Pequeños milagros, al menos 8, crearon un resultado impresionante. El gran estallido del taller de GNC en Trinidad, un caso sin precedentes, afortunadamente no terminó en tragedia, ya que no hubo que lamentar víctimas fatales.
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEPequeños milagros, al menos 8, crearon un resultado impresionante. El gran estallido del taller de GNC en Trinidad, un caso sin precedentes, afortunadamente no terminó en tragedia, ya que no hubo que lamentar víctimas fatales.
Hay dos operarios del taller Esigas que están internados en estado grave por las quemaduras que sufrieron y el impacto de la explosión. Uno se llama Cristian Castro (34), técnico electromecánico, tiene quemaduras en el 45 por ciento del cuerpo y están en el hospital Marcial Quiroga. El otro es Fernando David Suárez (43), ingeniero electromecánico y está internado en una clínica privada.
A juzgar por cómo voló en pedazos el techo del taller ubicado en el Lateral de Circunvalación y Mendoza, en Trinidad, y por la rotura de vidrios de casas y negocios por la onda expansiva a cientos de metros, es un milagro que no se hayan producido víctimas fatales.
Pero lo que más llamó la atención es una sucesión de hechos que se produjeron con los alumnos y padres del Colegio Santo Tomás de Aquino que evitaron un número mayor de víctimas.
SALITA DE 4
Tal vez el más milagroso de todos fue lo que pasó con los niños de una de las salitas de 4 años del Nivel Inicial del Colegio Santo Tomás de Aquino.
Para ese día miércoles 3 de mayo habían organizado una exposición gimnástica en el patio que está pegado al taller donde se produjo la explosión. Sólo una pared los separa.
Un dato no menor para la gente de fe católica: en lo alto de esa pared es exactamente donde está la imagen de solo unos 15 centímetros de altura de la virgen Medalla Milagrosa que un profe de educación física puso hace años, la cual no sufrió daños y quedó de pie a pesar de que toda la pesada estructura del techo de lata voló en pedazos.
La explosión fue el miércoles, minutos antes de las 10 de la mañana. Justo ese día la profe de educación física que iba a dirigir la exposición gimnástica de los pequeños no asistió a clases por razones de salud, confirmó una autoridad del colegio.
Por ese motivo los niños quedaron en el interior del aula. Fue un milagro: en donde iban exhibir lo aprendido en gimnasia, con la asistencia de sus padres, quienes habían sido invitados, es donde cayeron los tramos del techo de lata que voló del taller ante la explosión.
Es muy posible que, de haberse concretado la exhibición gimnástica, los pequeños, sus padres o los docentes podría haber resultados lastimados.
LA PRECEPTORA
De hecho, la única persona del Colegio Santo Tomás que tuvo consecuencias con la explosión es una preceptora que en ese momento había salido de la Sala de Preceptores y caminaba por el patio. Ese patio está a unos 10 metros del lugar en el que los chicos de salita de 4 iban a realizar la exposición. Es decir, la preceptora estaba más lejos que el punto en el que iban a estar los niños.
Así y todo, esa preceptora sufrió un zumbido en los oídos por la explosión y está con atención médica.
Milagrosamente, a esa trabajadora del colegio tampoco la lastimaron los pedazos de metales que volaron desde taller por la explosión.
BIBLIOTECA VACÍA
Otro sector del colegio que está pegado al taller de la explosión es la biblioteca. También está separada por la pared medianera. Increíblemente, no había nadie en su interior.
Ése lugar es donde más fuerte se debe haber sentido la detonación y donde más fuerte debe haber pegado la onda expansiva.
Generalmente allí siempre suelen haber alumnos que están leyendo, o pidiendo o devolviendo un libro.
VIDRIOS LAMINADOS
En las casas y comercios de los alrededores se rompieron los vidrios de las ventanas y de las puertas, como consecuencia de la mecánica de la onda de la explosión que provocó al estallar el gas suelto en el ambiente del taller de GNC. Sin embargo, en el colegio Santo Tomás no hubo vidrios rotos.
Justo unos días antes de la explosión las autoridades habían sacado los vidrios comunes que quedaban y los habían cambiado por vidrios laminados, según confirmó una autoridad del colegio. En otros sectores habían sido reemplazados por policarbonato. El laminado y el policarbonato son más resistentes y no se caen de a pedazos cuando se rompen.
De esa manera, no hubo rotura de vidrios que, de haber estallado, de seguro que podrían haber lastimado a los alumnos o docentes en el interior de las aulas que a esa hora de la mañana del miércoles 3 de mayo estaban completas.
Tiempo de San Juan recorrió las instalaciones del Colegio Santo Tomás de Aquino y no se apreció que las aulas hayan sufrido daños por la explosión. Tampoco hubo, a primera vista, desprendimiento de ventiladores, luminarias o mampostería, desmintiendo supuestas publicaciones de algunos padres que hicieron públicas esas sospechas por las redes sociales.
RECREO
Pero la sucesión de pequeños milagros no termina ahí.
La explosión se produjo 10 minutos después de terminar uno de los recreos del colegio. Eso evitó que los estudiantes estuvieran en el patio, donde hubo efecto de la onda expansiva y donde cayeron trozos de materiales pesados.
HORA DE SALIDA
Y el efecto tiempo tuvo otro matiz positivo: la explosión se produjo a media mañana, en horarios de clases, lo que evitó la presencia de padres en el exterior del colegio.
Sucede que al horario de salida de los alumnos del colegio, entre las 12.30 y las 13 horas, el taller en el que se produjo la explosión siempre está trabajando. Por lo tanto, si la detonación se producía en ese horario, habría sido una tragedia: cualquiera que haya pasado por el lugar a esa hora sabe que suelen haber de dos a tres filas de autos sobre el Lateral de Circunvalación esperando a que los alumnos salgan de clases para retirarlos.
Además, muchos chicos caminan por la vereda del frente del taller para dirigirse a calle Mendoza a tomar el colectivo para regresar a sus hogares.
ZONA DE EVACUASIÓN
El tema del tránsito congestionado es un problema de vieja data para el Colegio Santo Tomás de Aquino.
Los padres buscan a sus hijos por el Lateral de Circunvalación, donde está el taller de la explosión, porque por calle General Acha el tránsito es tremendamente congestionado y es muy peligroso para los alumnos.
De hecho, en ese sector de General Acha y Sarasa, hay dos franjas de pianitos que las autoridades pusieron para hacer que los automovilistas bajen la velocidad a la hora de pasar por el frente del colegio.
Esa situación fue todo un dolor de cabeza a la hora de la explosión.
Es que el patio lindero con el taller del estallido es la zona que las autoridades del colegio tienen destinada para la evacuación en casos de emergencia, según precisaron sus autoridades.
Incluso, así lo han practicado con todo el personal del Santo Tomás de Aquino y hasta con los alumnos.
Pero al producirse la explosión en ese sector, todos debieron improvisar una zona de evacuación a la hora de sacar a los cientos de alumnos del edificio y ponerlos a salvo en un lugar seguro y alejado del incendio que generó el gas suelto en el ambiente.
Esa zona de evacuación improvisada terminó siendo la vereda de la transitada calle General Acha.
En un momento de tensión y confusión por el estallido, donde los automovilistas no sabían lo que pasaba, fue un milagro que algún vehículo no atropellara a uno de los niños del colegio.
POLICÍAS A METROS
En ese punto existió otro factor clave: la rápida intervención de la Policía.
Cien metros al Norte del Colegio Santo Tomás está la sede del Comando Radioeléctrico y de la Seccional Tercera de la Policía de San Juan.
Según autoridades de la escuela, a los pocos minutos de la explosión, el Jefe del Comando Radioeléctrico en persona estaba cortando y desviando el tránsito en el peligroso cruce vial de General Acha y Lateral de Circunvalación.
Fue una sucesión de ocho pequeños milagros que dieron como gran resultado que no se produjera la pérdida de una vida por la impresionante detonación que conmocionó a San Juan.
