La Virgen del Carmen tuvo su merecida y clásica celebración en su día en la Capilla de Achango, Iglesia. En una jornada soleada, la fe volvió a decir presente para acompañar a la Santa Patrona del Ejército de los Andes. Si bien no estuvo presente el cura párroco, un grupo de oración de Las Flores tomó la posta y oficio la misa ante una conmovida congregación.
El tintinar de las campanas dio comienzo al rezo y a la posterior comunión en el exterior de la capilla. Personas llegadas de diferentes rincones de la Provincia como del departamento norteño cumplieron sus promesas venerando a su madre. Tras el oficio tuvo lugar la profesión en la que la Virgen del Carmen salió de su hogar para recorrer algunos kilómetros de Achango, acompañada en cada momento por sus fieles a pie y a caballo; entre cantos y rezo del rosario.
Si bien fue todo a pulmón, nunca estuvo en duda el sentimiento que despierta la Virgen del Carmen, que, en el caso de esta imagen, la historia cuenta que fue traída a finales del Silgo XVIII desde Perú por los antepasados de Aníbal Montesinos, el actual “guardián titular” de la capilla y sus tesoros.
Sumando algo de color a este entrañable capítulo de la historia, los organizadores repartieron números para un sorteo que sorprendió a más de uno, y mucho más a los ganadores de los artesanales premios que fueron donados con total bondad por ilustres de la zona.
Menos afluencia, más devoción
Los más habituales recordaron con TDSJ que años anteriores la convocatoria era generosamente mayor, incluso con combis llegadas desde la Ciudad de San Juan, y hasta a veces venciendo la nieve presente a esta altura del calendario. También se echaron de menos los stands de artesanías y productos regionales que adornaban este especial y místico paisaje. Pese a ello, quienes dieron el presente renovaron su compromiso y fidelidad a la Virgen, y aseguraron que volverán en los años venideros para esta fecha, con la esperanza de sumar cada vez más adeptos y volver a aquellos años de gran afluencia.
Antes de que el sol bajase sus persianas, los presentes fueron convidados con un riquísimo y calentito chocolate, el cuál estuvo acompañado por panificación casera propia de este rincón iglesiano.