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Tips útiles

Ahora afirman que lavarse la cara con agua fría es malo: cuál es la temperatura ideal

Según dermatólogos este acto que siempre fue recomendado, no es la mejor opción. Los detalles para cuidar la piel.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Lavarse la cara parece uno de los gestos más simples de la rutina diaria. Sin embargo, hacerlo de forma incorrecta puede afectar la salud cutánea más de lo que se cree. Uno de los errores más frecuentes no está en el producto elegido, sino en un detalle básico: la temperatura del agua.

Aunque durante años se recomendó el agua fría para “despertar” la piel y cerrar los poros, hoy los dermatólogos advierten que esta práctica no sería la más adecuada si se busca una limpieza eficaz y respetuosa con la barrera cutánea.

El mito del agua fría: por qué ya no se recomienda

Durante mucho tiempo se instaló la idea de que el agua muy fría ayudaba a tonificar la piel y a cerrar los poros después de la limpieza. Sin embargo, especialistas en dermatología coinciden en que esta creencia no tiene respaldo científico sólido.

La dermatóloga Andrea Combalia, autora del libro Piel sana in corpore sano, explicó en la revista Telva que comenzar la limpieza con agua muy fría puede disminuir su eficacia, ya que el frío contrae la piel y endurece la grasa acumulada, dificultando la correcta eliminación de residuos.

Pero el extremo contrario tampoco es aconsejable. El agua muy caliente elimina los lípidos naturales que forman parte de la barrera protectora de la piel, provocando sequedad, irritación y mayor sensibilidad.

Cuál es la temperatura ideal para lavarse la cara

Ni fría ni caliente. Los expertos coinciden en que el punto medio es la mejor opción.

El dermatólogo Ricardo Ruiz Rodríguez, de la Clínica Dermatológica Internacional, señala que la temperatura ideal del agua se sitúa entre los 28 y los 30 grados. Este rango permite que el limpiador actúe correctamente, facilita el enjuague y evita la aparición de enrojecimiento o sensación de tirantez, especialmente en pieles sensibles.

El agua tibia favorece que el producto emulsione bien y arrastre tanto el exceso de sebo como los restos de maquillaje o protector solar, sin alterar la barrera cutánea.

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La doble limpieza: el paso que muchos omiten

Más allá de la temperatura, los especialistas advierten que uno de los grandes errores en las rutinas faciales es realizar una limpieza insuficiente.

La piel acumula impurezas de dos tipos: algunas solubles en agua y otras en grasa. Por eso, la doble limpieza —popularizada por la cosmética coreana— se considera una de las técnicas más eficaces.

La experta Charlotte Cho, referente en K-beauty, explica que el primer paso debe realizarse con un limpiador oleoso capaz de disolver maquillaje, protector solar y sebo. Luego, se completa con un limpiador acuoso que elimine los restos y deje la piel preparada para los tratamientos posteriores.

En la misma línea, la dermatóloga Michele Farber, especialista en dermatitis atópica en la Hospital de la Universidad de Pensilvania, sostiene que “menos es más”: usar menos productos, pero aplicados correctamente y con agua tibia, resulta mucho más efectivo que acumular cosméticos sin una técnica adecuada.

Cómo lavar la cara correctamente paso a paso

Para que la limpieza funcione de verdad, los dermatólogos recomiendan seguir estas pautas:

  • Mojar el rostro con agua tibia (entre 28 y 30 °C).

  • Emulsionar el limpiador en las manos antes de aplicarlo.

  • Masajear suavemente durante al menos 30 segundos, sin frotar.

  • Aclarar con abundante agua tibia.

  • Evitar finalizar con agua muy fría.

  • Secar con una toalla limpia, dando pequeños toques sin arrastrar la piel.

  • Aplicar el siguiente producto con la piel ligeramente húmeda para mejorar la absorción.

Además, si se utilizó maquillaje o protector solar resistente al agua, se recomienda realizar doble limpieza por la noche.

El error silencioso que puede arruinar tu rutina facial

La limpieza es el primer paso de cualquier rutina cosmética y, al mismo tiempo, uno de los más descuidados. Muchos optan por soluciones rápidas, como usar solo jabón o agua micelar, que pueden resultar insuficientes.

Cuidar detalles como la temperatura del agua, la técnica de secado y el tipo de limpiador puede marcar la diferencia entre una piel equilibrada y una piel sensibilizada.

En definitiva, lavarse la cara con agua muy fría no es el truco milagroso que se creía. La clave está en el equilibrio: agua tibia, productos adecuados y movimientos suaves. Porque en el cuidado de la piel, los pequeños gestos diarios son los que realmente construyen resultados a largo plazo.

Fuente: Cuerpo Mente

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