"Troperos de Santa Lucía"

Conocé la historia de la agrupación sanjuanina que brilló en Jesús María

El padre del jinete sanjuanino que se consagró en la doma de Jesús María contó a Tiempo de San Juan la historia de la agrupación gaucha de la que pertenece.
lunes, 18 de enero de 2016 · 12:03
 (nota publicada el 12 de junio de 2014)
 
HISTORIAS

Un gringo de corazón gaucho

José "Pepe” Marti es un conocido talabartero que reparte su tiempo entre el oficio y la agrupación gaucha "Troperos de Santa Lucía”. Durante más de 40 años se ha dedicado a mantener en lo alto las tradiciones argentas. Por Natalia Caballero.

Un gringo de corazón gaucho

Don Pepe en "La casa del Ensillado”, uno de los negocios con más tradición gauchesca de la Provincia

Por Natalia Caballero

Con seis años recién cumplidos se dio cuenta de que los caballos iban a formar parte de su vida para siempre. Y así fue. El amor por este animal fue el que lo condujo a perseguir avestruces siendo un adolescente y a armar la Agrupación Gaucha "Troperos de Santa Lucía” siendo ya padre de familia. El protagonista de la historia es don José Marti, hijo de españoles y dueño de una gran pasión por las tradiciones gauchas sanjuaninas. 

La vida de este hombre siempre estuvo ligada al campo. A los seis años su familia se trasladó a una finca de 9 de Julio, donde el pequeño rubiecito tomó contacto con los peones. Fueron ellos quienes le presentaron los caballos y las destrezas. "Empecé a perseguir avestruces, luego seguí con las jineteadas. Corría por los campos con los caballos, siempre me pareció un animal muy noble”, recordó Marti. 

Pepe, como lo conocen todos, tuvo una infancia muy libre, rodeado de animales y de la belleza de los paisajes nuevejulinos.  Su tiempo se repartía entre los parrales, la escuela y el aprendizaje sobre tradiciones gauchas. Los caballos eran moneda corriente en la finca donde vivía porque se usaban para labrar la tierra, llegaban desde Buenos Aires en tren y los bajaban en la estación de ferrocarril Pedro Echague. 

Cuando la práctica se lo permitió, don José empezó a participar de competencias de destreza y jineteadas. A pesar de que más de una vez se llevó un trofeo a su casa, a Pepe le gustan más las cabalgatas porque son estas travesías momentos propicios para compartir charlas con amigos y escuchar tonadas cuyanas. 

Una gran sequía que golpeó a los productores con furia fue la que llevó a José a acercarse a otras de sus pasiones: la talabartería. Empezó a trabajar en la talabartería de Ángel Ginestar. Tres años estuvo junto al reconocido artesano de cuero hasta que logró independizarse. Fue de la mano de Ginestar como Marti aprendió el oficio que hasta ahora sigue ejerciendo.  Hace 40 años José inauguró "La casa del ensillado”, una de las talabarterías más importantes de la Provincia. En el local, ubicado sobre Avenida Libertador a metros de Balcarce, se siente el olor a cuero de las monturas y de los cintos que confecciona. 

No es nada fácil manejar el material cuando llega desde las provincias de La Pampa Húmeda. Don Pepe cuenta que cuando llega el cuero, primero hay que pelearlo sino es muy duro, luego hay que estaquearlo y dejarlo secar. El trabajo es largo pero los trabajos realizados con curtiembres de primera calidad duran de por vida. 

En el negocio entran y salen de manera constante personas que van en busca no solo de monturas, cuchillos, fajas sino también de un consejo gaucho, de esos que son capaces de dar solo los viejos que desde hace años están metidos en la corriente tradicionalista. "Tengo muchos amigos en el gauchaje, son amigos de pura cepa, que están siempre y que sobre todo son capaces de apoyarte en las buenas y en las malas”, expresó el hombre. 

Ninguno de sus hijos se inclinó por aprender el oficio de talabartero, pero sí se sintieron atraídos por el gauchaje. Todos los fines de semana, la familia participa en eventos gauchos, sobre todo los organizados por la agrupación "Troperos de Santa Lucía”, fundada también por don Pepe aunque a él le dé vergüenza decirlo. "En la tercera presidencia entré yo, un tipo dedicado a la agricultura que le empezó a gustar el asfalto y los desfiles a caballo”, agregó. 
A pesar de que fueron muchos los caballos que pasaron por las manos de José, al que le guarda mayor cariño fue a un overo que tuvo cuando era jovencito y que usaba principalmente para correr liebres y avestruces. 

Han sido cientos las participaciones que José ha tenido en cabalgatas y competencias, pero sin duda al evento al que más le gusta ir es a la cabalgata de la fe a la Difunta Correa. Dice que todos los años se prepara junto a su familia para disfrutar de los tres días a pleno con sus amigos, entre los cuales se encuentra el cortista Adolfo Caballero y el intendente de Capital, Marcelo Lima. 

Por sus venas corre sangre española, pero durante toda su vida don José Pepe Marti se ha dedicado a enaltecer las tradiciones argentas mediante su trabajo como talabartero, su pasión por los caballos, pero por sobre todas las cosas por su corazón gaucho.

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