En la política argentina contemporánea, donde las trayectorias tradicionales conviven con outsiders que irrumpen a caballo del hastío generado por la clase dirigente, el cordobés Gabriel Bornoroni es un híbrido.
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SUSCRIBITEGabriel Bornoroni es el hombre de Karina en el congreso. Libertario pura sangre, tiene el desafío de construir poder en su Córdoba natal, sin el sostén de los hermanos Milei.
En la política argentina contemporánea, donde las trayectorias tradicionales conviven con outsiders que irrumpen a caballo del hastío generado por la clase dirigente, el cordobés Gabriel Bornoroni es un híbrido.
Jefe de bancada de la Libertad Avanza en Diputados, es un importante empresario del mundo energético, con un claro perfil de dirigente corporativo. Una innegable capacidad en la operación lo convirtió, en pocos años, en uno de los hombres clave del oficialismo libertario en el Congreso.
Bornoroni nació el 17 de junio de 1978 en Córdoba. Con estudios cursados de abogacía, construyó su identidad pública lejos de los partidos políticos y en ese entramado empresarial vinculado al sector de combustibles que consignábamos.
Heredó el negocio familiar de su padre, Giuseppe, que fundó Bornoroni Hnos. en los 90 junto a un hermano mayor de Gabriel.
En ese universo en el que se disputan tensiones políticas, personales, y fundamentalmente económicas, aprendió a negociar. Esa capacidad lo llevó, antes de su ascenso al firmamento legislativo, a la presidencia de la Federación de Expendedores de Combustibles y Afines del Centro de la República Argentina (FECAC), y a otros roles de peso en entidades nacionales del rubro.
Algún analista podría encasillar el diputado en el “gremialismo empresarial”: dirigentes que no surgen del sindicalismo clásico ni de la política partidaria, sino de la defensa sectorial del empresariado.
Como tantos, la llegada de Bornoroni a “la primera” de la política nacional no tiene que ver con sus inquietudes de juventud ni sus pasiones militantes, sino con el sorpresivo arribo al poder de Javier Milei, donde muchos empresarios advirtieron una gran oportunidad.
Su primer intento de ponerse a consideración de la voluntad del soberano fue un fracaso. Jugó las elecciones de junio del 2023 acompañando como candidato a vicegobernador a Rodolfo Eiben. Eran 11, entró noveno. Pero su audacia fue recompensada en las legislativas nacionales de octubre de ese mismo año, en la lista de diputados de La Libertad Avanza.
Electoralmente Bornoroni no era una figura ni influyente ni con peso propio, pero aquella capacidad de negociación en las lides empresariales lo dejó con la presidencia del bloque oficialista en diputados en octubre del 2024, cuando el karinismo eyectó de ese puesto a Oscar Zago, el hombre del MID, tras el ida y vuelta a comisión de la Ley de Bases.
Es la misma Karina la que lo impulsa, y lo pone a coordinar el por entonces pequeño y caótico bloque -lleno de gente sin identidad partidaria ni conceptos ideológicos muy definidos- con el presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem, otro bastión en la interna libertaria del karinismo.
Orador muy modesto, Bornoroni prefiere dar cuenta de su pragmatismo en la gestión política y su alineamiento irreductible, tanto a las políticas libertarias de Javier Milei, como a la misma figura del presidente.
Su inflamada retórica “anti casta” fue apoyada con algunos gestos como el sorteo de su dieta como diputado, algo que también habían hecho, con mucha más difusión, Javier Milei y Martín Menem.
El presente político de Bornoroni lo muestra como un dirigente que tiene contactos sólidos con el poder central libertario, pero sin estructura política “en territorio”.
Sus colegas estacioneros lo acusan de no defender suficiente al sector, mientras el resto lo señala como un dirigente corporativo cruzado permanentemente por conflicto de interesas.
Bornoroni encaja perfectamente en la nueva camada de dirigentes que llegaron a la política desde la empresa, o la función técnica, surfeando la ola de un fenómeno electoral ajeno.
Su sino, se descuenta, es poner en juego su genio y figura en las próximas elecciones a la gobernación de su provincia, para derrotar al cordobesismo.
Su desafío es dejar de ser el hombre de Karina Milei en el Congreso, para convertirse en un actor con peso propio en la política cordobesa, en primer término, y en la nacional luego.

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