análisis

Energía en San Juan: estatizar o no, esa es la cuestión

Hubo un par de provincias que lo hicieron. Consecuencias del tarifazo y la pobreza del servicio, ¿quién podrá defenderlas? Una vieja historia del SES para reflexionar. Por Sebastián Saharrea
sábado, 28 de septiembre de 2019 · 10:20

Hace 24 años se produjo la privatización de la distribución domiciliaria de la energía eléctrica en San Juan, cuando el viejo SES dejó lugar a Energía San Juan. Cambió dos veces de manos: de los chilenos originales que compraron en pleno gobierno de Jorge Escobar, a los también chilenos del CGN; y de éstos finalmente a los catalanes de Gas Fenosa en octubre de 2014, sus actuales dueños del paquete mayoritario.

Traspasos que siempre ocurrieron sin batir demasiado el parche, sin siquiera comunicarlo a los principales interesados, es decir la sociedad sanjuanina que recibe de ellos un servicio por demás esencial. Siempre al revés, en medio de negocios globales que incluyen varios eslabones de la cadena energética, en los que la compañía sanjuanina llegó a operar como caramelo de vuelto.

Nada en contra de esas operaciones, sólo que deben ser cristalinas y a la vista de todos. En especial de los ciudadanos que no tienen opción de contratar otro servicio si es que no le apetece el que le brinda la única operadora de la concesión. Que es en definitiva de lo que se trata: una concesión de un servicio bajo la órbita del estado sanjuanino, que contrata en este caso con un particular pero mantiene su jurisdicción sobre el negocio. Y su control.

Nunca como ahora cayó a un nivel tan crítico el sistema de distribución privada de la energía en un cuarto de siglo como ahora. Se conoció su deuda exuberante porque la empresa debió pedir el rescate del Estado en la reformulación de su deuda, monstruosa y según esa ley aprobada por la Cámara de Diputados de un alcance fenomenal como los 1.900 millones de pesos que solicitaron como respaldo.

Desprende ese pedido de auxilio una serie de interrogantes. El primero es cómo fue que se llegó a semejante nivel de endeudamiento, en especial en momentos de descalabro tarifario que convirtió en una normalidad que cualquier usuario del montón reciba tarifas de $10.000 cuando hace tres años pagaba $500. Parece haber quedado establecido que la anormalidad eran aquellos tiempos, y que ahora debemos todos celebrar por haber entrado al mundo y que se nos permita abonar tarifas dolarizadas, como da la sensación que corresponde.

Pero, de acuerdo con los trascendidos de Energía San Juan, la parte del león de ese aumento quedó atrapado en los otros segmentos del negocio energético, el de la generación y el del transporte, nada para los distribuidores como ESJ. Se insiste, de acuerdo a trascendidos, porque nadie de la empresa habló claro sobre el asunto, no ofreció explicaciones, ni hizo pública esa visión, si fuese real. Ni ESJ ni el EPRE, que autorizó incrementos nada despreciables.

Segundo, cómo lo está renegociando. No se trata de un asunto de interés exclusivo de una compañía privada sino importa al conjunto ciudadano. Sencillamente, porque el castigo eventual a ESJ por el impago podría alcanzar a todos los usuarios de la provincia, aun los que pagan regularmente sus facturas. Ocurriría si le cortan el suministro desde CAMESSA a ESJ. Para que la gente lo comprenda mejor, es como si un almacén vende los fideos al público pero no le paga al preventista. Así durante ¡¡¡6!!! meses.

Podrá reflexionarse con que el mayorista tuvo demasiada confianza y paciencia, el negocio eléctrico no es el mismo que el del menudeo pero el ejemplo sirve para comprenderlo mejor. Ahora ESJ busca un reformulación de plazos y penalizaciones contempladas en el contrato, con la espalda de la garantía legal que le extendió la provincia por si no paga.

Probablemente, la empresa no haga públicas esas negociaciones para no ser imitada por los usuarios, con lo que están en la otra punta del mostrador. ¿Qué pasaría si un usuario del montón no paga durante 6 meses por el servicio a ESJ, y luego “reperfila” esa deuda a su voluntad?, ¿cuánto tiempo pasaría con luz en la puerta si intentara hacer eso? La primera sensación es que ESJ pide a su proveedor lo que no toleraría de ningún modo a sus clientes.

Estuvo el domingo pasado en Paren las Rotativas (domingos a las 21 por Telesol) Juan José Chica, recordando otros tiempos: cuando Servicios Eléctricos Sanjuaninos le prestaba plata al Estado provincial para pagar los sueldos. El SES estaba líquido porque recibía los pagos diarios, igual que ESJ ahora pero en otra alcancía. Cuando se hizo la línea de corte, el SES entregó al Estado 21  millones de dólares de contado de su patrimonio. Ahora es al revés, la provincia debió salir al rescate de ESJ por 31 millones de dólares (1.900), para que no le corten el suministro.

Chica viene advirtiendo sobre la crítica situación ESJ desde hace años. En noviembre de 2018, adelantó que la empresa debía unos $2.000 millones de pesos, 1.200 de ellos a los bancos. Mientras ESJ apretaba diciendo que necesitaban un incremento del 29% para cerrar el año. Y no había acumulado entonces el muerto de los $ 1.900 millones por los que pidió el rescate público, que corresponden a seis meses impagos (los últimos tres de 2018 y los primeros de 2019, según el mensaje enviado a la Legislatura).

Años atrás, en 2012, había primereado al entorno político pidiendo que la provincia reabsorbiera la empresa de energía, ante los resultados de la gestión privada. Sintió entonces el vacío como respaldo. Lo resumió así: “Me sentí como Bin Laden en Nueva York”, en referencia a su visible soledad de entonces. Ahora, la situación reconfigurada lleva a reflexionar sobre el asunto con dos preguntas.

1 – ¿Hay margen ahora para reestatizar la empresa? Lo primero que hay que decir es que los tiempos parecen haber cambiado, desde aquellos tiempos de no encontrar lugar para un discurso estatizante en el sector tarifas, a estos post tarifazos en los que puede haber algo de pique. Ya no sería Bin Laden en NYC quien dijera cosa semejante.

Enfocado desde el punto de vista de los recursos públicos, la provincia oficiará de espaldas –una especie de garantía- para que ESJ negocie un crédito del propio sistema energético para afrontar su cuantiosa deuda. No están claros los detalles porque la compañía no los ha comunicado públicamente, pese a que importa la calidad de un servicio público. Tampoco, cómo calzará ese crédito con el flujo de recursos que hace falta para mantener eficiente el servicio, con inversiones permanentes.

No faltan quienes hayan comenzado a hacer ensayos sobre los costos para el Estado en uno y otro caso. Tanto en materia de recursos como en la de la calidad del servicio. Y hay quienes aseguran que hay un equipo de gente trabajando sobre la hipótesis de retornar la empresa a la órbita pública.

2 – Hubo alguna experiencia en provincias de reestatización del servicio eléctrico privado? Según Juan José Chica, sí. Son los casos de Salta y Entre Ríos, cuyas compañías fueron privatizadas en los 90 igual que la casi totalidad de los servicios provinciales, pero luego retornaron a la órbitas de los estados provinciales.

Los resultados de esas experiencias no fueron malos, incluso los colegas de esas provincias indicaron que el servicio y la atención mejoraron y la ecuación económica de los estados no se vio perjudicada. Habrá que leerlos con mayor detenimiento, mientras se sigue con atención la película de una deuda privada como la de ESJ cuya magnitud y manejo despierta mil hipótesis.

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