Por Eduardo Camus
Alberto Fernández. Ex presidente imputado por violencia de género. Duele. Es agenda: se llevó la tapa de todos los diarios, el prime time de programas de radio y televisión y se instaló como tendencia en redes sociales. “Alta rotación”, como dice Ricardo Mollo en una recordada entrevista. No fingimos demencia. Así somos nosotros. Nos hacemos cargo y con la frente en alto sabemos que como dice una verdad peronista “primero la patria, después el movimiento y tercero los hombres”. Y a los hombres que haya que indicarles la salida, se la indicamos. El peronismo es especialista en cicatrización, en reconstrucción, en ponerle el pecho a la realidad y en encontrar nuevas formas de parirnos a pesar del cinismo, el doble discurso y la obsesión por pegarnos el tiro de gracia. La historia es nuestra y nos grita al corazón que podemos porque el amor a las ideas es más fuerte que cualquier pretensión liberal con peluca.
Nos piden autocrítica, hay autocritica. La venimos llevando adelante en el movimiento nacional hace rato, incluso antes de las elecciones presidenciales. En diversos ámbitos, referentes nacionales como Juan Grabois han planteado públicamente lo que se discute en cada Unidad Básica, junta departamental o espacio. No miramos para otro lado, tampoco callamos. Tenemos la responsabilidad histórica de asumir los errores, no desanimarnos y levantar lo más alto posible el orgullo por los miles de compañeros y compañeras honestos, que no caen en la especulación ni en las miserias del poder.
El antiperonismo sueña que sea el golpe definitivo, el que lo mate de una vez y para siempre. Pensamiento recurrente en algunos sectores del poder fáctico de Argentina. Sarmiento enigmático lo escribió en francés: On ne tue pas les ideés -las ideas no se matan o las ideas no se degüellan, según la traducción en castellano-. Muy liberales, pero no leyeron ni la frase más famosa del genial sanjuanino. El peronismo no ha muerto ni por los bombardeos, ni por los fusilamientos, ni en los 18 años de proscripción, ni los calabozos de la tortura ni en los miles desaparecidos… menos va a morir por un patético e indigno como Alberto Fernández.
Como si la política fuese solo un juego de estrategias siniestras, creen que este direccionamiento de la atención les da changüí, la oportunidad de que no se hable de otra cosa, una escena perfecta para tapar la realidad que vivimos los argentinos y argentinas. Pero la vida no es X (ex Twitter), y lo que se escucha es hartazgo, cansancio e impotencia. Aunque no sea tendencia hay más preocupación por poder pagar la luz que por las andanzas del fracasado ex-presidente, hay más miedo de perder el laburo que interés con quién anda chapando “el Topo” del Presidente actual. No hay “Panic Show” que tape la realidad plasmada en los informes de organismos internacionales independientes, como es el caso de UNICEF. El martes reafirmamos lo que se percibe en las calles de San Juan: la pobreza en Argentina es tal, que seguramente todos conozcamos un pibe que se va a dormir sin cenar. Casi 5 millones de adultos no comen todas las comidas por las dificultades económicas. La crueldad tarde o temprano encuentra un límite.
El síndrome del impostor exhibe a los mismos que hoy se rasgan las vestiduras exigiendo explicaciones y que en el pasado no han sentido la misma indignación ante los cientos de casos diarios de violencia de género y el desmantelamiento de las herramientas que el pueblo encontró para hacerle frente. Muchos de estos casos permanecen invisibles, solo abarcados y contenidos por el trabajo de las redes comunitarias de compañeras de todo el país, que brindan apoyo y contención. La indignación selectiva es llamativa. No les importa la violencia de género, solo quieren sacar provecho de esta situación y de esta manera avanzar en su plan de destrucción de lo común. El cinismo es tal, que mientras se condena pública y unánimemente a Fernández, los diputados de La Libertad Avanza, visitan genocidas que torturaron, violaron, mataron miles de mujeres y hasta secuestraron sus bebés.
“En esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo”. El convencimiento te lo da la calle. Los que siembran día a día por el otro, los compañeros y compañeras que tocan timbres para saber cómo está esa familia que no sabe qué hacer para pagar la luz, los que organizan un momento distinto y amoroso para los pibes que tienen la panza vacía. La devoción por construir una patria que nos ampare a todos y todas es la que nos empuja a seguir luchando contra las injusticias, en un país al que quieren convertir en un ring de boxeo. Nosotros no queremos un ring, nosotros queremos el club para que nos salvemos todos.
Este 17 de agosto de 2024 y previo al día de las infancias, pensemos juntos en los rostros de los pibes y pibas, cualquiera de ellos, todos ellos son nuestro pueblo. Lo hagamos con conciencia, amor y no con culpa. Intentemos caminar con alegría por las mismas sendas que el General San Martin, padre de la Patria, trazó en sus máximas para su hija. Los consejos que San Martín le dejó a Mercedes son el reflejo de su lado más humano y sensible. El amor, la verdad y la empatía por el otro, sobre todo por los más vulnerables y pobres, destacan. Para San Martín, amar la Patria y la Libertad es, indefectiblemente, la compasión hacia aquellos que más lo necesitan, "estimular la caridad con los pobres, inspirar sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones y tratar con dulzura a los criados, pobres y viejos".