Psicópatas

La verdadera "mata bebé": la aterradora historia de la niñera psicopata

Christine Falling era una adolescente que se dedicaba al cuidado de infantes y adultos mayores. Los hechos sucedieron entre 1980 y 1982 en Florida, Estados Unidos. Enterate en la nota de los escalofriantes detalles.
jueves, 14 de enero de 2021 · 14:28

Aquella noche, Lise Coleman necesitaba una niñera que cuidase de su hijo Travis de apenas diez meses de edad. Christine Falling tenía experiencia al respecto y se ofreció para que la madre le dejase al bebé en su casa. A la mañana siguiente, el pequeño apareció muerto sin señales evidentes de agresión o violencia. Sin embargo, la investigación policial demostró que el pequeño falleció por asfixia.

Este era el quinto asesinato perpetrado por la denominada ‘Niñera asesina’ en menos de dos años y medio sin que nadie sospechase de ella. Durante su declaración ante la Policía, Falling explicó que “una voz decía dentro de mí, ‘mata al bebé’, una y otra vez”.

El abandono

La familia de Christine Laverne Slaughter era un tanto extraña. Su madre, Ann, apenas tenía 16 años cuando se quedó embarazada, mientras que su padre, Thomas, ya había cumplido los 65. Una diferencia de edad abismal que nadie dio importancia en la localidad de Perry (Florida, Estados Unidos). A los pocos meses de nacer la pequeña (el 12 de marzo de 1963), la matriarca desapareció del hogar familiar para regresar de nuevo embarazada. Durante los siguientes dos años y medio, Ann tuvo tres hijos más: Michael, Earl y Carol.

Finalmente, la mujer decidió abandonar a los cuatro niños después de que Thomas Slaughter sufriese un accidente laboral y no pudiese hacerse cargo de ellos. Cogió el coche, llegó hasta un centro comercial y los dejó sentados en uno de los bancos. Nunca más volvieron a ver a su madre.

Las autoridades se hicieron cargo de ellos y los enviaron a un orfanato hasta que los Falling adoptaron a las pequeñas Christine y Carol. Dolly Falling no conseguía quedarse embarazada, así que aquellas era la única opción posible.

La llegada de las niñas al nuevo hogar familiar fue todo un acontecimiento. En la casa solo reinaba amor y cariño, y las menores se sentían completamente cuidadas y amadas por sus padres adoptivos. Pero a medida que fueron pasando los años, comenzaron a surgir problemas en la casa de Dolly y Jesse. Broncas, desprecios y la enfermedad de Christine (sufría de epilepsia) alteraron la paz de los Falling.

Además, la pequeña comenzó a tener problemas de obesidad, dificultades en el aprendizaje y a desarrollar una fuerte animadversión contra sus progenitores. Sus ataques de ira y su comportamiento antisocial les preocupaban sobremanera. Principalmente que a Christine le fascinase infligir dolor a animales. En concreto, disfrutaba torturando y estrangulando gatos.

Las discusiones llegaron a ser tan cruentas que la Policía tuvo que intervenir en más de una ocasión. Finalmente, los Falling decidieron enviar a las dos hermanas a una especie de reformatorio en Orlando. Un año después todo seguía igual, así que Christine regresó con su madre biológica y Carol buscó trabajo para instalarse por su cuenta.

En 1977 y con tan solo 14 años, Christine se enamoró y se casó con el que era su hermanastro. Un matrimonio que duró unas pocas semanas y que le derivó en un trastorno psicológico conocido como síndrome de Munchausen. La adolescente emulaba sentirse indispuesta para acudir continuamente a urgencias. Debido a esa compulsión, Christine comenzó a autodiagnosticarse síntomas de distintas enfermedades que no padecía y que los médicos no lograban identificar.

En una ocasión, por ejemplo, la muchacha dijo que le había mordido una serpiente. Después se demostró que era mentira. O que empezó a desangrarse sin motivo alguno cuando en realidad tenía el período menstrual. En los siguientes dos años, la niña fue más de medio centenar de veces al hospital. Buscaba una atención exagerada por parte del personal sanitario.

Christine Falling siendo detenida

De profesión: niñera

Tras el divorcio, Christine tuvo que ponerse a trabajar y comenzó a ejercer como niñera. Le encantaban los niños y cuidar de ellos era una de las mejores opciones. De hecho, rápidamente se ganó la confianza de los padres de los pequeños que no dudaron en dejarlos al cuidado de la adolescente. Ella siempre se mostró atenta y encantadora. Hasta que el 25 de febrero de 1980 cometió el primer asesinato.

Christine estaba cuidando de Cassidy Mae Johnson de dos añitos. En un momento dado, ‘Muffin’ (así la llamaban de forma cariñosa) sufrió un desmayo y no lograba despertarse. La niñera acudió ipso facto al pediatra y este observó un sospechoso golpe en la cabeza de la niña. Christine alegó una caída de la cuna previa al síncope y al final, el doctor le diagnosticó una inflamación cerebral causada por una infección.

Cassidy Mae Johnson

Tras permanecer ingresada en el hospital durante dos días, ‘Muffin’ finalmente murió. Según la autopsia, el golpe en la cabeza tras caerse de la cuna fue determinante para el fallecimiento.

La muerte de la pequeña sumió a Christine en un estado de tristeza absoluta y de desazón. Los padres jamás sospecharon de las malas intenciones de su niñera, pero sí los médicos que instaron a la Policía a investigar aunque esta hizo caso omiso. La primera muerte propició que la joven se mudase de ciudad y se trasladase hasta Lakeland donde continuó ejerciendo como cuidadora.

Un año después del asesinato de ‘Muffin’, Christine cometió el segundo. Esta vez era el hijo de un familiar lejano, Jeffrey Davis, de cuatro años. Según explicó la adolescente, el niño dejó de respirar repentinamente. La autopsia posterior reveló que sufrió una miocarditis, es decir, un trastorno poco común que está causado por una infección que afecta al corazón. De nuevo, los padres se conformaron con las explicaciones de Christine y el resultado médico tampoco arrojo luz al respecto.

Christine de adolescente

Tres días después, la ‘Niñera asesina’ –así la denominaron los medios de comunicación- volvió a actuar. Esta vez cuidando de Joseph Spring, de dos años. Los padres le dejaron a buen recaudo con Christine para acudir al funeral de Jeffrey Davis. El pequeño no superó la siesta y terminó falleciendo.

Aquí comenzaron a extenderse sendos rumores sobre las circunstancias que rodeaban a estas muertes, pero no había base real alguna. La propia Christine hizo creer a los padres de los niños fallecidos y también a sus más allegados que portaba una maldición: todo aquel niño o bebé que cuidase terminaba muriendo de forma extraña. Ante la esperpéntica conclusión de la adolescente, los afectados no pudieron por menos que quitarle hierro y asegurar que todo se trata de una serie de nefastas coincidencias.

Así fue cómo Christine decidió cambiar de registro profesional y a cuidar de personas mayores. Tras el primer día trabajando para William Swindle, de 77 años, este murió. Nadie señaló a la joven pese a las cuatro muertes que le rodeaban.

Llegado el verano de 1981 y con 18 años, Christine perpetró el que sería su quinto asesinato. Se trataba de Jennifer, de ocho meses. Mientras que la madre se encontraba haciendo la compra en el supermercado, la joven aprovechó para asfixiarla. Los médicos concluyeron que su muerte se debió al Síndrome de Muerte Súbita Infantil.

El último crimen antes de su detención se produjo el 2 de julio de 1982 cuando Christine estuvo a cargo de Travis Coleman, de diez meses. Su madre, Lise Coleman, se lo dejó toda la noche y cuando llegó a la mañana siguiente el bebé ya estaba muerto. Aunque en un primer momento, la autopsia dijo que el fallecimiento se produjo por falta de oxígeno, después descubrió que Travis tenía heridas internas similares a las producidas por asfixia mecánica.

Travis Coleman

Ante la muerte de cinco niños y un adulto, las autoridades decidieron ingresar a Christine en centro de salud mental para realizarle un examen psiquiátrico. Al mismo tiempo, la Policía halló indicios suficientes para acusarla formalmente de tres asesinatos en primer grado y procedieron a su detención.

“No sé por qué lo hice, no me gustaba. Ya sabes, parecía sencillo, pero no lo era. Le puse una mantita sobre su cara. Una voz me decía dentro de mí: ‘mata al bebé’, una y otra vez. Después me daba cuenta de lo que había pasado”, confesó a los investigadores.

Cadena perpetua

Durante el juicio celebrado en el Estado de Florida, Christine Falling explicó que aprendió a matar gracias a determinadas programas de televisión. Y en cuanto a los motivos, fueron de los más variopintos. Mientras que asesinó a ‘Muffin’ “porque era muy ruidosa”, a Jeffrey David lo hizo porque “me volvía loca”. La joven confesó que “lo saqué [de la cuna] y comencé a ahogarlo hasta que estaba muerto”.

En cuanto a Joseph, el niño “dormía la siesta cuando no supe qué pasó. Recibí el impulso y quise matarlo”. En el caso de Travis, el pequeño “estaba durmiendo cuando lo maté”.

Esta confesión y declararse culpable de tres de los asesinatos –los de Cassidy Johnson, Jennifer Daniels y Travis Coleman- sirvieron para evitar la pena de muerte. Así, el 17 de septiembre de 1982 el juez sentenció a Christine a dos cadenas perpetuas sin posibilidad de salir en libertad condicional en los siguientes 25 años.

Christine Falling hoy

Pese a que estando en prisión, Falling también reconoció el asesinato del anciano Swindle, las audiencias de revisión de la condena que solicitó desde 2006 y hasta 2017 siempre le denegaron la condicional. Al fin y al cabo, “¿quién confiaría en su niñera?”, reflexionaba uno de los abogados de la acusación durante el juicio.

 

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