"Mis Huellas a casa": una perrita que seguro te hará emocionar

Este jueves estrenó en la Argentina y promete ser una película para que puedan verlas todos.
jueves, 21 de febrero de 2019 · 20:50

Dicen que no hay nada peor para un director de cine que trabajar con chicos y con animales. Pero los perros, que son los mejores amigos del hombre, han protagonizado centenares de películas, llámense Benji, Marley, Lassie, Rin Tin Tin o Bella, que es como Lucas le puso a una cachorrita que vivía en lo que quedó de una casa derrumbada y abandonada. Lucas, que no es un chico -por lo que el 50% de la regla no escrita de no trabajar con… no se cumple-, vive justo, pero justo frente a ese terreno donde un emprendedor quiere hacer un edificio. Pero como ahí hay gatos viviendo, parece que en Denver, Colorado, no se puede. Y se los quiere quitar de encima como sea.

También en Denver, Colorado, si uno tiene un pitbull (eso es lo que se entiende en el, diantres, recórcholis, doblaje de Mis huellas a casa) parece que se lo pueden quitar si luce amenazador. No puede deambular por la calle. Bella no es un pitbull ni por asomo, pero el malo (de apellido Beckenbauer, sí, como el capitán de la Selección alemana campeona de fútbol en 1974) hace todo lo posible para que, primero la encierren, y luego vengan con eso de que si-está-en-la-calle-la-sacrificamos.

Así que Lucas, que trabaja en un centro de atención a veteranos de guerra, donde su mamá (Ashley Judd) hace terapia, consigue otro hogar a 600 kilómetros de ahí, hasta que vean cómo resuelven el asunto.

Por supuesto que si la película se titula Mis huellas a casa, Bella se escapará de su nuevo hogar (donde la tratan re bien, ¿eh?) y pondrá rumbo hacia la casa de Lucas. En el camino, en la ruta, casi que se cruzan, porque justo, pero justo, ¿eh? Lucas iba con su novia a buscar a Bella.

Ah, un dato no menor es que Bella, como Mister Ed, el caballo con voz, habla. Habla pero Lucas y los humanos no la escuchan.

Sin GPS ni Waze, Bella emprende el retorno a su casa en Denver. Como cada acción que hacía con Lucas para ella era como un juego, éste será Vuelve a casa.

Aunque básica en la trama -se encuentra con otros perros, come de basureros, se hace cargo de un cachorro de puma (bueno, esto no es muy natural, pero pasa), la adoptan sucesivamente una pareja gay y un hombre sin hogar y así, hasta que, se imaginarán como termina- Mis huellas a casa no deja de ser emotiva.

Obviamente está destinada a corazones sensibles o que habiten cuerpos de menores de 13 años. Las caritas de Bella son impagables, ya crecida o cuando era cachorrita, y las expresiones del puma (¿es realizado por computación?) también.

Si le gustan los animales, vaya con sus hijos o búsquese un sobrinito. Mal no la van a pasar.

Crítica Clarín

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