A veintipico de kilómetros de la ciudad, el padre Andrés Riveros abre la puerta de la casa parroquial donde vive hace 2 años. Decoran las paredes guardas pampa, hay muebles de madera y, naturalmente, muchos cuadros religiosos. En una esquinita privilegiada alumbrada por un velador hay una estatua chiquitita, la del Cura Brochero, que será canonizado en octubre próximo. Enseguida a cualquiera que haya llegado sin conocer mucho se le ocurre que el padre Andrés, que anda a caballo y suele usar poncho, es también un cura gaucho, pero los vínculos con el casi santo cordobés van mucho más allá de la apariencia criolla.
Uno se siente como en casa con el padre Andrés que tiene 36 de edad y 8 de sacerdocio. Entre mate y mate se descubre la calco en el termo de acero inoxidable con la figura que de aquí en más se repetirá mucho. En el templo está, dos veces hecha imagen religiosa, el Brocherito al que los angaqueros le rezan con un fervor pocas veces visto.
No es la moda brocheriana que anda por estos días, previos a la santificación y tras conocerse que uno de los milagros por los que el curita cordobés será santo lo protagoniza Camila, un caso de ribetes espectaculares que tuvo en vilo a los sanjuaninos por varios años, desde que casi muere por una golpiza en octubre de 2013.
Curioso es que ese mismo mes de ese mismo año, la imagen de Brochero fue entronizada en la parroquia Nuestra Señora del Carmen. Lo de los angaqueros es parte de una fe completa y genuina ganada por el beato cordobés, que tiene miles de fieles en todo San Juan y millones en el mundo.
"El más brocheriano”
En eso anda el Padre Andrés. Dicen los que lo conocen que es "el más brocheriano” de los sacerdotes sanjuaninos, pero a él no le gustan los rótulos. No obstante, disimula poco la inspiración que halló en Brochero. Y lanza dos palabras que definen su labor pastoral: Apertura y Cercanía, así con mayúsculas, un legado brocheriano.
Sigue con el mate y cuenta que hace poco se armó en Angaco un grupo de hombres que se juntan los martes por la noche, donde reportan integrantes variopintos, como el médico del pueblo, el bodeguero, el peón de la estancia y el cura también, con la idea de hacer algún bien por la comunidad. Ahora, por ejemplo, están buscando hacer el patio de juegos del comedor parroquial.
El padre Andrés está convencido de que hay una bondad humana que no necesita asistencia perfecta en la misa de los domingos para ser tenida en cuenta. A él le gusta acercar esas almas y otras no tan claras al templo,y muchas veces tiene éxito, hablándoles de par a par. Cuenta que muchos de los que iban a la misa no eran casados y que él les propuso casarse sin pompas, en el horario que gusten. Algunos le hicieron caso y el cura está más que contento, aunque tenga que oficiar ceremonias a medianoche.
Por estos días está chateando por whatsapp con un grupo de universitarios que lo contactó para hacer algo por los angaqueritos para el Día del Niño. No sabe quiénes son estos chicos pero hace días que recibe cientos de mensajitos proponiendo actividades y él se prende en la movida sin preguntar mucho, regocijado con tanto entusiasmo de los estudiantes.
Con la comunidad del colegio parroquial, del cual es representante legal, se maneja también cercano. La institución concentra cuatro niveles, por lo que asisten alrededor de 1.000 alumnos, entre chicos y grandes. Una cifra importante para un pueblo de 8.000 habitantes. "Debemos ser el colegio que menos cuota cobra en Cuyo”, dice el párroco. Ahí hay lugar para todos, incluso para un chico travesti que es de los mejores estudiantes. Apertura y Cercanía, recuerda Riveros.
La fe a campo traviesa
Apenas se ordenó sacerdote, al padre Andrés le tocó la Catedral para iniciarse, a la par que trabajó en el colegio de la Universidad Católica y en el Colegio La Inmaculada. Y luego vino una seguidilla de destinos rurales: Alto de Sierra en Santa Lucía, Jáchal, Albardón y ahora Angaco. "La experiencia que he tenido con toda la gente de la ciudad ha sido maravillosa, he podido descubrir corazones sumamente generosos, pero acá en los pueblos uno reconoce al otro y el otro te reconoce. En la ciudad, caminamos como extraños, y eso cambia todo. Acá saludo a Juan, a Marta, a gente que reconozco. Lo desconocido suele ser amenazante. Acá la gente llega y deja las bicicletas tiradas en la puerta de la Iglesia. En la misa le doy la bienvenida uno por uno. Entonces estás en un lugar que es tuyo”, apunta.
Todos los días 19, en el paradisíaco distrito El Bosque, disfruta de encabezar la misa que se hace con cientos de seguidores de San Expedito en una capillita soñada, donde la gente va a orar hasta que cae el sol.
"Estoy para todos”
"Cuantas veces quieran...estoy para TODOS. (Cura BROCHERO)”, dice la frase de whatsapp que eligió el padre Andrés para su presentación telefónica. La disponibilidad no es sólo un lema para este joven sacerdote nacido en Concepción que fue a la Escuela Industrial y que quería ser médico. Militó en la Acción Católica y a los 18 decidió consagrarse a la fe: "uno tiene etapas de crisis pero nunca tuve dudas de mi vocación”, dice.
Lo de Brochero le nace bien de adentro. Cuando estuvo en Albardón, el padre Andrés fue uno de los iniciadores del oratorio que está en medio de la nada, en la zona de La Laja y El Salado, y que reúne decenas de fieles. "En torno a la beatificación de Brochero se buscó la posibilidad de que estuviese en un lugar, pedimos espacio en la finca El Salado en el camino viejo a Mogna. Es un camino que transitan muchos gauchos, muchos peregrinos, entonces queríamos que se encomendaran a Brochero, que tuvieran su amparo por 90 kilómetros por el desierto”, apunta.
Allí, al lado del cerro, cuenta el cura que se levantó con unos adobes que estaban desde el terremoto un ranchito con techo de paja, donde se entronizó una imagen brocheriana que él y otros colaboradores trajeron desde Córdoba. El lugar creció al ritmo de la fe por el beato cordobés y ahora todos los cuartos domingos de cada mes no cabe un alfiler, a los que se suma gran cantidad de peregrinos diarios. "Éramos un puñado y ahora a las misas mensuales van entre 500 y 1000 personas”, cuenta.
Luego en Angaco, como párroco de Nuestra Señora del Carmen, el padre Andrés siguió cerca de Brochero, cuya devoción fue creciendo a pasos agigantados desde 2012 cuando fue beatificado. Hay imágenes del curita gaucho en parroquias de varios distritos como Rivadavia, Ulllum y Mogna, pero las sedes albardonera y angaquera son de las más convocantes.
Al joven párroco le hacen chistes con que es guía turístico. Es porque este año, en pos de la evangelización plena, organizó viajes de familias completas a Córdoba, por los cuales 300 angaqueros conocen "de pe a pa” la historia de Brochero in situ.
"Para mí el lugar emblemático de Brochero es donde él muere. Muere pobre, muere solo, leproso y ciego. Pero había dejado un pueblo fervoroso, que buscaba a Dios. El hombre fue un puente donde los hombres atravesaron. Los personalismos no son buenos”, analiza el padre Andrés.
Riveros integra una agrupación gaucha que tiene como misión mantener la capillita de La Laja, haciendo la limpieza del predio, un grupo de laicos y él, todos a caballo. Siendo grande, ya sacerdote, al padre Andrés le regalaron un animal con pinta de percherón que lo acompaña en ambiciosas cabalgatas y tranquilos paseos semanales. Lo bautizó "Malacara”, como se llamaba la mula de Brochero.