editorial

Summer is coming: cómo será este atípico verano sanjuanino que se viene

Atención, casi nada de lo que supimos conocer quedará en pie este año. Agenda informativa abollada por la realidad. Costumbres sanjuaninas, reformuladas. Por Sebastián Saharrea
sábado, 31 de octubre de 2020 · 11:11

Menú estival típico sanjuanino de los últimos años: Piletas de los clubes, colonias de vacaciones, salidas de vacaciones a la costa, a Chile o a las sierras, recorridas nocturnas para aliviar el termómetro, juntadas con amigos en toda la semana, encuentros familiares para las fiestas, Vuelta de San Juan (sabiamente bautizada como las vacaciones de los pobres), Fiesta del Sol.

Nada de todo eso que conocimos quedará en pie transitoriamente en la temporada. Hasta la bendición del aire acondicionado, necesario como pocas otras cosas en estos parajes, quedará liberado al uso aliviador, incluido como está en la lista de contraindicaciones por la propagación del virus maldito.

De esa incompleta lista de costumbres sanjuaninas forjadas a fuerza de siglos de pelearle a las adversidades climáticas –entre las que el termómetro superando los 30 grados a la noche resulte tal vez la más agobiante junto a la falta de lluvia y agua en general- hay pocas que podrán mantenerse en los días que ya están tocando la puerta con el fin de la primavera.

En más o en menos, el ritmo irá siendo marcado por ninguna otra cosa más que el ritmo de la propagación del virus y la cuenta regresiva para la aparición de una vacuna eficiente. Todo lo demás girará alrededor: la agenda pública, los temas de conversación en la mesa, las preocupaciones más urgentes. Y las costumbres que supimos conseguir y depositaremos en un paréntesis de extensión indefinida.

Cierta angustia hacia lo desconocido y lo indefinido, cabalgar al ritmo de un objeto que no podemos manejar pero que marcará el paso en este tiempo de coctel explosivo: calor, tiempo de ocio luego de un ocio obligado por el confinamiento, fin de año devaluado por la depresión de lo perdido (en todos los casos, material, en salud o en vidas), la contabilización de daños y el necesario repliegue para volver a despegar.

Todo lo que se permita o se restrinja irá asociado al éxito de la sociedad en esta pelea desigual como un objetivo móvil y arisco, el virus que atrapa de la garganta a la humanidad. En San Juan también, con sus particularidades. Con ritmo creciente de casos, camas en ocupación acercándose al límite, lugares de hisopado abarrotados de gente, sistema sanitario peleando contra la estupidez de los que llaman amenazando con romper el aislamiento. En supuesto castigo a vaya a saber quién.

Y el almanaque acercándose peligrosamente al momento del año más complejo de atravesar a la intemperie. Summer is coming, la contracara del gélido paisaje de Game of Thrones que presagiaba el peligro justamente en lo opuesto: Winter is coming.

Entraremos a ese momento con un cuadro sanitario complejo y una cuenta regresiva sobre las espaldas de todos: cuánto falta para la vacuna, como el equipo de futbol que empata de visitante contra un equipo grande y lleva la pelota al corner para que pasen los minutos y llevarse un puntito. En teoría, ese momento ocurriría si coronara alguna o más de una de las vacunas en marcha, alguna de las cuales se testean y fabrican en Argentina. Ginés habló de marzo, cuatro meses más, habrá que ver cómo van los contagios, si se controla la curva. Y si efectivamente es marzo.

Si lo es, el verano pasará bajo pandemia. Y a medida que se acerca el verano, encontraremos en San Juan que:

-La costumbre siestera de la pileta, reservada a los pocos que disponen de alguna en la familia o las amistades cercanas. Será muy difícil generalizar un sistema de piletas en los clásicos clubes sanjuaninos, plagados de familias y amigos haciendo el aguante al calor. Podrá ser a escala reducida, se verá. Nunca como es habitual.

-La costumbre de muchos de salir fuera de la provincia a vacacionar, petardeada por la realidad. Hasta ir a Mendoza en las actuales circunstancias será una aventura. Ni hablar de la costa argentina, hisopado en mano atravesando las barricadas provinciales.

-Una parte de la gente en San Juan, minoritaria pero importante, viaja de vacaciones frecuentemente al exterior. Destino preferido, Chile. Hay otros: EEUU, Europa, Brasil, por qué no Uruguay. Para todos, el común denominador de la otra pandemia, la del dólar. Conseguirlo primero y decidir gastarlo luego, doble riesgo al límite con la quimera.

En Chile siguen anunciando que se preparan para recibir a los sanjuaninos. Raparan en las dificultades, la situación sanitaria y las diferencias del cambio de moneda. Hasta liberaron el acceso al país por Agua Negra sin que nadie lo advirtiera, lo que antes era corte de cintas y protocolo hoy pasó sin pena y sin gloria.

Apuestan a un par de ases en la manga. Uno, que de a poco el riesgo de contraer coronavirus es más alto en Argentina –incluido San Juan- que en Chile, aunque el costo de hacerlo a uno u otro lado de la cordillera es un riesgo añadido nada menor. Otro, que el poder de compra de los pesos devaluados argentinos se mantiene en Chile, impuestos cambiarios incluidos. Ya se ven algunos casos en Mercado Libre Chile de ventajas en celulares y PC, habrá que ver el resto, la gama de productos con los que los sanjuaninos se equipaban cada año en el país vecino.

-La inflación de los picarones locales no descansa. Cerrado el panorama para viajar afuera de la provincia o al exterior, aparecen alquileres en dólares en las plazas turísticas locales como Zonda o Calingasta. Debería surgir alguna coordinación para evitar que esos abusos se produzcan, además de facilitar accesos y atractivos en la plaza local.

Precios en alza y demanda a tope: ya hay plazas agotadas en algunos parajes para diciembre-enero, el desafío de los prestadores será no intentar recuperar todo el terreno perdido de un solo saque. Si ese tracto inflacionario también se desliza a precios de alimentos, no faltará el que saque cuentas y se decida a por Chile, pese a todos los riesgos.

-Del otro lado, la necesaria atención sobre el abanico social y económico. Hipotéticas nuevas víctimas de la situación si es que la caída de la actividad se profundiza o no mejora. Gente caminando por el filo, mucha. Sin el privilegio de sacar cuentas sobre donde le conviene atrincherarse esperando que pasen los calores.

-Hasta la clásica temática social y periodística habrá de cambiar drásticamente. A esta altura del año, lo usual es incorporar a las noticias, al menú de opciones sobre lo que ocurre todos los días, a las etapas intermedias de las fiestas estivales. Por estos tiempos, cada departamento presenta a sus embajadoras –antes soberanas- con un despliegue de atención apreciable.

No suele ser raro que todos los noviembre-diciembre, en la mesa se hable sobre las candidatas, los números artísticos que la gran fiesta en preparativos, los ensayos del número central, las convocatorias, todo lo que rodea históricamente al evento que nos dimos como caricia al alma.

Pero este año, esta temporada, no habrá fiesta. Ni siquiera por streeming, opción seleccionada por artistas con necesidad de trabajar, proveedores, miles de familias que ganan su sustento anual en la fiesta. Ni el streeming ni el zoom permiten acercarse mínimamente a las sensaciones de la fiesta. Cualquier intento será extraño, sin clima ni atención.

Toda la mirada, fija y clavada en el conteo de víctimas. A hablar de otra cosa, lejos del microclima habitual para estas épocas del año de la agenda clásica. Urgencias diferentes, estados de ánimo brutalmente alterados, esperemos que sólo por ésta vez.

Lo mismo que con la Vuelta, ya clavada en el calendario mundial. Motivo éste excluyente por el que se mantiene viva en las citas del verano sanjuanino, sólo por eso. Y con un dibujo distinto: habrá que ver con qué ciclistas mundiales se puede contar, bajo qué formato. Y, lo más importante, con qué participación de la gente, el condimento más relevante de la competición sanjuanina. Todo sugiere que con menos público en la calle, aunque no fue eso lo que ocurrió en Francia con el Tour, plagado de hinchas pese al Covid. Así estamos, también.

Recién allí podremos sacar el dedo fuera de la sábana para tantear cómo está el clima. Si los casos se frenan, si la vacuna llega. Siempre que llovió, paró, consuelo de amplio espectro. Parece haber una luz, no está lejos ni cerca. Solo hay que atravesarla y llegar lo más vivos posible.

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