Cuarenta y tres ranchitos, uno al lado del otro, muy precarios forman parte del asentamiento "La Martita”. En este asentamiento, entre las casi 50 familias, viven María y Silvia, dos mujeres a las que apenas una casa las separa pero que comparten una historia en común. Por la difícil situación económica que María atraviesa decidió pedirle a su vecina Silvia Astorga que la ayudara con la crianza de su hijo Ezequiel, el más pequeño de los tres que tiene la joven madre.
El acto de amor que Silvia hizo por el pequeño se convirtió en un escándalo. Terminó con la intervención de la Jueza María Julia Camus quién decidió quitarle no sólo a Ezequiel sino a las otras dos hijas de la joven madre.
Si bien la situación económica de Silvia no es muy distinta a la de la madre de Ezequiel, no dudó un segundo en aceptar ayudar a su vecina. Silvia tiene siete hijos de entre diez y veinte años, uno de ellos Franco (20) falleció ahogado en el canal Céspedes hace seis meses.
Desde ese momento Silvia transita sus días con pesar, sin poder olvidar la tragedia por la que atravesó su familia. Es por eso, que Ezequiel fue, el único día que estuvo bajo el cuidado de la familia Astorga, un rayito de luz entre tanta oscuridad.
A pesar de su humilde condición, Silvia pudo sacar adelante a sus hijos. Es ama de casa y su marido obrero de la construcción. "Somos humildes pero siempre supimos salir adelante”, comentó Silvia.
"Cuando María llegó al asentamiento, hace aproximadamente tres meses, luego de pasar por distintos hogares por problemas con su ex marido, yo pude observar que necesitaba ayuda. En muchas ocasiones ella tenía que salir y Eze junto a sus hermanas de 5 y 3 años andaban solitos por la calle. En varias oportunidades yo me ofrecí a cuidar del pequeño pero siempre dejándole en claro que ella seguiría siendo su mamá y podría velo cuantas veces quisiera, de hecho nos separa una casa”, comentó entristecida por la situación en entrevista con Tiempo de San Juan.
Si bien la joven madre de veinticuatro años nunca quiso aceptar que su hijo creciera en otra familia, la difícil situación económica y humanitaria que atraviesa desde hace un tiempo la fueron obligando a cambiar de parecer.
El domingo pasado cerca de las 22hs. una vecina me golpea la puerta y me avisa que Ezequiel estaba afuera caminando solito. El pequeño de tan sólo un año y medio se había quedado solo durmiendo en su humilde ranchito de caña y barro. Se despertó y salió a la calle en busca de su madre que había salido.
"Decidí traerlo a mi casa darle una mamadera de leche y abrigarlo porque se había mojado. Cuando su mamá llegó se lo entregué y le volví a repetir la propuesta a la que nuevamente no accedió”, agregó.
Al otro día, el lunes por la mañana, cuando Silvia tomaba mates en el frente de su casa con los vecinos como lo hace todos los días apareció María con el pequeño en brazos para entregárselo para que lo cuidara.
"Lo recibí con mucho amor, ahí no más lo lleve a cortar el pelo, lo bañé y le prepare su camita. Jugamos todo el día”. Con cariño Silvia preparó una cama de una plaza al lado de su cama matrimonial para que el pequeño durmiera a su lado.
"Decidí llevarlo al centro de salud para que le hagan un control médico, quería saber cómo estaba de peso y si tenía todas las vacunas. Allí la Asistente Social se dio cuenta que yo no era la mamá biológica y se armó todo esto. Yo sólo quería ayudar y todo lo que hice fue por el niño”, comentó al borde de las lágrimas.
A María no solo le quitaron a Ezequiel, sino también a sus otras dos hijas. Los tres fueron llevados a un hogar hasta que se resuelva la situación.
En el humilde hogar de la familia Astorga aún quedan juguetes y ropita del bebé, ya que esperan poder hacer los trámites legales para quedarse con la tenencia del niño.