Y, en estos momentos, parece que no hay forma de combatirla fehacientemente. Así se desprende si se analizan los diferentes frentes que tiene el flagelo que afecta directamente a las personas privadas de su libertad, que encuentran en el mundo de los estupefacientes una forma de pasar sus días privados de libertad. Pero que, en el corto plazo, terminan potenciando sus problemas, no solo de salud, sino que involucran a familiares y, al momento de recuperar la libertad, muchos están enfermos y se encuentran ante el encierro de la adicción.

A simple vista se pueden identificar tres grandes frentes que facilitan el ingreso de la droga a la cárcel sanjuanina: la falta de infraestructura, la ausencia de programas de asistencia para combatir la adicción en su interior y el problema cultural que involucra a las familias y amigos de los internos que, según las autoridades, son los principales proveedores de drogas.

Hay un dato revelador que deja en evidencia la realidad de la droga en el interior del Penal: en todo el año 2011, la división Drogas Ilegales de la Policía de San Juan labró 280 causas por drogas. 73 de esas causas fueron en el interior de la cárcel de Chimbas, es decir, el 26 por ciento del total. Ese número es una muestra de la realidad. Claro que esa cantidad de causas no tienen que ver con la cantidad de droga hallada, ya que en el Penal de Chimbas siempre se encuentran cantidades mínimas. Incluso, la mayoría de las veces los hallazgos en el Penal tienen que ver con pastillas, en su mayoría ansiolíticos. Le sigue la marihuana y por último, con pocos casos, cocaína.

Barac dice que no tiene números estadísticos para conocer la cantidad de procedimientos con drogas en la institución que dirige. Y, por el lado de la Justicia Federal, tampoco accedieron a difundir las causas que les llegan. Según el fiscal federal Cristian Rachid, están abocados a realizar “cosas más importantes” que precisar esos números. Sin embargo, el mismo Barac dijo que se encontraron drogas en reiteradas oportunidades, en los baños, en las camas y debajo de los ladrillos del piso. Siempre en pocas cantidades.

En una serie de consultas a los abogados penalistas que más tratan con los presos, y con familiares de los internos en Tribunales y en la puerta de la cárcel, estiman que un 80 por ciento de los más de 840 internos que tiene el Penal de Chimbas sufren algún tipo de adicción a las drogas. Oficialmente las autoridades no pueden dar precisión de ese flagelo.
“Utópico”
“Frenar la droga en el penal es una utopía”. La contundente definición es del nuevo director del Servicio Penitenciario Provincial, Leonardo Barac. “Podes disminuir bastante el ingreso, frenarla me encantaría,  pero es una utopía. Es una lucha constante. Ingresan 15.000 personas por mes y, además, tenés un predio enorme ¿Cómo controlas eso?”, dice.

Después de que lo echaran, el último director del Penal, Enríque Gil Pérez, se fue diciendo que con un escáner se podía combatir la presencia de la droga. Se produjo el recambio de autoridades, asumió Barac, y su primera promesa fue la de colocar un escáner para que las requisas de las visitas a los internos contaran con más tecnología que la forma manual en que lo hacían los guardiacárceles. A más de dos meses, esa iniciativa todavía es una promesa. Según Barac, aún está en proceso de compra.

Pero para el Director este aparato no asegura el 100% que no ingrese estupefacientes: “Tengo 17 hectáreas, es lo que mide este Penal. Por más que tenga los centinelas, escáner, guardias, no me va a garantizar el que no ingrese droga. Nunca han estado con escáner y ahora lo quieren. Tengo que estudiar dónde va a estar el escáner, tiene que venir gente que me diga qué obra se hace, esa gente me puede decir voy mañana y viene en dos meses”, explica.
El escáner sería utilizado en dos ingresos, en tanto que el resto de las entradas, serían cerradas. Los familiares entrarían sólo por dos puertas.

También tienen previsto integrar perros especializados en olfatear droga. “Estos son métodos que van cerrando el embudo. Si querés que te diga que con esto no entra un gramo más de droga al Penal es como que te diga que la Presidenta  con esto impida que entre la droga o el contrabando al país”, explica el director.

Mujeres, en la mira
Tanto las autoridades del Penal, como los mismos abogados defensores, no dudan en señalar a las mujeres como la principal vía de acceso de la droga a la cárcel. Dicen que la meten en la comida, en la indumentaria –ropa, zapatillas-, en la comida y, según coinciden todos, en la vagina. Como habían detectado ese método, los guardiacárceles habían optado por someter a una revisación manual a las mujeres en la vagina.

Luego la jueza de Ejecución Penal, Margarita Camus, prohibió ese método para resguardar la integridad de las mujeres. Y desde entonces se empezó a hablar del escáner. Igual, ahora las mujeres dicen que, selectivamente, las hacen que se desvistan para revisarlas visualmente por parte de las guardias mujeres. Aunque el director Barac negó que eso sea cierto.

Además de las mujeres, abogados penalistas, familiares de internos y hasta las mismas autoridades miran de reojo a los mismos guardiacárceles en el ingreso de droga al Penal. Por un lado, los abogados le tienden un manto de sospecha sobre la efectividad de su trabajo y de que no controlan a todos por igual.

Pero el mismo director del Penal coincidió con esa realidad, al sostener que  “algún” guardiacárcel facilite el ingreso. Para él, en todos lados hay buenos y malos efectivos. Según cuenta, sólo le queda confiar en quienes tiene a su alrededor y el día que se entere de algo sospechoso, será distinto.

Desde el aire
Pero a las visitas se le agrega otro método de ingreso de droga al Penal que fue descubierto en reiteradas oportunidades: desde el exterior, vulnerando la altura de los muros, arrojan bolsitas con drogas para los internos.

Según el director Barac, llegaron a encontrar droga en bolsitas colgada de los árboles, cuando fallaron en el intento por tirarla por arriba de los muros.

Incluso, uno de los lugares por donde sospechan que tiran droga desde el exterior del Penal es en el sector de la cárcel vieja, donde están los internos de mayor confianza y la cárcel de mujeres. Allí los presos hacen trabajos y a simple vista se los puede ver desde la calle haciendo labores manuales en el límite con la calle Benavídes. La sospecha es que desde allí la meten a la población del interior.

Otro problema que facilita la presencia de la droga en el Penal es la falta de tratamientos de rehabilitación para los internos. Eso lleva a que los presos que quieran recuperarse de la adicción sólo lo puedan hacer una vez que empiecen a obtener la libertad transitoria y así puedan asistir a un centro de rehabilitación.

La misma jueza Camus, quien debe velar por el cumplimiento de la pena de los internos, admitió que no hay un programa que ayude a los presos con adicciones en la misma cárcel. Por otro lado, el director del Patronato de Presos y Liberador, Mariano Tejas, coincidió en la necesidad de crear ese programa: “nosotros nos encargamos del preso cuando sale. Y son muy escasos los casos en los que la justicia Federal nos pide que le hagamos un seguimiento a un interno que sufría adicciones en el interior de la cárcel. Lo ideal sería que hubiera un programa de rehabilitación en el interior del Penal.

Barac dice que están integrando psicólogos y asistentes sociales para poder iniciar los tratamientos y, en un futuro, los reclusos se puedan integrar a la sociedad. Pero no cree que sea un 100% factible: “Los presos son personas enfermas y por más métodos que se apliquen, si ellos no se quieren curar, ¿qué vas a hacer? Tampoco podemos sacarlos de acá, porque esto es una cárcel y quiero que lo entiendan”, dice.

Mientras, la cárcel se ha convertido en un lugar de consumo de drogas sin muchas opciones visibles para evitar su ingreso o para tratar de reducir su consumo con tratamientos de recuperación para los presos que la consumen.