Un fotógrafo sanjuanino expone en Holanda

El trabajo fue publicado por Bex Magazine en el 2018 y está disponible online en español e inglés. La muestra incluye una selección de 40 fotografías.
martes, 12 de febrero de 2019 · 20:24

Entre marzo y abril del año 2017 Esteban Tapella y junto a Pablo Rodríguez-Bilella viajaron a Uganda.
Este país es conocido como La Perla de África y considerado uno de los mejores destinos turísticos del mundo, dado sus maravillosos paisajes naturales. Gracias a sus grandes superficies de agua, y tierra madre del torrentoso Nilo, Uganda cuenta con una de las mayores concentraciones de hipopótamos de África, además de colosales ejemplares de cocodrilos. Junto a más de trescientos mamíferos, la habitan también los “cinco grandes”: el elefante (de sabana y del bosque), el búfalo cafre, el rinoceronte blanco, el león y el leopardo. Más de la mitad de la población de aves de todo el continente africano puede ser avistada entre sus fronteras.

Sin embargo, no fue la belleza de sus paisajes ni su rica biodiversidad la que impulsó este proyecto de fotografía etnográfica por Uganda. La motivación central fue la de conocer a los Ik, una etnia ubicada al norte de Uganda, al límite con Sudán y Kenia. 

El pueblo IK es una de las etnias más enigmáticas de África del Este. También conocido como Teuso por sus vecinos, fue un grupo de cazadores-recolectores que fue nómada mientras pudo desplazarse regularmente en un ciclo anual entre las montañas Didinga de Sudán, el lago Rodolfo y las montañas Zingout en Kenia, y el valle de Kidepo en Uganda. Con la independencia de los países de la región (1950-1960), nuevos límites nacionales fueron definidos, y lo que era un amplio espacio de relativa libre circulación se contrajo con el cierre de las fronteras, dejando a los Ik confinados a un pequeño territorio en el noreste de Uganda. La creación del Parque Nacional del Valle de Kidepo, que se constituyó en un importante atractivo turístico del área, implicó la prohibición de caza en su interior. De ese modo, los Ik fueron forzados a una vida sedentaria en las montañas Murongole, obligados a adoptar un modo de vida agrícola en suelos poco fértiles y con limitado acceso al agua. El trabajo fotográfico que Esteban Tapella exhibirá en Holanda narra la historia de los IK, sus estrategias de vida y superación frente a severos condicionantes ambientales y políticos. 

-¿Cómo surge la posibilidad de esta muestra en Holanda? 
-Hubo una convocatoria para exhibir trabajos en la fotogalería del Instituto de Estudios Sociales de La Haya, un centro internacional al que convergen estudiantes y profesores de Europa y países en vías de desarrollo, principalmente de África, Asia y América Latina. El tema giraba en torno a las migraciones forzadas y pueblos que se ven obligados a desplazarse, incluso a desaparecer. Sentí que el trabajo con los IK podría ‘encajar’ en la convocatoria. A finales del año pasado me avisaron que mi trabajo fue uno de los tres elegidos para la exhibición en La Haya y Rotterdam durante el 2019. 
El trabajo que exhibiré en Holanda en estos días fue publicado por Bex Magazine en el 2018 y está disponible online en español e inglés. La muestra incluye una selección de 40 fotografías con las que abordo los modos de vida de los IK, uno de los grupos étnicos más desconocidos del planeta, incluso en Uganda. El viaje para documentar esta etnia lo realicé en el 2017, junto a mi colega y amigo Pablo Rodriguez-Bilella, doctor en sociología y profesor de antropología social de la UNSJ. Convivimos por una semana con los IK, aprendiendo de sus luchas y estrategias de sobrevivencia. La muestra es enteramente auspiciada y financiada por el International Institute of Social Studies. 

-¿Cuándo y por qué comenzaste con la fotografía?
Yo estudié ciencias sociales y me especialicé en ecología humana y desarrollo rural. Estos temas de trabajo me acercaron a realidades poco conocidas. Ahí apareció la fotografía, como una forma de documentar mi trabajo de campo. Con el tiempo mi interés por la fotografía etnográfica se transformó en una necesidad y parte importante de mi desarrollo personal y profesional. La siento un hobby también, pero de una manera que trasciende la idea de pasatiempo, quizás más como forma de expresión, de contar con imágenes lo que uno siente y vive en determinados momentos y lugares. 

-¿Por qué hacer fotografía de etnias?
Siento mucha curiosidad por las diferentes culturas y la gente. Siempre me gustó viajar, y por mi trabajo surgían viajes a lugares remotos que valía la pena documentar… Hace unos 12 años hice la primer muestra, ‘Tierra Adentro’, donde documentaba la vida de comunidades del norte de San Juan antes del desarrollo minero… Más allá de la muestra, ese trabajo me ayudó a definir un concepto y una búsqueda en mi trabajo fotográfico. Hoy diría que lo que más me interesa es poder contar historias, mostrar con la fuerza de la imagen aquellos lugares y aspectos de la realidad social muchas veces ‘invisibles’ o no valorados en su real dimensión. 
Intento que mis fotos hagan pensar, que interpelen a la gente. Los temas sobre los que he trabajado no sólo refieren a etnias o pueblos originarios, también a cuestiones sociales como las estrategias de vida campesina, la tenencia de la tierra, el saber popular, la mujer rural, la identidad. Valoro la capacidad de sobreponerse que tiene la gente humilde y, más que mostrar fotos sobre sus calamidades y pobrezas, elijo documentar aquellos aspectos que los dignifican, como sus luchas, sus alegrías, sus esperanzas. 
Para mi es importante un proyecto que profundice sobre un tema un tema que despierte la curiosidad del otro, que lo provoque a pensar. Tiene que ser un tema que me movilice. Luego intento entender la esencia de ese grupo, etnia o comunidad, para recién intentar hacer fotos que cuenten una historia. 

-¿Cómo elegís el tema sobre el cual hacer las fotos? 
Inicialmente era cuestión de hacer fotos de cosas que me llamaban la atención, un rostro, una casita, una iglesia o cualquier cosa que me resultara ‘fotogénica’. Con el tiempo fui descubriendo la importancia de un tema, una historia que contar.  Es decir, algo que supere la simple serie de fotos de un lugar y su gente. Así comencé a pensar en proyectos que dejen ver un posicionamiento ante la vida, una búsqueda interior, una provocación al diálogo. Por ejemplo, en el trabajo sobre los Pigmeos Baka, puse el énfasis en el fuerte vínculo y mutua dependencia entre ellos y la selva húmeda del África Central. Se podrían haber contado otras historias, pero esto me pareció lo más rico, por un lado porque evidencia que el ser humano puede vivir con casi nada en armonía con sus ecosistemas, y por otro lado, porque la expansión de la modernidad, incluso en África, está condicionando su propia existencia. Hay veces que uno identifica o construye el tema, otras que surgen de las propias comunidades o etnias. Yo estoy asociado a Photo Philantrophy y Visual Ethnography, que son entidades sin fines de lucro que apoyan voluntariamente a organizaciones locales en diferentes países de África, Asia y América Latina. En estos casos, hay organizaciones que te contactan para un proyecto ya definido. Ese es el caso de un trabajo que hice hace tres años en Nepal, en la zona del epicentro del terremoto. Ahí me contactó una ONG local para documenta la realidad de estas etnias cuando la ayuda internacional se retira, unos pocos meses después del terremoto. En este trabajo intenté dar cuenta de la tragedia del terremoto y el espíritu de superación de un pueblo por demás íntegro y profundo, pero también de la hipocresía de muchos organismos internacionales de ayuda que, mientras el tema fue noticia estuvieron ahí, pero luego se olvidaron y se fueron del lugar. 

-¿A qué otros lugares así por el estilo viajaste?
Entre el 2013 y 2014 hice un par de trabajos en el norte Argentino (‘Sal’ y ‘Mujeres rurales’), los que forman parte del libro ‘In The Empty Places’, editado por la Fundación ‘The Bantuan Coffee, cuya venta sirvió para recaudar fondos para ayudar a víctimas de prostitución infantil en Asia y África. En el 2014 hice mi primer viaje a África del Oeste, Camerún y El Congo, para conocer la etnia de los Pigmeos Baka. En el 2015 hice el segundo viaje a África, esta vez a Benín y Nigeria, para conocer y documentar tres etnias: El pueblo Holi, los Bororo y Ganvie. También el en 2015 viajé a Perú, y realicé un trabajo con comunidades campesinas de la provincia del Cusco. A finales del 2015 viajé a Nepal, donde realicé las fotos para el proyecto ‘Namasté’ que te mencioné anteriormente. Hay otros viajes, pero diría que estos son los más fuertes y emocionantes, sin contar este que exhibiré en Holanda, sin duda una de las experiencias más intensas que he vivido. 

-¿Cuál es el secreto para lograr este tipo de fotografías? 
-No sé si hay un secreto. Muchas veces la gente cree que lo más difícil es tener un equipo súper profesional o manejar la técnica a la perfección… Eso ayuda, pero no es la clave. Creo que lo más importante es lograr un vínculo, estar cerca de la gente. Hay que predisponerse a convivir con ellos, compartir el día a día en sus vidas. Esto puede sonar a sacrificio, pero no lo es. Los que hacemos fotografía documental lo hacemos porque nos apasiona. A mí me gusta estar un tiempo en el lugar, no tener prisa por ir a ningún sitio e integrarme. Me gustan las personas, sus vidas, sus experiencias y comunicarme con ellas, incluso en un rudimentario lenguaje de señas cuando no manejas el idioma. 
Otro aspecto difícil es conseguir la aceptación de las etnias. Muchos de estos pueblos han sido prácticamente exterminados -digamos- por la civilización occidental, por tanto desconfían. Hay que tomarse un tiempo para conocerlos, para conversar con ellos, para escuchar y comprender lo que ahí pasa. Si estás predispuesto a ciertas incomodidades, comida, clima, lugar donde dormir, etc. etc., se hace más fácil acercarse a ellos. Un gran maestro de la fotografía documental, Sebastiao Salgado, dice que  “cuando hemos sido aceptados, surge una suerte de diálogo donde ambos nos permitimos avanzar… Y cuando uno logra fundirse con el paisaje, con la situación, la construcción de la imagen acaba emergiendo ante tus ojos”. Siento que esta es la clave, sin duda lo más difícil en la fotografía de etnias. 
Me parece importante también poder conjugar el carácter documental de la fotografía con su aspecto artístico. Me gusta que mis imágenes tengan luz y color, que sean bonitas en su concepción aunque muchas veces retraten el sufrimiento ajeno. Por eso intento buscar la belleza en ellas para tratar de dignificar a sus protagonistas. Siento que, de algún modo, uno puede ayudar a las comunidades haciendo conocer su cultura, sus valores y no sólo sus necesidades y carencias. 

-¿Es esta tu primer exposición en Europa? 
-No, expuse otros trabajos con anterioridad. El trabajo “La economía descalza”, también en la fotogralería del Institute of Social Studies, La Haya, Países Bajos, en el 2010. El trabajo “África, un encuentro de Miradas”, como parte del Concurso Fotográfico “AFRÍCATE”, de la organización Pacto África, exposición que se hizo en el Centro Cultural de la Villa de San José de La Rinconada (Sevilla, España) y auspiciadas por la Caixa (2015). Participe de la muestra colectiva “The Bicycle and the Mankind”, que fue parte de un concurso internacional organizado por la Asociación cultural Aeneis, en Italia, 2018
 

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