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derribando mitos

Sexo y discapacidad, lo que no nos atrevemos a preguntar

Una sanjuanina le quita el velo al tema que resulta un tabú para una buena parte de la sociedad y, a través de su experiencia y conocimiento, educa. El goce, la vergüenza y el morbo son parte del menú de una enriquecedora charla. Servite.

Por Redacción Tiempo de San Juan 27 de marzo de 2022 - 13:11

Periodista: Las personas con discapacidad ¿tienen sexo, consumen porno, se masturban, disfrutan de sus cuerpos?

Protagonista: Claro, ¿qué te hace pensar que no?

La retórica, cual golpe, impacta y propone dejar una huella no sólo por la contundencia de la respuesta sino por el cambio que impone en la forma de situarse y observar una realidad de la que pocos hablan y que involucra al sexo con la discapacidad. Es que, despojada de las imposiciones sociales que todavía muchos acarreamos, Emilse Moragues invita a desdramatizar el cuadro y, aún con dificultades para vivir como cualquiera que no tiene una discapacidad, equipara el juego y advierte que las personas con discapacidad son seres sexuales al igual que el resto de los mortales. 

Ni ángeles, ni héroes, ni ejemplos a seguir; las personas que conviven con una discapacidad -explica la sanjuanina que se maneja en silla de ruedas por las discapacidad motriz que tiene- son simplemente eso y conviven con esa situación. Sin embargo, han sido objeto de una perspectiva equivocada que hoy los ubica en un pedestal innecesario. Quizás esa sea una de las razones por las que cuesta asociar a alguien con discapacidad siendo pleno en su vida sexual.

Si bien la especialista asegura que la perspectiva hacia las personas con discapacidad fue evolucionando, puesto que antes eran vistos como inútiles para una comunidad y después como enfermos con interés en la medicina si se curaban, reconoce que aún queda mucho por trabajar para lograr una mirada que los tenga en cuenta en diversos ámbitos, entre ellos el sexual. "Necesitamos una perspectiva que nos incluya de antemano, ya que estamos al mismo nivel", sostiene la mujer que convive con una discapacidad desde que nació y milita por los Derechos Humanos

Para la joven periodista que resulta un referente de las personas de su condición en la provincia, desde siempre la cultura infantilizó y asexuó a quienes tienen una discapacidad, negándoles el derecho de aceptar sus corporalidades, de tener sexo y hasta de reproducirse.

"Todos los cuerpos, todas las diversidades existimos y tenemos una sexualidad y aquellos que no la tienen es porque no cuentan con la información, pero de a poco está empezando a circular", advierte. 

Al hablar de sexualidad, aclara que no sólo se refiere al acto sexual en sí sino a todo lo que rodea el conocimiento y la aceptación de los cuerpos. En ese punto, señala que durante mucho tiempo se creyó que las mujeres con discapacidad dependían únicamente de otro y ese otro -un representante legal- tenía el poder de tomar decisiones por encima de ellas, como por ejemplo decidir que no se puedan reproducir y someterlas a una operación sin su consentimiento. Hoy, gracias a la modificación de la Ley 26.130 ese atropello ya no es posible. 

Las claves del sexo con un otro

Emilse cuenta que lleva 9 años en pareja con un hombre que no tiene una discapacidad como ella y por ello le son naturales las relaciones sexo afectivas. Admite que son múltiples los prejuicios que rondan a una persona con discapacidad, no sólo para quienes entablan un vínculo íntimo sino para los amigos y demás integrantes del entorno. "La posibilidad de relacionarse con otro tiene que ver con desdramatizar la situación y sacarle el velo de lo negativo", indica. 

Acorde su propia experiencia, la comunicación (también el respeto) con el otro desde un principio es clave. "Fijate que me vas a tener que ayudar, que si salimos nos van a mirar y -llegado el caso de intimar- te explico cómo se hace", todas esas son conversaciones que se tienen que dar, asevera y agrega:

"Cómo hacés para superar cualquier temor, básicamente, comunicación porque donde hay discapacidad no hay un problema, sino una situación".

"Entendernos como deseantes y sujetos de deseo es fundamental", advierte. 

El "¿cómo hacés?" nace en el morbo

Esa es una de las preguntas habituales con las que las personas con discapacidad se encuentran, cuando la curiosidad de otros y el morbo se despiertan. Frente a ello, Emilse invierte la cuestión y enuncia: "¿Cómo hacés vos?".

Aunque filosa, su respuesta tiene como finalidad hacer entender que no hay nada espectacular en el sexo con una persona con discapacidad. "Básicamente hacemos lo mismo que los demás", dice. 

De todos modos, sostiene que las personas con discapacidad tienen que generar la confianza en otros para que se animen a preguntar y para que el tema sea tratado, ya que social y culturalmente, el sexo y la discapacidad están divorciados. "Son polos opuestos a nivel social y por eso la gente tiene miedo a preguntar y se va a sentir incómoda al hacerlo", asevera. 

Cómo se atraviesa la adolescencia

Con el paso del tiempo, la protagonista de 30 años confiesa haber sido una privilegiada de joven porque nunca tuvo una limitación por su condición de parte de su familia y tuvo una adolescencia como la de los demás, en la que salió a bailar cada vez que quiso y sociabilizó sin el impedimento de cualquier prejuicio. 

Recuerda que en aquellos tiempos de autoconocimiento surgió la necesidad de querer gustar, primero en el espejo y después al otro. Lamentablemente, por la connotación negativa de la discapacidad, reconoce que tenía una idea errónea en su cabeza, ya que creía que a los chicos no les iba a gustar de entrada por la silla de ruedas. Pensaba que si llegaban a conocerla, podría resultar interesante al punto de gustarle.

Para su fortuna, ese pensamiento duró hasta que las personas con las que se relacionó le cuestionaron ese discurso. "Y a vos quién te dijo que no sos atractiva?", le retrucaron. "Nos pusieron ese chip que nos hacía creer que no éramos atractivos. Me decían que algún día iba a conocer un chico bueno, no lindo, que me quisiera y que estuviera conmigo, pero como haciéndome un favor. No eligiéndome desde lo estrictamente atractivo", detalla. 

También, señala que la exploración y aceptación de la corporalidad es clave. Es que a priori es importante asumirse como tal para luego interactuar con otro en un plano más íntimo. 

Sin embargo, admite que no todas las personas con discapacidad han tenido la misma vivencia. "Todavía persiste la perspectiva que anula a la mujer con discapacidad como mujer, siempre es la eterna nena a la que hay que cuidar y en cierto caso tampoco puede elegir quién la cuida o acompaña", expresa. 

Qué puede hacer la sociedad para derribar tabúes

"Creo que es un trabajo entre todos y que no excluye a las personas con discapacidad. Tenemos que entender que ser diferente no es malo, sino que ser así es esencialmente lo que todos somos, no hay iguales", expresa y añade: "Qué hay de malo en que seamos distintos, hay una riqueza absoluta en que seamos diferentes. Pero hemos aprendido que si no entrás en X parámetro, estás mal". 

Por todo lo que le tocó atravesar, finalmente explica que entendió que no entrar en un parámetro es algo muy bueno. "Las personas con discapacidad somos personas y otro montón de cosas. La discapacidad no nos define en absoluto", argumenta. 

Para cerrar, Emilse concluye que el desafío de la sociedad para avanzar es reconocer que las personas con discapacidad no tienen el privilegio que otras sí tienen, por encima de ellas, y para cambiar esa realidad hay que garantizar los derechos para todos por igual, incluido el derecho a la libertad sexual. 

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