A MÍ ME PARECE

Yo juego Pokemon Go, vengan de a uno

Les hablo a los que odian el juego, pero no paran de hablar de él. Estoy con los jugadores y los padres que dejan que sus hijos lo jueguen, vengo a decir que ando cazando pokemones. ¿Y?. Por Carolina Putelli.
miércoles, 10 de agosto de 2016 · 10:12
 Algunos datos a tener en cuenta antes de leer la nota y comentar:

-Sí, tengo trabajo. No voy a ir a repartir currículums. 
-Sí, tengo una vida, pareja y amigos. Gracias por preocuparse. 
-No, no juego todo el día, como mucho invierto media hora en total.

Ahora sí vamos a lo nuestro. Pokemon Go fue el suceso tecno del año, sin lugar a dudas. Quedó demostrado por todos los récords que rompió desde su aparición y por las opiniones que generó. Pero en las charlas, medios y redes sociales se convirtió en algo normal que todos los comentarios exploten de odio ante esta aplicación y yo, como jugadora confesa, quiero tomarme un tiempo para preguntarles: ¿Por qué? ¿Qué les pasa?

Desde que la app conoció la luz empezó a circular una catarata de insultos contra los que juegan con la aplicación, con reacciones muy desproporcionadas si las comparamos con las que generaron otras como Twitter, Facebook, Tinder, Instagram y miles más.

Hay una respuesta de la sociología para esto, llamada polarización de grupo, pero no es tan entretenida como desglosar, pedacito a pedacito, el odio profundo de los lectores que desean que todos los jugadores de Pokemon Go sufran robos y desgracias porque se lo merecen. ¿Muy exagerado? Les dejamos dos comentarios  de lectores de Tiempo de San Juan en una nota sobre un papá y una nena de San Juan haciendo una broma con un Charmander.
 

Este lector derrapó, y en mayúsculas, para demostrar que está muy enojado.

Nos da un poco de vergüenza ajena este comentario, pero sirve para ilustrar.



Una de las principales razones para odiar a los jugadores es que, según los comentarios, quienes juegan están perdiendo el tiempo. Pero la aplicación se puede usar sólo cuando están en movimiento, por lo que el tiempo a "desperdiciar” está limitado a los momentos en los que el usuario puede salir a caminar, por ejemplo yendo al trabajo o a repartir currículos, como muchos proponen. Si uno observa atentamente a quienes transitan por ahí, el 90 % lleva sus celulares en la mano y la mayoría no por Pokemon Go, sino por Twitter, Facebook, Whatsapp o lo que sea. Che, ¿y por qué no se las agarran con esos también?

Para sorpresa de quienes dicen que los jugadores nos vamos a matar por ir pendientes del teléfono, no necesito hacerlo. Podría, pero la app vibra cuando uno encuentra un pokemon y los puntos de interés los veo con cuadras de anticipación, con llevarlo en la mano o el bolsillo es suficiente. Mientras, veo como algunos por escribir un mensaje de texto pueden ir durante cuadras mirando las pantallas, eso sin contar quienes lo hacen manejando un vehículo.

En esos casos parece que a nadie le importa que las eventuales víctimas sean peatones, motociclistas o conductores. Pero… como no hay pokemones involucrados… nadie dice nada. 

Otro de los argumentos es la obligación de madurar que nos enrostran quienes no juegan. Pareciera que Pokemon Go es súper inmaduro y el Candy Crash, por ejemplo, fuera física nuclear. A ver si entienden: SON ENTRETENIMIENTOS IGUALES!!!
 
 
Si lo criticable es que la temática viene de un dibujo animado de los ’90, podemos incluir en la discusión películas como Transformers, Stars Wars, o las versiones para smartphone de los juegos de Atari. 


 

Este lector tiene el medidor de madurez y a los que nos gusta Pokemón parece que no nos fue bien.




Sobre la falta de confidencialidad que implica este juego que usa el GPS, es válido aclarar que no es la única app que lo hace. Facebook nos pide nuestra ubicación e incluso la publica en nuestro perfil. La privacidad tiene límites muy difusos en la actualidad y cualquier aplicación para el teléfono o la computadora pueden entregar más información de la que queremos. Decidir cuánta información queremos entregarle a empresas como Google es algo que nos tenemos que preguntar cada vez que usamos las redes sociales.

Y, para cerrar, el argumento último de los anti pokemon: les van a robar el teléfono a todos. Porque claro, el robo de teléfonos es algo que ocurrió nunca en las paradas de los micros, cuando los chicos o las mujeres caminan por las calles… o que pasaba muy poco y sólo ahora, con chicos que vean sus teléfonos a cada rato los ladris se despertaron y salieron a chorear.

El amor – odio a Pokemon Go no tiene nada que ver con la aplicación. No es más ni menos inseguridades que ya existían, no estupidiza a las personas. La tendencia a manejar, caminar o vivir enajenado con un teléfono es una materia prima que ya existe en las personas. Incluso no es el primer juego de realidad aumentada, hay otro que cientos de personas ya jugaban en San Juan desde 2014 y el mundo no se terminó.

Por eso es que no tengo problemas en decir que juego, lo voy a hacer mientras me divierta y siempre intentando no correr riesgos. Quienes no estén de acuerdo, vengan de a uno, o de a muchos. Yo ando por ahí, cazando pokemones.


 Por último, lo único que queda decir es: vamo’ a calmarno’. 

 

 

 

 

 

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