Por Gustavo Martínez y Carla Acosta
Tiempo de San Juan
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La presencia de la droga en el Servicio Penitenciario Provincial es cada vez mayor. Y, en estos momentos, parece que no hay forma de combatirla fehacientemente. Así se desprende si se analizan los diferentes frentes que tiene el flagelo que afecta directamente a las personas privadas de su libertad, que encuentran en el mundo de los estupefacientes una forma de pasar sus días privados de libertad. Pero que, en el corto plazo, terminan potenciando sus problemas, no solo de salud, sino que involucran a familiares y, al momento de recuperar la libertad, muchos están enfermos y se encuentran ante el encierro de la adicción.
Mujeres, en la mira
Tanto las autoridades del Penal, como los mismos abogados defensores, no dudan en señalar a las mujeres como la principal vía de acceso de la droga a la cárcel. Dicen que la meten en la comida, en la indumentaria –ropa, zapatillas-, en la comida y, según coinciden todos, en la vagina. Como habían detectado ese método, los guardiacárceles habían optado por someter a una revisación manual a las mujeres en la vagina.
Luego la jueza de Ejecución Penal, Margarita Camus, prohibió ese método para resguardar la integridad de las mujeres. Y desde entonces se empezó a hablar del escáner. Igual, ahora las mujeres dicen que, selectivamente, las hacen que se desvistan para revisarlas visualmente por parte de las guardias mujeres. Aunque el director Barac negó que eso sea cierto.
Además de las mujeres, abogados penalistas, familiares de internos y hasta las mismas autoridades miran de reojo a los mismos guardiacárceles en el ingreso de droga al Penal. Por un lado, los abogados le tienden un manto de sospecha sobre la efectividad de su trabajo y de que no controlan a todos por igual.
Pero el mismo director del Penal coincidió con esa realidad, al sostener que “algún” guardiacárcel facilite el ingreso. Para él, en todos lados hay buenos y malos efectivos. Según cuenta, sólo le queda confiar en quienes tiene a su alrededor y el día que se entere de algo sospechoso, será distinto.
Desde el aire
Pero a las visitas se le agrega otro método de ingreso de droga al Penal que fue descubierto en reiteradas oportunidades: desde el exterior, vulnerando la altura de los muros, arrojan bolsitas con drogas para los internos.
Según el director Barac, llegaron a encontrar droga en bolsitas colgada de los árboles, cuando fallaron en el intento por tirarla por arriba de los muros.
Incluso, uno de los lugares por donde sospechan que tiran droga desde el exterior del Penal es en el sector de la cárcel vieja, donde están los internos de mayor confianza y la cárcel de mujeres. Allí los presos hacen trabajos y a simple vista se los puede ver desde la calle haciendo labores manuales en el límite con la calle Benavídes. La sospecha es que desde allí la meten a la población del interior.
Otro problema que facilita la presencia de la droga en el Penal es la falta de tratamientos de rehabilitación para los internos. Eso lleva a que los presos que quieran recuperarse de la adicción sólo lo puedan hacer una vez que empiecen a obtener la libertad transitoria y así puedan asistir a un centro de rehabilitación.
La misma jueza Camus, quien debe velar por el cumplimiento de la pena de los internos, admitió que no hay un programa que ayude a los presos con adicciones en la misma cárcel. Por otro lado, el director del Patronato de Presos y Liberador, Mariano Tejas, coincidió en la necesidad de crear ese programa: “nosotros nos encargamos del preso cuando sale. Y son muy escasos los casos en los que la justicia Federal nos pide que le hagamos un seguimiento a un interno que sufría adicciones en el interior de la cárcel. Lo ideal sería que hubiera un programa de rehabilitación en el interior del Penal.
Barac dice que están integrando psicólogos y asistentes sociales para poder iniciar los tratamientos y, en un futuro, los reclusos se puedan integrar a la sociedad. Pero no cree que sea un 100% factible: “Los presos son personas enfermas y por más métodos que se apliquen, si ellos no se quieren curar, ¿qué vas a hacer? Tampoco podemos sacarlos de acá, porque esto es una cárcel y quiero que lo entiendan”, dice.
Mientras, la cárcel se ha convertido en un lugar de consumo de drogas sin muchas opciones visibles para evitar su ingreso o para tratar de reducir su consumo con tratamientos de recuperación para los presos que la consumen.
