Hace un alto en las grabaciones, que llevan seis semanas
intensas, algunas en Chile; todavía quedan dos para finalizar el rodaje y que
comience la post producción. En La cordillera (la nueva película de Santiago
Mitre con producción de K&S, los responsables de Relatos salvajes) será
presidente de la Nación, nada menos, y así como en la vida real la función
desgasta, a Ricardo Darín le duele un poco todo, aunque nadie lo nota. No hay
un solo gesto de cansancio en él. Sonríe con su gesto típico, identificable,
casi una marca registrada, envuelto en un traje europeo que habrá que devolver
a Londres al final del film. Enciende un cigarrillo, vicio que no amaga con
abandonar, charla con compañeros, acepta pedidos de fotos de gente que pasa y
se sorprende de verlo y de actores extranjeros que no escapan del magnetismo
que genera al rodar cada escena.
—¿Te sentís un tipo poderoso?
—Es difícil de responder eso. De lo que tengo conciencia es
de la llegada. Con el contacto formo parte. Yo voy, y con el que viene me
encuentro. Eso es real. "Poder” es un término que tiene que ver con la posible
utilización de esa llegada. Por ahí es ingenuo de mi parte decir que no tengo
poder, de lo que estoy seguro es de que no lo uso. Me llevo bien con la gente,
no sólo laburando. Me interesa el ser humano.
—¿Cómo construye un personaje como éste un tipo desencantado
con la política?
—Estoy desencantado con el sistema. La película hace más que
una velada crítica al sistema político. Habla de cosas a las que los ciudadanos
comunes no tenemos acceso, que a lo mejor creemos que son de una forma, cuando
en realidad pueden ser de otra. Mi personaje se construye a partir de premisas
que me baja Santiago Mitre. Lo sigo muy fielmente, aun en cosas donde mi impulso
es ir por otro lado. Confío en él ciegamente. Cuando lleguemos al final de esta
historia, estoy seguro de que lo que va a quedar flotando es la síntesis de lo
que es su pensamiento sobre esto que quiso contar.
—¿Tu Hernán Blanco es un presidente honesto?
—No sé, lo vivo apurando con este tipo de preguntas. ¿Este
tipo está a cargo de lo que va a ocurrir? Es una especie de caja de Pandora. La
sensación que tengo es que es todo lo honesto y transparente que nos parecen
los políticos que nos caen bien. Creo que cada uno sacará sus conclusiones. Hay
medidas que toma con las que muchos van a estar de acuerdo y otros van a
repudiar.
—¿Cuánto poder creés que tiene un presidente?
—Depende del contexto. Cada vez estoy más alejado de la idea
de que una persona es la que decide. Después, en otra línea, también estoy
alejado de la idea de que un equipo es el que decide. Ni siquiera son empresas
las que manejan nuestros destinos. Son holdings sin bandera, que no tienen un
escritorio donde ir a reclamar. Un amigo mío los llama "la plata vieja”, porque
esa nunca cambia de mano. Soy de los que tristemente creen que ellos manejan si
la Bolsa colapsa o lo que sea. Aunque sea indirectamente, generan presiones muy
concretas e intoxicadas. Lamentablemente, hay un gran porcentaje de influencia
externa.
—¿Por eso creés que el argentino termina eligiendo al más
pillo, para ver si ése puede torcer un poco el rumbo?
—Puede ser. La sensación que siempre tuve es que somos muy
paternalistas, que creemos que una persona nos va a salvar o hundir… Se escucha
gente decir que cree en un tipo porque tiene mucha guita y no va a querer
robar. Cosas que se pelean mucho con el sentido común. La tendencia histórica
siempre fue preferir al pillo porque, paradójicamente, nos parece más confiable
que el bueno.
—Hace casi un año que se eligió a Mauricio Macri. ¿Se está
dando el gobierno que esperabas?
—No esperaba nada, ahora estoy expectante. Quiero ver si el
altísimo precio social que se está pagando, sobre todo los que menos tienen, va
a conducir a una ventana de recuperación o si será otro intento fallido.
Quisiera creer que es posible, pero como no depende de mí sino de cosas que
están tan lejanas y no soy alguien de mucha fe, estoy expectante.
—¿Creés que esta película podrá exceder "la grieta”?
—No pienso en eso. Está tan atomizada la opinión que me
metería en un berenjenal. La grieta no sólo no se calmó, sino que se ha
intensificado y fortalecido exactamente en las mismas premisas que se pretendía
combatir. Tenemos los gobiernos que merecemos porque representan nuestras
virtudes y defectos. El tema somos nosotros. Cuando miremos para adentro y
veamos hasta qué punto somos discriminadores y prejuiciosos, probablemente
escalemos un par de escalones. Tenemos una gran vocación de crítica y muy poca de
compresión.
—¿Por qué rechazás la idea de ser político?
—No creo en las escalas. Sería raro en mi caso entender que
mi trabajo es una instancia intermedia para después hacer algo que me interese
más. No hay nada que me interese más. Si fuera más serio y menos vago, me
gustaría profundizar más en mi oficio para ser mejor y tener más llegada. Tal
vez así tenga más injerencia que yendo por el lado de la política
—¿Podrías hacer más de lo que hacés?
—Siempre trato de aprender algo. De esta película me llevo
mucho más de lo que dejo. El contacto con las nuevas cabezas es una tentación
permanente de aprendizaje. Siempre se puede más, es como con la sensibilidad
social. A algunos les alcanza con donar algunas frazadas y ropa vieja para
estar tranquilos con su alma. A mí ya no. La verdad es que es muy poco lo que
hacemos en relación con lo que hacen otros que tienen muchísimo menos. Estoy en
conflicto permanente con mi especie, por eso me interesa tanto el ser humano.
No entiendo a la gente que no prioriza a las personas que ama.
—¿Qué te llevó a pensar de esa manera?
—La suma de las pérdidas. O te sepultan en una gran
depresión o te enfocan en valorar a la gente que amás. Soy una mezcla entre un
gran desilusionado y un tipo que trata de ser positivo. No soy alguien definitivamente
pesimista, aunque no crea que las cosas vayan a mejorar, porque no entiendo la
desmedida acumulación de riquezas ni la obscena enmascarada que hacen quienes
dicen que están a favor de lo social y después ves que se cagan en todo.
Discuto permanentemente conmigo y lo que nos rodea.