Tres autores, uno jachallero y otros dos con fuertes raíces en el departamento, se pusieron a trabajar hace cuatro años para concretar una obra diferente: un libro con Huaco y Buenaventura Luna como protagonistas. Cada uno puso su impronta: José Casas, la historia; Carlos Semorile, la literatura; y Cristian Mallea su arte gráfico.
Tiempo de San Juan adelantó en 2016 que trabajaban en este proyecto, pero recién ahora el libro pudo ser impreso.
“Este trabajo nace de una de esas ideas que José Casas desparrama en su afán de hacedor, uno más de esos proyectos suyos que buscan plasmar un registro y dejar un testimonio de los pueblos del norte sanjuanino. Tratándose de Huaco, el corazón del libro nos remite, de modo ineludible, a los escritos de Eusebio Dojorti y a jirones de su vida en la tierra que amó como a ninguna otra. Y también, claro, a la figura de Buenaventura Luna y a la veneración que permanentemente le rinde el memorioso pueblo huaqueño a su Poeta”, dijo Semorile, escritor y nieto de Don Buena.
Los tres trabajaron con el mismo foco: honrar la memoria de una manera digna y perdurable. “El libro de Huaco, como le llamamos durante ese período, nos reunió a Cristian Mallea, a José Casas y a un servidor, hermanados en el amor a la poética de Luna. No es la primera vez que sucede, y seguramente no será la última: todas aquellas personas que han tenido en sus manos los papeles de Dojorti, han realizado una amorosa tarea que dio como resultado obras singulares, memorables y bellas”.
Para Semorile el resultado es producto del influjo de Buenaventura Luna, que “provoca un efecto fraterno que hace de puente, amplía horizontes y despabila amores. Hay fraternidad en torno a su poesía y alrededor de sus canciones, y la hay también respecto a sus ideas sobre los hombres y mujeres humildes del país argentino. Y estas fraternidades diversas devienen en un mismo amor por la tierra, por su historia, por su gente, por su idioma, por su filosofía y por su canto. Por el pueblo irredento, por sus aspiraciones, sus creencias y su fe”.
Y agregó que, así hermanados por Eusebio Dojorti han transitado un camino dichoso “para homenajear a esta tierra huaqueña que nos provoca una emoción trascendente porque fue nombrada, fue narrada y fue cantada con las más hermosas palabras. La formidable belleza natural del Vallecito es obra del Creador, pero resuena en las almas gracias a un lenguaje exquisito que se elevó desde su mismo suelo hasta alcanzar la cumbre de su esplendor. No habitamos este suelo consagrado, pero sin dudas tenemos el corazón afincado en Huaco”.