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El mismo lunes, la actualidad demandada por la urgencia empujó a los medios tras alguna primicia. En C5N, único medio en vivo, los conductores hicieron cinco horas de malabares entre mensajes virtuales, especulaciones sobre una posible separación entre Vélez y el empresario y un motivo en la puerta de Uriarte 2363, donde fue encontrado. Allí Bárbara, la hija de la actriz, confirmaba a los medios la noticia y comenzaba a desandar una historia que otra vez pone en cuestionamiento los límites del marketing de la exposición. “Hoy la construcción de la noticia pasa por las conjeturas. Los hechos se construyeron una y otra vez, de manera diferente, según lo que leían los periodistas o lo que les mandaban a sus celulares otros periodistas”, analiza la socióloga especializada en medios Rosa Bellizzi.
A Nazarena la muerte de su marido la encontró de vacaciones en Miami. Al conocerse la noticia, algunos de sus seguidores en Twitter estallaron en bizarros intentos por anticiparle la pérdida. Horas después se supo que la actriz ya sabía sobre la muerte de su marido antes de subir al avión.
“Toda situación de suicidio es desesperada, por lo que importa no abrir juicio previo a lo que investiga la Justicia. El problema del tratamiento de la noticia depende de una cláusula de conciencia, algo que no se puede legislar”, reclama Bellizzi.
Para los abogados, la investigación sobre las causas de la muerte se concentrará en las cartas y mensajes en la cuenta de Twitter del empresario, donde unos días antes publicó varios mensajes dando a entender que no pasaba un buen momento personal. “Nadie verá las cosas buenas que hacés hasta el día en que les haga falta”, señaló en su último mensaje al ciberespacio Rodríguez, que dejó dos cartas.
Para la psicóloga Iris Pugliese, directora en el Centro Psicoanalítico Argentino, “los medios buscan ser los primeros. Lo extraño es ver cómo todos esperaban ser los primeros en verla llegar. La gente por Twitter pretendía contarle primero que nadie lo que había pasado, lo cual descubre hasta qué punto la mediatización de la vida es un hecho”.
Como en un reality, la pareja Vélez-Rodríguez formalizó su relación en 2009 en la televisión. El 23 de septiembre de 2010 tuvieron a su hijo, Thiago, y dieron en exclusiva sus fotos a las revistas del corazón. Dos años después –con la televisación correspondiente– se casaron. También en 2012 fundaron juntos Jaz Producciones, en homenaje a Jazmín, hermana menor de la actriz que murió en un accidente de tránsito.
El martes 25 Buenos Aires esperaba a Vélez con un otoño más frío que lo habitual. Y si bien había desestimado la opción de realizar un velorio, cambió de planes y a las 11 de la mañana se dirigió en su auto a la casa mortuoria donde estaban los restos de su pareja. Allí, las decenas de cámaras apostadas la mostraron otra vez.
Desbordada, la actriz lloró y gritó su angustia a metros de los medios. Nazarena, que conoce como pocas los menesteres de dirimir rupturas sentimentales, laborales y hasta pérdidas familiares ante una cámara de televisión, esta vez volvió a ser noticia. Con el alma en el aire, a puro llanto y al grito de “te amo, Fabián”, despidió los restos de su marido.
“Uno supone que en un punto Nazarena pretende algo de intimidad. O por lo menos la necesitaría, para llorar su pérdida. La persona que depende mucho de la popularidad, es decir de la aprobación del público y del rating, para tener trabajo termina valiéndose de los hechos personales como mecanismo de propaganda personal”, dice la psicóloga.
En ese juego de exposiciones también fue eje de conflictos la declaración de su cuñada, Mirta Rodríguez, que la responsabilizó por el desenlace fatal. “Mi hermano no era ningún santo, pero la responsable de la muerte es Nazarena porque lo volvió loco. Lo dejó con los cuatro pibes: fue un final anunciado. Ella no es una buena persona. Ahora la deberemos ver por todos los programas haciéndose la víctima”, le dijo el mismo lunes al diario Crónica, aunque dos días después lo desmintió. “Los intereses posponen el dolor. Los cruces y las acusaciones aparecen como doble juego: por un lado hacen que el dolor sea retardado, pero también para sacar fruto de una situación dolorosa: la exposición pública, un juicio ganado o un interés económico. Por algo se apela a las declaraciones mediáticas. Quien las hace suele saber que algo va a ganar”, analiza Bellizzi.
En medio de la polémica, los restos de Fabián Rodríguez fueron enterrados el miércoles en el cementerio Jardín de Paz de Pilar, pero la despedida fue en todos los frentes. Un par de horas después de aterrizar en Ezeiza, la actriz subió fotos familiares a Twitter, que acompañó con la frase: “Besé tus labios y estaban helados, todo tu cuerpo estaba frío. Sentí el mismo amor, aunque entendí que ya no estabas ahí”. Ese día también cambió su biografía en la red social: “Hermana de un ángel llamado Jazmín, mamá de Bárbara, Gonza y Thiago. Unida hasta que Dios nos reencuentre a Fabián Rodríguez”.
“Hay una línea muy filosa, casi intangible, que se pasa todo el tiempo. La persona que se muestra siempre está expuesta a no poder tener espacios propios, privados”, sentencia la socióloga Bellizzi. Según su opinión, quien se presta a la exposición pública pierde el derecho a lo privado y el consiguiente espacio a la intimidad. “Hoy si no sos informáticamente presente, no existís. Es como cuando te invitan al programa de Mirtha Legrand, sabés que estás condenado a no comer. En este caso, quien se presta a la mediatización de su intimidad es condenado a ver violentada su intimidad”, asegura.
En sintonía, Pugliese aporta: “A quien expone su vida constantemente le llega un momento en que no tiene un límite entre lo privado y lo público. Es como que necesitaran que su vida trascienda, lo cual esconde una necesidad de afecto y aprobación enorme de los demás”.
Las referencias no paran, aunque él ya no esté para leerlas: “Qué desesperado debés haber estado para tomar tremenda decisión. Dios te dé la paz que tanto buscabas y la resignación que necesitás hoy. Q.E.P.D.”, escribió este miércoles un allegado a Rodríguez en su cuenta de Facebook.
“Llega un momento en que la gente se confunde y cree que eso le está pasando a un familiar. Mucha de esa gente que le hablaba a Nazarena por Twitter, contándole sobre su pérdida antes de que ella llegara al país, siente que ella es su familiar y si se la cruzara en la calle la saludaría. El público queda implicado en esa situación de duelo”, explica Pugliese.
“Hoy aparecer es pertenecer: en pos de reconocimiento, el pudor ha dejado de operar. Ahora lo que predomina es el mostrarse y aparecer con las cosas más escabrosas. Se prestan al juego de que la gente elucubre si ella lo instigó o si tenía antecedentes, cuando antes todo eso pasaba por el fuero íntimo”, afirma la psicóloga. Tampoco Bellizzi ofrece una mirada promisoria: “Es como si nos hubiéramos cansado de las construcciones narrativas y ficcionalizamos la propia realidad. Es patológico, no solamente para quién se presta al juego mediático, sino socialmente patológico”.
“Te traté mal y vos te mataste, fue mi culpa”, dicen que murmuró Nazarena Vélez antes de que los restos del empresario sean inhumados. Breve y perfecta despedida captada por los medios, en un mundo en el que un suicidio, a simple vista, equivale a un cambio de estado en una red social. Hasta el siguiente twit o la próxima vez en que se encienda la cámara.
OPINIÓN
El ejemplo más brutal
Por Adriana Arias
Psicóloga, autora de Locas y fuertes
La intimidad es una de las áreas del sujeto más propias, y a la vez la labilidad que expone es temeraria. Los códigos han cambiado y eso nos reconstituye como sujetos. El de Nazarena Vélez es tal vez el ejemplo más brutal.
El alma al aire, el cuerpo expuesto, las miserias y las suposiciones arrasan con lo que somos psíquicamente. El que abre su intimidad no puede frenar toda la potencia de la mirada múltiple, pero a la vez, quien se presta a eso está patológicamente involucrado.
El narcisismo de Vélez es definitivamente patológico y peligroso para ella y para todos los que la circundan. Su autoestima está claramente afectada y eso no permite avizorar un borde moral, no hay límite entre lo que se puede contar y lo que es mejor guardar. Hay un punto en el que realmente las puestas en escena terminan siendo creídas por los actores. Aquí hay una construcción ficcional pero inconsciente.
¿Cómo esperar que no haya disputas familiares con sus cuñadas que saltan del fuero personal a la pantalla de televisión? Todos están patologizados. Además, hay mucho dinero en juego y algunos medios se valen de las patologías humanas para facturar, pero el problema es hasta dónde se llegará con la vida de una mujer tan pública que corre serio riesgo. Lo fundamental sería que pasado este momento ella pueda ver que la sobreexposición es casi adictiva y que necesita buscar una solución por su vida y la de sus hijos.
Auditoría y condena
El lunes 24 a las 22.50, después de un llamado al 911, la policía fue al domicilio de Jaz Producciones. Encontraron muerto a Fabián Rodríguez, el marido de Nazarena Vélez. Luego de confirmarse que se trataba de un suicidio –dos cartas de despedida y algunos mensajes en Twitter incluidos–, comenzaron las especulaciones sobre los motivos. Sumadas a las versiones de una crisis de pareja, las mayores hipótesis se centraron en conflictos económicos.
El empresario de Jaz, productora que conducía junto a Nazarena, había sido condenado a una pena de año y medio por el delito de estafa en concurso ideal con falsificación de documento privado. La causa era del 2006. Rodríguez, contador, fue condenado por cobrar 16 mil pesos para defender a una empresa en un juicio laboral cuando no estaba habilitado para ejercer como abogado.
A su vez, desde el 2009 tenía diversas denuncias por deudas con un banco y una tarjeta de crédito y se lo involucró en la clausura de la sala de Teatro Los Ángeles, que él manejaba. Además, muchos afirman que los problemas económicos eran una causa de conflicto en la pareja. Una crisis por faltante de plata de las obras de teatro, deudas y un mal manejo de los bienes habría llegado al punto de que Vélez –que hizo auditar a la productora– pensaba exponer una supuesta estafa de su marido.
Su abogado, Bernardo Beccar Varela, reconoció la auditoría pero dijo que “fue una reunión para revisar los números después de la temporada y la gira de Los Grimaldi (foto). En ese momento daba todo correcto”, afirmó. A esto se sumó una versión de una deuda a Nazarena por una casa que habían hipotecado y el pago de una suma importante por la compra de otra casa en Benavídez. Distintas versiones sostienen pasivos desde un millón de pesos a doscientos mil dólares.
Para terminar con las especulaciones, Rafael Cúneo Libarona, abogado de Rodríguez, aseguró que la muerte fue “un suicidio y no hubo instigadores” y afirmó que Rodríguez no tomó la determinación de quitarse la vida a raíz de problemas económicos o de la condena.

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