policiales que conmovieron a san juan

Caso Roldán: Sin Resultados a la Vista

El asesinato del hockista Roberto Pato Roldán, en junio de 2003, nunca fue resuelto. Pese a no haber obtenido resultados positivos, la Policía de San Juan se limitó a seguir una sola línea de investigación: la hipótesis del crimen en ocasión de robo. Un método que no por muy repetido haya resultado exitoso, algo que los investigadores parecen haber perdido de vista.
domingo, 12 de febrero de 2012 · 13:45

Dicen que en la vida los resultados son todo. Según los resultados que obtengas, uno podrá estar o no conforme con lo que haya hecho en la vida. Entonces todo se sintetiza en cómo se obtienen los resultados que uno quiere. Cuando esto no pasa, hay que dar marcha atrás en el procedimiento usado para encontrar la falla que no posibilita esos resultados.

Lo primero que vamos a poner en duda son las acciones que nos llevan a esos resultados. Es decir tal acción nos lleva a tal resultado no deseado, por lo tanto voy a cambiar la acción para buscar el resultado que sí quiero. Si el problema subsiste, es decir que a pesar que cambio el tipo de acciones que realizo, sigo obteniendo resultados no deseados, indudablemente el error no está en las acciones.

Finalmente llegamos a las personas que realizan estas acciones. Si cambiamos las acciones y no conseguimos resultados, entonces cambiemos la forma de pensar de quien ejecuta las acciones para de esa manera, sí obtendremos lo que queremos. Es muy fácil, no hay que cambiar las acciones, sino la forma de pensar de cómo enfrentamos al problema  para obtener acciones que nos lleven a buenos resultados.

En fin, no cambiar lo que se hace, sino cambiar al que las hace. Sencillo y lógico.
Sería muy bueno que esta línea de pensamiento se adentrara en las mentes de los investigadores de la Policía de San Juan, que a casi 9 años del asesinato del ex hockista Nelson Alfredo “Pato” Roldán (tenía 32 años cuando fue asesinado), aún insisten en investigar este caso como un asalto común y corriente que terminó con una persona muerta.

Es decir, no hay resultados positivos, se siguen realizando las mismas acciones investigativas y no se cambia la forma de pensar, es decir se sigue creyendo que el motivo del crimen fue solamente un robo domiciliario que terminó en crimen. ¿Qué pasaría si se saliera de esta hipótesis (forma de pensar) por parte de los investigadores y se cambiará la idea de por qué  se cometió semejante crimen?

¿Se podría hablar de un ajuste de cuentas? ¿De un drama pasional? ¿De un crimen por encargo? ¿Alguna vez los investigadores de la policía local se habrán animado a cambiar la hipótesis sobre el móvil del crimen? Y si lo hicieron, ¿qué resultados obtuvieron? Lo que parece hasta ahora es que nunca nadie lo sabrá, ya que no se han hecho públicas las investigaciones del caso, tan solo las idas y venidas de algunos detenidos, que hasta ahora todos han quedado en libertad. Es decir todavía no hay resultados.

Todo ocurrió la siesta del sábado 7 de junio del 2003 en la casa que el ex jugador de hockey sobre patines y hermano del capitán de la Selección Argentina en esta especialidad, Roberto Roldán, tenía en la zona de Concepción, Capital.  Eran las 14,45 cuando dos hombres armados irrumpieron en la casa de Avenida Rioja y Cereceto, en Concepción.

Lo primero que vieron los criminales que entraron a ese hogar a cara descubierta, fue a los dos hijos menores de “Pato”, que se encontraban jugando en el pasillo de entrada de la casa. A los golpes y a los gritos se deshicieron de los dos niños, que se asustaron con su presencia. En ese momento apareció el ex deportista y por entonces, comerciante en verduras, a darles pelea a los dos intrusos.

Vestido solo con un slip, Roldán se trenzó en pelea con uno de ellos,  atemorizado por la posibilidad de que  le hicieran algo a sus niños. Mientras  luchaba con uno, el otro le desarrajo un tiro en el estómago que tiró al suelo al dueño de casa. La versión oficial dice que los ladrones tomaron la billetera de su víctima y salieron corriendo de la escena del crimen. Aunque la madre dice que, lo que se llevaron, fue un maletín con dinero (ver nota vinculada).

Roldán, en el piso y gravemente herido, pidió  a los gritos a sus dos pequeños que salieran  a la calle en busca de ayuda. Los niños, desesperados, hicieron lo que les indicó el padre y llegaron hasta la vereda,  donde fueron encontrados por una vecina. Mientras tanto, “Pato” se arrastró por el pasillo de su casa y logró salir al exterior de su casa.

Hizo  un intento final para levantarse y trató de llegar a su auto, pero finalmente las fuerzas lo abandonaron y quedó tirado en un charco de sangre en la puerta de Cereceto 315. La vecina advertida por los niños, llamó a la policía.

Al lugar llegó un móvil de la seccional Segunda, del cual bajaron dos efectivos que subieron  a Roldán al patrullero y lo condujeron de urgencia al Hospital Guillermo Rawson. Una hora después y a pesar de la intervención de los médicos de Urgencia, Roldán muere. La autopsia reveló que la bala de un revolver calibre 38, había traspasado la zona abdominal y había perforado la vena cava, lo que produjo una fuerte hemorragia interna.

Después de eso,  nada. Todavía no hay culpables tras las rejas, ni nadie que esté esperando ser juzgado por este hecho, es decir todavía no hay resultados.
La policía sanjuanina apuntó todos sus cañones a un asesinato en oportunidad de un asalto a mano armada. En fin, el móvil que siempre argumentaron los sabuesos, es que fue un robo domiciliario que se complicó y al resistirse el jefe de familia, los ladrones lo mataron.

Siguieron esta hipótesis, porque muchas de las pistas así lo indicaban, sobre todo el testimonio de los dos menores que aseguraron que los asesinos entraron y al enfrentarse a su padre en todo momento le exigieron “la plata”.

Según explicaron los mismos uniformados, los malvivientes estaban buscando la recaudación del día sábado que Roldán había hecho en uno de sus puestos de verduras en la Feria Municipal y se habría llevado a su casa. Tan es así es que a lo largo de la investigación, siempre se supuso que en la misma feria debía haber un entregador que había marcado al “Pato” como una posible víctima de robo.

Lo cierto es que la policía tenía pistas para esta hipótesis, y además era una línea de pensamiento que les quedaba cómoda y les aseguraba tener buenos resultados rápidamente. Lo que pensaron los investigadores es que rápidamente iban a encontrar a los asesinos, si estos eran simples ladrones de domicilio “conocidos” en San Juan.

Por eso salieron a “reventar” (allanar) cuanto aguantadero había en el Gran San Juan. Buscaban a los “sospechosos de siempre” de este tipo de hecho y, a la vez , a otro tipo de delincuentes menores para que “buchonearan” a quienes habían salido a robar y se habían “mandado el moco” de matar a alguna de sus víctimas.

Una semana después la policía detuvo a dos personas con antecedentes. Las razones para sospechar de ellos fue que se habían escondido ni bien observaron que los investigadores estaban tras sus pasos y la otra es que,  una vez en la sede policial, “confesaron espontánea y voluntariamente” lo que había sucedido durante ese episodio a pocas cuadras de la plaza de Concepción.

Finalmente, y como siempre, estos “espontáneos” confesantes salieron libres, al igual que otro delincuente que se encontraba en La Rioja y que estuvo un tiempo prófugo.  Por una razón muy simple, nunca hubo pruebas contra ellos, o por lo menos no lo suficientemente creíbles para llevarlos a juicio.

Lo cierto, es que todos los que siguieron en el caso por varios años, nunca encontraron nada y la muerte de Roldán pasó a engrosar la lista de crímenes no resueltos que poco orgullosamente exhiben las instituciones de seguridad y de justicia de la provincia. Seguramente la causa hoy esté archivada y solo los familiares de la víctima aún vivirán en la angustia de no saber quién y porqué asesinaron a su ser querido.

Pero, ¿por qué la policía sanjuanina se aferró a esta sola hipótesis para esclarecer el caso? ¿Será porque la hipótesis les quedaba cómoda y se aseguraban resolver el caso rápidamente, como dijimos más arriba? Si fue así, se trató de un estrepitoso fracaso, porque no solo que no lo pudieron resolver, sino que lo más común de la delincuencia sanjuanina los venció en su propia casa. Fueron a lo seguro, adonde se creyeron infalibles, y perdieron.

¿Será porque no saben hacer otra cosa que seguir ese tipo de pistas, es decir las más simplonas, las más evidentes? Si es así, como venimos diciendo desde hace mucho tiempo, los miembros de esta fuerza de seguridad tendrán que replantearse rápidamente el accionar de sus investigadores. Sacarlos de la comodidad de lo que hacen siempre y prepararlos para dilucidar nuevos crímenes, como este de Roldán, o el de Rodríguez, María Rosa Pacheco, la doctora Verdú, etc.

Pareciera que cuando un crimen en esta provincia sale de los cánones comunes y corrientes y de los delincuentes ya conocidos, o los móviles más comunes (robos, pasión, etc), la policía se queda inutilizada,  no sabe qué hacer y por lo tantos los resultados son negativos.

Es como una mancha en lo que a accionar público se refiere, porque mientras en el resto de los dominios del Estado todo parecer avanzar, modificarse, y mejorar sus resultados, las investigaciones de la policía provincial parecen seguir siendo obsoletas e ineficaces, tanto en el pasado como en el futuro cercano (habrá que ver los resultados en caso del cruel asesinato del oficial Vega).

Volviendo al razonamiento del principio de esta nota, sobre el caso Roldán podemos decir que no hay resultados, las acciones investigativas hasta hoy han sido inútiles, y los actores de esta pesquisa siguen pensando lo mismo. Sin dudas que hay que cambiar la forma de pensar de aquellos que están a cargo de resolver estos casos. Su forma de ver los hechos es obsoleta y no dan resultados. Siempre hacen lo mismo y casi nunca llegan a buen puerto.

Ha llegado la hora de cambiar la forma de pensar los crímenes en San Juan, para así cambien las acciones y finalmente poder esclarecer algún hecho importante en la provincia.

Los detenidos

Cinco fueron las personas que se detuvieron acusados de participar en el crimen de Nelsón “Pato” Roldán. Ellos fueron Víctior Riañez (19), David Moreno, Leonardo Palta (21), Alberto Manuel Oviedo y Eduardo Molina. El primero en caer fue Riañez, que se dio a la fuga cuando vio un patrullero, por lo tanto fue detenido en la zona del Barrio Kennedy.

En sede policial, el detenido confesó “espontáneamente” el crimen e incriminó a Moreno y Palta. Moreno fue detenido horas más tarde,  Palta se mantuvo prófugo  unos días y luego fue atrapado. Estos tres estuvieron poco tiempo detenido, debido a que cuando Riañez fue a declarar ante el juez, negó todo lo dicho en la sede policial.

En diciembre de ese año, fue detenido un primo de Riañez, Alberto Manuel Oviedo, a quien se le secuestró, aparentemente, el arma homicida. Era un revolver calibre 38 como el que se usó para matar a Roldán, pero en momentos de caer en manos de la policía, estaba roto, por lo tanto no podría haber realizado ningún disparo. Una fuente policial aseguró que si se arreglaba el arma, se podía comprobar que si era el revólver del hecho. Esto no pasó, y Oviedo también quedó sin pruebas en su contra en este caso.

Dos años más tarde, Eduardo Molina (21), fue detenido ante la sospecha de que en algún momento el revolver en cuestión estuvo en su poder. Por eso el primero de octubre del 2005, los investigadores allanaron su casa de Villa Unión en Rawson. Las investigaciones no fueron más allá, no se consiguieron pruebas en contra de Molina, por lo tanto también quedó fuera del caso.

 


Azul de corazón
El “¨Pato” Roldán nació en 1971 y a la corta edad de 5 o 6 años ya empezó a jugar hockey sobre patines, como el resto de su familia, en el Concepción Patín Club.  Allí tuvo una brillante carrera deportiva, signada por muchos triunfos a nivel local, nacional e internacional. Su puesto era el de arquero y por mucho tiempo fue suplente del gran arquero Gustavo Bueno, que también era su amigo. Su hermano Roberto, reconocido capitán de la selección nacional, también fue su compañero durante un tiempo en los Azules. Luego de retirarse en 1997, Roldán enfocó todas sus energías a la empresa familiar de venta de fruta y verdura, y luego se abrió paso hasta tener su propia distribuidora y venta de estos productos en la Feria Municipal. Formó familia con Carla Martín, una prestigiosa comerciante de calzados de esta capital, con la cual tuvo dos hijos, que en la actualidad rozarán los 15 años. La última actividad deportiva que se le conoció, fue poco tiempo antes de su asesinato cuando volvió a calzarse los patines para jugar en la división Veteranos de Concepción, en el equipo “Los Azules”.

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