Cáncer después de los 65: las claves para enfrentar la enfermedad, según especialistas nacionales
Expertos que disertaron en el Seminario de Periodismo y Salud, del que participó Tiempo de San Juan, aseguran que a medida que la población envejece, aumenta el desafío de la prevención.
Para 2040 se estima que los casos de cáncer en mayores de 65 años aumentarán alrededor de un 50%. Ante una población que envejece, especialistas destacan la importancia de la prevención y la detección temprana para una longevidad saludable.
La humanidad vive más que nunca, y eso, además de ser un logro, plantea nuevos desafíos sanitarios. La relación entre longevidad y enfermedad, especialmente el cáncer, exige una mirada más compleja y empática. Así lo sostienen el médico geriatra Carlos Presman y el oncólogo Diego Kaen, quienes integraron el panel de especialistas del Seminario de Periodismo en Salud 2025, organizado en Buenos Aires por el laboratorio MSD y del que fue parte Tiempo de San Juan. Ambos especialistas coinciden en que el sentido vital, el entorno afectivo y el acompañamiento médico integral son los tres factores clave, que determinan la calidad de vida y las posibilidades de recuperación de la enfermedad cuando se da en adultos mayores.
Presman recordó que en 1950 la esperanza de vida mundial era de apenas 50 años. Hoy, setenta y cinco años después, alcanza los 75. “En el mundo, en tres generaciones, la gente vive 25 años más. Eso explica por qué estamos hablando de esto: cada vez hay más adultos mayores”, planteó. En Argentina, la esperanza de vida llega a 77-80 años en las mujeres y 75 en los hombres, ubicando al país en el puesto 68 sobre 200 naciones, “de mitad de tabla hacia arriba”, según datos de la Organización Mundial de la Salud.
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El especialista destacó que el envejecimiento no enferma y que la vejez no puede entenderse como una sola etapa, sino como una diversidad de experiencias. “Ya no hablamos de envejecimiento, sino de vejeces. No hay edades, sino funciones. Hay personas de 80 años activas, y otras de 60 que han dejado de hacer muchas cosas”, reflexionó. En su visión, lo que define la calidad de vida no es la edad cronológica, sino la capacidad funcional, aquello que cada persona todavía puede hacer, aprender o disfrutar.
Según informó Presman, dos tercios de los adultos mayores llegan sanos a esa etapa de la vida, y sólo un tercio lo hace con enfermedades crónicas. “Envejecer no implica enfermarse; depende de cómo se viva”, remarcó.
Según explicó, el proceso de envejecimiento depende de tres grandes factores: la genética, que influye solo en un 10%; las patologías, que representan un 30%; y el medioambiente físico y social, que impacta en un 60%. “Si queremos vivir mucho tiempo, tenemos que vivir bien acompañados y en un entorno saludable. El vínculo social es tan importante como una buena alimentación o el ejercicio”, sostuvo.
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En esa línea, advirtió que la soledad es hoy “la causa de las causas” de muchas enfermedades. “Estamos biológicamente programados para vivir con otros. Cuando ese vínculo se rompe, el cuerpo se descompensa: aumentan el azúcar, el colesterol, la presión arterial y los procesos inflamatorios. Todo el organismo responde como si estuviera bajo amenaza, y eso puede generar distintas enfermedades, incluido el cáncer”, explicó.
El especialista en geriatría enfatizó además que atender a adultos mayores no es solo una tarea médica, sino una forma de comunicación y acompañamiento humano. “Atender adultos requiere tiempo. Hay que escuchar, hablar, entender sus miedos y sus historias. La medicina en la vejez es, sobre todo, una medicina de la palabra”, dijo.
Sobre los pacientes con cáncer, Presman resumió una frase que escucha a menudo en su consultorio: “No tengo miedo a morir, pero no quiero sufrir. No quiero ser una carga, no me interesa vivir mucho más, me interesa vivir bien.” A partir de esa mirada, plantea que el sentido vital es determinante para afrontar la enfermedad. “Cuando una persona encuentra un porqué vivir, puede atravesar cualquier cómo”, citó, parafraseando a Nietzsche. “El paciente que se aferra a un propósito (ver crecer a un nieto, terminar un proyecto, ayudar a alguien), tiene más fuerza para resistir los tratamientos”.
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Los médicos Kaen, Presman y Gabriela Bugarin durante, en el seminario. (Foto: MSD)
El cáncer, una enfermedad que se transforma
Por su parte, desde la oncología, el doctor Diego Kaen complementó la visión de Presman con una radiografía global de la enfermedad. “En 2022 se estimaron 9,7 millones de muertes por cáncer en el mundo, pero ese mismo año se diagnosticaron casi 20 millones de nuevos casos. Para 2050 se proyecta que las muertes lleguen a 18,5 millones al año”, detalló.
Según explicó, la incidencia aumenta sobre todo en los países de ingresos medios y bajos, donde los sistemas sanitarios tienen menos recursos para la detección y el tratamiento. A nivel mundial, la tasa de mortalidad ronda los 196 casos por cada 100.000 personas.
En Argentina, la incidencia es de 200 casos nuevos por cada 100.000 habitantes, y la mortalidad es de 100 por cada 100.000. Esto significa que alrededor del 51% de los pacientes logra curarse o cronificar la enfermedad. “El cáncer ya no es sinónimo de muerte. Hoy, muchos pacientes viven con cáncer como una condición crónica, gracias a los avances terapéuticos y al seguimiento médico”, afirmó.
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Kaen destacó que más del 60% de los diagnósticos de cáncer se dan en personas mayores de 65 años, un dato que obliga a repensar los abordajes médicos. “El envejecimiento no solo aumenta el número de casos, sino que cambia el perfil del paciente. Un adulto mayor tiene otras enfermedades (como hipertensión o diabetes) que condicionan las decisiones terapéuticas. Por eso, ya no hablamos de un médico que atiende a un paciente, sino de equipos interdisciplinarios donde intervienen geriatras, oncólogos, psicólogos, cardiólogos y radioterapeutas”, explicó.
El oncólogo remarcó que la eficacia de los tratamientos es igual en todas las edades, siempre que los pacientes estén bien evaluados funcionalmente.
Para mejorar las tasas de curación, Kaen insistió en la necesidad de detectar el cáncer a tiempo. Propuso tres pasos fundamentales para lograrlo:
Aumentar la conciencia pública sobre los síntomas y promover la consulta temprana.
Fortalecer el sistema sanitario, con inversión y capacitación profesional para diagnósticos precisos.
Garantizar el acceso equitativo a tratamientos seguros y eficaces en todo el país.
Además de los tratamientos farmacológicos, Kaen destacó la importancia de los cuidados de soporte: “Una buena alimentación, el ejercicio adaptado, la hidratación y el acompañamiento emocional son tan importantes como la terapia en sí para mejorar la calidad de vida. La oncología moderna debe integrar todos estos aspectos para garantizar un envejecimiento saludable”.
Finalmente, tanto Presman como Kaen coinciden en que la longevidad es un logro de la humanidad, pero también un reto sanitario. “El cáncer en adultos mayores debe abordarse con ciencia, empatía y políticas públicas específicas. No hay que excluir a nadie del tratamiento eficaz por su edad. Lo importante es evaluar a la persona en su conjunto, no al número en el DNI”, enfatizó Kaen.
Presman, por su parte, concluyó con una mirada esperanzadora: “El arte de curar es también el arte de cuidar. Y el sentido vital, los vínculos y el acompañamiento son las verdaderas medicinas del envejecimiento”.